Un palmarés que no le hace justicia a Maradona

El Mundial es la guinda ante la ausencia de la Copa de Europa y el Balón de Oro


Maradona trasciende a lo terrenal. Por eso, su palmarés tiene que ser analizado de forma cualitativa, no cuantitativa. Es ahora cuando los ventajistas sacan la lista de los casi cuarenta títulos que Lionel Messi acredita en su trayectoria frente a la docena que permanecerán en el recuerdo vinculados al Diego de la Gente.

Sin embargo, los números son demasiado fríos aplicados a una actividad tan pasional como el fútbol. Y no menos intensa es la relación que mantiene el pueblo argentino con el deporte del balón. Por eso, en su tierra natal no hay duda: Maradona tiene mejor palmarés.

El joven Pelusa proyectaba un futuro espléndido cuando levantó su primer trofeo de entidad, el Mundial sub-20 celebrado en Japón en 1979. Llevó a la albiceleste a su primer campeonato juvenil, justo después de que el equipo nacional se estrenase en el absoluto un año antes, pero el máximo goleador fue Ramón Díaz.

Maradona ya se había consolidado en el campeonato nacional, en el que había debutado con 16 años y la camiseta de Argentinos Juniors. Fue pichichi antes de acudir a Japón y acabó ganando su única Liga argentina en 1981 con Boca Juniors.

Después, coincidiendo con el Mundial de España 82, cruzó el charco para enrolarse en el Barcelona, con el que firmó dos Copas, pero no pudo alzar el trofeo de Liga. Las lesiones graves marcaron esta etapa de dos años, con especial relevancia la provocada por la escalofriante patada de Andoni Goikoetxea precisamente, en una final copera. Fue el colmo de una mala época para él, aunque de España también se llevó una Copa de la Liga y una Supercopa. Peleado con la directiva, decidió fichar por el Nápoles.

Y es en este punto en el que el palmarés de Maradona adquiere otro cariz. Hasta la llegada de Diego Armando, el club apenas había ganado dos Copas en sesenta años de historia y llevaba una década de sequía. Con el 10, levantó las dos únicas ligas de sus vitrinas (que pudieron ser cuatro, porque se quedó a un paso de la gloria en dos ocasiones más, pero con el mérito de superar al Juventus de Platini, entre otros), otra Copa y la Copa de la UEFA. Nunca antes un equipo tan modesto llegó tan alto. Ni después. Todo por Maradona. Allí se forjó el mito. Le llevó siete temporadas y 259 partidos, en los que marcó 115 goles y regaló otros 78. El vínculo que se generó entre el futbolista y el pueblo es inquebrantable. Solo los escándalos (dopaje y juicios vinculados a las drogas incluidos) rompieron su relación con el fútbol italiano como estamento. No regresó.

Ya en el inicio de su despedida, Maradona regresó a España. Le esperaba el Sevilla de Bilardo («los de colorado son los nuestros»), pero los achaques físicos le impidieron volver a rendir como solía. Con todo, logró ocho goles en 29 partidos antes de jugar cinco más para colgar las botas en el Newell's Old Boys de su país. El astro argentino cerró su trayectoria como jugador de clubes con 312 goles en su haber.

Sin embargo, será recordado por muchos, napolitanos al margen, por haberle dado a Argentina el segundo Mundial de su historia, en México 86 (con dos goles para la historia, el de la mano de Dios y el eslalon a campo completo, ambos contra Argentina). Fue el pichichi y, oficialmente, el mejor jugador del torneo. Fueron sus actuaciones con la selección las que le incluyeron en el Olimpo balompédico, incluido la memorable Copa del Mundo de Italia 90, en la que pasó de héroe a villano por haber eliminado al anfitrión precisamente en San Paolo. Solo Alemania pudo con él en esa ocasión. Cuatro años más tarde, una suspensión por dopaje le apeó de Estados Unidos 94. Con la selección jugó 91 partidos y anotó 34 goles. También la entrenó (2008-2010) hasta los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica.

Desde que debutó en los banquillos en 1994 con el Mandiyú argentino, pasó por los del Racing Club, Al Wasl, Al Fujairah, Dorados de Sinaloa y Gimnasia, intentando un fútbol ofensivo. Para la historia quedarán dos lunares en su palmarés con forma de la Copa de Europa y del Balón de Oro. ¿Pero a quién le importa, tratándose de Maradona?

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