Rafa Nadal, una utopía hecha realidad

El balear se convierte en el primer tenista en conquistar doce veces el mismo «grand slam»


colpisa

En 1972 Margaret Court levantaba su último Abierto de Australia. Era el número once en su palmarés. Había logrado siete consecutivos en el país oceánico y establecía un récord que, a medio camino entre la era Open y la etapa amateur del deporte de la raqueta, amenazaba con no romperse nunca.

En 1990 Martina Navratilova sumaba su noveno Wimbledon en el All England Club. Nadie había conquistado tantos en Londres. Novak Djokovic tiene siete torneos en Australia, Pete Sampras cinco en Nueva York y Roger Federer, ocho en Wimbledon. Solo una persona, un chico de Manacor, ha dejado todos esos registros atrás y se ha convertido en el primer tenista de la historia en ganar en doce ocasiones un mismo torneo de grand slam. No podía ser otro que Roland Garros.

Una utopía hecha realidad. Un imposible dibujado sobre un pergamino de leyenda, una historia que de no haberla visto repetida cada año en televisión parecería imposible de creer. Nadal tiene doce Roland Garros y parece imposible que alguien aspire a superarle.

Probablemente se pensara lo mismo cuando Court, hace más de 40 años, añadía el undécimo Australian Open a su palmarés, pero el idilio del balear con la capital parisina es algo irrepetible. La diferencia con el resto es tal que ya dobla en Roland Garros a su más inmediato perseguidor, Bjorn Borg, quien tiene seis y se retiró en 1984.

La diferencia es tal que solo cuatro tenistas en la historia han conseguido más de doce grand slam, sumando los cuatro grandes: Sampras (14), Djokovic (15), Nadal (18) y Federer (20). El español, solo en Francia, tiene más grandes que Borg (11), Ivan Lendl (8), Jimmy Connors (8), André Agassi (8), John McEnroe (7) y Rod Laver (11), quien le entregó la Copa de los Mosqueteros este domingo al derrotar a Dominic Thiem.

Una utopía hecha realidad que permite soñar y reabrir el debate y la cábala de si alcanzará los 20 grand slam de Roger Federer. Por primera vez está a solo dos del suizo, quien a sus 37 años y, pese a las sorprendentes semifinales en París, cada día que pasa está más lejos de reeditar un grande. Quizás el torneo de Wimbledon de este año sea una de sus últimas oportunidades de ampliar ese margen con el balear.

La locura de los quince

Guga Kuerten, tres veces campeón en Roland Garros, todas ellas antes de la aparición de Nadal, predijo hace tres años que el español alzaría quince entorchados al cielo de París. Quince copas que fueron catalogadas como locura, por los problemas físicos de Nadal y por el supuesto empuje de una nueva generación que nunca llegó a concretarse.

Y es que por mucho que a lo largo de los años se le haya puesto fecha de caducidad, Nadal ha demostrado que mientras esté sano, París es su territorio. Lo proclaman los doce títulos en quince participaciones, las 93 victorias y dos únicas derrotas en el Bois de Boulogne y la leyenda que le ha catapultado, 15 años después del primer título ante Mariano Puerta, a seguir escribiendo su nombre en la Copa de los Mosqueteros. Es una utopía imposible, hecha realidad por Rafael Nadal Parera.

Rafa Nadal derrota a lo imposible y gana su duodécimo Roland Garros

Paulo Alonso

El español derrota a Thiem en una final espectacular y parece impensable que en el futuro un tenista supere su hito de París con un tenis personalísimo

Un deporte que ha dejado su huella en tres siglos diferentes, el tenis; ha regalado una variedad de figuras y estilos a lo largo de su historia. Solo en los últimos 50 años, marcaron una forma el juego de saque y red de Pete Sampras, la elegancia y la plasticidad de Roger Federer, la frialdad de Bjorn Borg, el carisma y el carácter volcánico de John McEnroe, la voracidad competitiva de Jimmy Connors, la fiabilidad y profesionalidad de Ivan Lendl, la potencia y el carácter atormentado de Andre Agassi... Y las siguientes décadas seguirán alimentando fenómenos. Pero muy probablemente no habrá otro como Rafa Nadal. Un jugador pletórico a sus 33 años, que roza lo inverosímil en varias de sus principales cualidades: por su fortaleza mental, por su análisis táctico, por su resistencia en la pista, por su potencia en los golpes, por su creación de efectos desconocidos hasta que llegó, por su superación ante las lesiones... Un compendio de sus virtudes le condujo este domingo, en una final maravillosa, a ganar su duodécimo Roland Garros.

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