Roland Garros, el gel antes que el champán para Rafa Nadal

El escaso público presente en la Philippe Chatrier y los obligados protocolos no quitaron lustre a un triunfo que Nadal calificó de «incomparable»


Antes de que el virus comenzase a correr a sus anchas por el mundo, la nueva cubierta retráctil de la Philippe Chatrier apuntaba a ser la gran novedad del Roland Garros del 2020. Su sombra se dejo ver, pero en el octubre del decimotercer título de Nadal en París, las mascarillas, el gel hidroalcohólico y los protocolos anticontagio eclipsaron su protagonismo.

El torneo se esforzó en hacer pedagogía durante la ceremonia de entrega del trofeo. En la señal televisiva no se llegó a ver al balear sin mascarilla, lo que hizo temer por la ya clásica foto del tenista mordiendo la Copa de los Mosqueteros. Una imagen demasiado icónica como para que los fotógrafos se resignasen a prescindir de ella. Nadal posó también en el día de su gran récord. Insuperable, al menos, hasta el año que viene.

Roland Garros no es Wimbledon, pero París es París. Y entre tanta plata, tanto traje hecho a medida y tanto cocodrilo de Lacoste, un bote de gel es un elemento que chirría. Pero era lo que tocaba para que el trofeo viajase de mano en mano salvaguardando la salud de los tenistas y los millones del negocio.

Novak Djokovic, sentado en su silla, aplaudió sin demasiadas ganas la irrupción de Nicola Pietrangeli en la ceremonia y el vídeo preparado con algunas de sus jugadas, mito del Roland Garros sesentero. El serbio tenía motivos sobrados para estar desganado. No solo acababa de perder una final de grand slam, también estaba asistiendo a una demostración de prevención de contagio en un año en el que su inconsciencia frente al covid —además de sus declaraciones públicas posicionándose contra las vacunas— ha lacerado su imagen pública.

Con todo, y como casi siempre, Djokovic sacó su mejor versión felicitando al español. Reconoció su superioridad. «Eres el rey de la tierra y lo he sufrido en mis propias carnes», dijo con una sonrisa en un discurso breve, pero en el que dio tiempo a que, mientras comentaba lo duro que el coronavirus ha sido para todos, la mascarilla se le escurriese por la barbilla dejando fugazmente su nariz al descubierto. Un pecado en tiempos de pandemia, sobre todo si es televisado. Pero el serbio, que lucía la torre Eiffel en su protección, estuvo ágil para recolocársela.

Tras la elegancia en la derrota del número 1 del mundo, llegó Nadal a recoger su premio ante las 1.000 personas que pudieron presenciar su vigésima victoria en un torneo de grand slam. Desde el extremo de la plataforma montada para la ocasión, Nadal levantó la copa al cielo de París, que en realidad era la cubierta, por fin con protagonismo. La única gota que cayó en la pista salió de los ojos del campeón.

Nadal, emocionado: «Esta pista es la más importante de mi vida»

Rafa Nadal, como las estrellas de rock, sabe que su idilio con París y sus vecinos depende tanto de su papel sobre las tablas como de su relación con el público. El español dominó una vez más la escena, dando cariño —en inglés, pero también en francés— a la ciudad y al torneo. Por supuesto, había un guion, pero el 13 veces ganador de Roland Garros fue franco y el primerísimo primer plano que le dedicó la realización durante el himno recogió a sus lagrimales trabajando.

En su discurso, Nadal consideró «incomparable» con cualquier otro triunfo en su carrera el obtenido ayer. «Para mí, ganar aquí una vez más es algo que ni podía haber soñado. Este torneo es muy especial para mí. Esta pista es la más importante de mi vida. Nada es comparable para mí con ganar Roland Garros», aseguró el español.

Posteriormente, destacó que para ganar a Novak Djokovic por 6-0, 6-2 y 7-5 tuvo que jugar su «mejor partido del torneo y uno de los mejores» que ha jugado «en esta pista». Con el micrófono en la mano y el piloto automático de maestro de ceremonias encendido, deseó poder seguir enfrentándose al serbio «un par de temporadas más». Unas palabras sobre las que se podría especular si son atribuibles a sus planes de futuro o si se trata de una expresión sin mayor empaque.

Nadal reconoció en la Philippe Chatrier que cuando levantó su primer título en París en el 2005 no podía imaginar seguir jugando al tenis quince años más tarde «y menos aún ser competitivo».

Agradecido a París y a Roland Garros, Nadal no quiso ni entrar en la comparación obligada con Federer: «Para mí hoy lo más importante es este trofeo, ganar Roland Garros es lo que me hace más feliz. Cuando acabemos la carrera serán importantes esas cosas. Pero yo hago mi camino y mi felicidad no va a cambiar si tengo uno más o menos que Roger».

Djokovic: «Fue un partido muy duro para mí»

«Felicito a Rafa. Lo que estás haciendo en esta pista es increíble. No solo en esta pista sino durante toda tu carrera, eres un gran campeón». Con ese buen perder dio la enhorabuena Novak Djokovic a Rafa Nadal, dibujando, durante la ceremonia de entrega de galardones, una sonrisa en su cara que se pudo intuir bajo la mascarilla.

Contrastó su saber estar con el rictus que mostraba antes de que los trofeos comenzasen a desfilar de mano en mano. El tenista de Belgrado está cuajando una temporada de resultados fantásticos tras la pandemia pero que no se está materializando en títulos de grand slam —fue eliminado de Nueva York por un pelotazo a una jueza de línea—. La placa conmemorativa grabada en plata fue un suvenir amargo para el jugador balcánico.

Con todo, el número uno del mundo reconoció la superioridad de Nadal ayer con la ya célebre frase de «eres el rey de la tierra, lo sufrí en mis carnes».

No le faltó autocrítica a Nole: «Fue un partido muy duro para mí hoy. Obviamente no estoy contento con la manera en la que jugué pero fui anulado por un jugador mejor sobre la pista», apuntó. «Estoy contento por las dos semanas. Estamos en una situación complicada y estoy agradecido por poder jugar a tenis. Gracias a todos los que lo hacen posible», finalizó.

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