Luis Enrique, Luis Rubiales, la lealtad y los valores


Luis Enrique pasó por la situación más difícil que puede vivir un padre: la cruel enfermedad de una hija con el desgraciado desenlace. Y, ante esta tesitura, adoptó una decisión que a cualquiera le hubiera gustado tomar: dejar el trabajo para pasar todo el tiempo del mundo con su pequeña. Noble postura la del asturiano.

Su prestigio profesional y su cuenta corriente se lo permitieron. Muchos, en su situación, tendrían que haber seguido yendo a trabajar. Pero Lucho no. Y no pidió un permiso retribuido. Renunció a su cargo. Sin condiciones. Más nobleza.

Tras esta plausible decisión, Rubiales nombró en junio a Robert Moreno como sustituto. También sin condiciones. Seleccionador hasta después de la Eurocopa. El catalán ve cumplido un sueño al alcance de pocos. Hace su trabajo, cumple y clasifica a España. Pero comete un error: sincerarse con su amigo en un encuentro informal en casa de este último.

Según la versión de Luis Enrique, antes de saber que él quería volver a trabajar, Moreno le confesó que deseaba ir al Europeo y que, después, estaba dispuesto a volver a ser su ayudante. Y ahí, siempre según Lucho, estuvieron la deslealtad y falta de valores de Moreno.

Sin embargo, al tipo que sí pone como ejemplo de valores a otro que lleva la Supercopa a un país que atenta contra los derechos humanos de las mujeres, no le parece una deslealtad robarle el sueño a su amigo.

El prestigio de Luis Enrique como técnico es tal que le hubiera permitido aguardar hasta julio antes de regresar al cargo que dejó sin condiciones. Hubiera dado un ejemplo de valores dejando a su amigo cumplir su contrato. Y, de paso, hubiera demostrado que la lealtad no es solo un gesto de ida, sino también de vuelta.

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