«Rusia es muy parecida a Asturias, incluso tienen frixuelos»

Aurelio Llaneza es el agregado del Ministerio de  Educación en Moscú, donde coordina toda una red de trabajo para fomentar el conocimiento de la lengua española en ese país. Destaca las similitudes entre la gastronomía de su tierra natal y la de su actual lugar de residencia

José Aurelio Llaneza Villanueva
José Aurelio Llaneza Villanueva

Redacción

A más de 4.000 kilómetros, todavía es posible disfrutar de un frixuelo. O, mejor dicho, la versión rusa del conocido plato asturiano. A pesar de la enorme distancia, Asturias cuenta con numerosos lazos con Rusia, incluso se puede considerar a la tierrina como la región española con mayor presencia cultural en ese país. Además de la gastronomía, que cuenta con una gran predilección por los cocidos y con el blinis (la versión rusa del frixuelo), los miles de niños que huyeron de España hacia Rusia durante la Guerra Civil, muchos de ellos asturianos, es otro factor que ayuda a comprender la influencia histórica de Asturias en el país eslavo. «Rusia se parece mucho más a Asturias que Estados Unidos», afirma José Aurelio Llaneza, agregado del Ministerio de Educación en Moscú. Su experiencia previa durante siete años como profesor visitante en la Universidad Estatal de San José, California, le permitió conocer la cultura americana y su forma de vida, muy alejada de la asturiana o rusa. «En Estados Unidos estás todo el día en el coche de un lado para otro, mientras que en Asturias o Rusia se suele caminar y hacer vida más en familia. Incluso en Moscú, siendo una ciudad tan grande, hay esa cultura familiar», explica.

Antes de su llegada a las frías tierras rusas, este mierense desarrolló una larga carrera educativa en el país norteamericano, primero como profesor visitante en la citada universidad californiana, de 1997 a 2004, y posteriormente como asesor técnico en la embajada española en Austin, Texas, de 2009 a 2014. Llaneza coordina en Moscú una gran red de trabajo relacionada con el fomento de la cultura española a través de la educación, mediante proyectos bilingües en diversos centros educativos rusos, además de firmar convenios con universidades del país. Antes de su segunda etapa en Estados Unidos, conoció en un viaje a España a la que es su mujer, y con la que tiene dos hijos. Estos tenían 6 y 8 años cuando la familia llegó a las frías tierras rusas, y su padre no sabía cómo iba a ser el proceso de aclimatación a su nuevo hogar, donde las temperaturas suelen caer en invierno a veinte grados bajo cero con facilidad. Su sorpresa llegó cuando sus dos retoños volvieron felices del colegio al ver tanta nieve junta por primera vez. «Ya habían visto la nieve antes, pero no tanta cantidad. Llegaron muy contentos», señala. 

El duro invierno ruso tiene un sobrenombre bien merecido: el «General Invierno». Su duración es de cinco meses, de noviembre hasta finales de marzo. Históricamente, este fenómeno meteorológico ha estado asociado a la defensa contra las invasiones extranjeras, como la de Napoleón o Hitler, y se caracteriza por sus temperaturas extremas y dificultades al transporte. Sin embargo, la población apenas sufre estas condiciones adversas, acostumbrada ya a conciliar su día a día con este gélido clima. «Las temperaturas suelen rondar los diez o quince grados bajo cero y ves a niños jugando en el parque. Muy abrigados, pero jugando al aire libre al fin y al cabo», explica este asturiano. Por ello, cuando llega el verano a Rusia la gente se echa a la calle sin dudarlo un momento. «Todo el mundo sale de casa a disfrutar del buen tiempo», apunta. El difícil clima ruso contrasta con el estadounidense o español, pero ya se encuentra acostumbrado a esta realidad. 

Además de su majestuosidad, «es una verdadera megaciudad», destaca la gran oferta cultural de la que dispone la capital rusa. Moscú cuenta con gran número de teatros, óperas y museos, y su imponente arquitectura es otro de los símbolos diferenciadores de esta urbe cosmopolita. El mierense considera que es un lugar que sorprende a todo el mundo que lo visita, y que recomienda encarecidamente visitar. José Aurelio Llaneza está encantado en su actual lugar de residencia, donde confirma que la cultura asturiana está muy presente, incluso «se puede comprar sidra en los supermercados», añade. Esta presencia astur comenzó con fuerza a raíz de la Guerra Civil, aunque su influencia se ha consolidado con el paso del tiempo hasta llegar la propia Universidad de Oviedo a cerrar acuerdos de colaboración con entidades educativas del país.

Los «niños de la guerra», el fútbol y las alianzas educativas 

España sufrió una sangría poblacional extrema durante la Guerra Civil. No solo fueron los fallecidos en el conflicto, sino todos los exiliados y emigrantes que huyeron del país en busca de una oportunidad de sobrevivir fuera de España. De entre todos estos supervivientes destacan los niños de la guerra que llegaron entonces a la Unión Soviética, muchos de ellos procedentes de Asturias. Sus testimonios siguen vigentes en sus descendientes que viven todavía en esas tierras, y cuyas experiencias viven en la memoria de quienes mantienen vivo el recuerdo de aquel exilio. De los 7.000 españoles que huyeron a la URSS, cerca de 3.000 fueron niños, y muchos de ellos permanecieron en el país soviético mientras el resto volvía a España.

Otro de los factores que más acerca países es el fútbol, y los dos principales equipos asturianos contaron en sus filas con reconocidos jugadores rusos. Los años 90 fueron especialmente recordados en la entidad rojiblanca por los fichajes de Nikiforov, Cherychev, Lediakhov, y Kosolapov, en una época donde el mercado español se abría a adquirir jugadores del exterior. En ese mismo período el Real Oviedo se hizo con los servicios de uno de los mejores centrales europeos que había, y estrella de la zaga rusa: Viktor Onopko. El hecho de que grandes figuras de Rusia decidieran hacer las maletas rumbo al Principado implica que ese país también descubra a través del fútbol la comunidad y, de una forma u otra, se generen estos vínculos entre Asturias y Rusia.

La Universidad de Oviedo ha sido la última protagonista del refuerzo de esos lazos culturales, ya que se convirtió en la socia fundadora de la alianza de universidades ruso-española. El propio rector de la entidad educativa ovetense, Santiago García Granda, firmó en Moscú el Memorando para la Creación de la Alianza entre Universidades Rusas y Españolas (AURE), cuyo objetivo principal es fortalecer e impulsar la cooperación en el ámbito de la educación académica, las investigaciones científicas y la internacionalización. 

No podía faltar a este nexo astur-ruso la gastronomía. Por su clima, la cocina de este país es muy similar a la asturiana en cuanto a su predilección por los platos de cuchara, como las sopas y los cocidos. Además, una de las creaciones culinarias más características de Rusia son los blinis, similar a los frixuelos que, como el conocido plato asturiano, se puede rellenar tanto de dulce como de salado. Aunque su grosor recuerda más a las tortitas americanas, suelen servir como base para distintos tipos de pescado ahumados como el salmón, mientras que su versión americana se suele degustar como desayuno, merienda o postre y casi siempre acompañado de algo dulce como chocolate, helado o sirope. Pese a la distancia, Asturias y Rusia mantienen unos lazos fuertes, debido a la guerra, al fútbol, la educación y los frixuelos.

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