Despedidas de soltero en Gijón: ¿se acabó la gran juerga?

Ciudadanos propone llevar a las ordenanzas medidas de control similares a las de otras ciudades destinatarias de este tipo de turismo en auge

Fotografía promocional de una de las empresas organizadoras de despedida de solteros en Gijón
Fotografía promocional de una de las empresas organizadoras de despedida de solteros en Gijón

Redacción

Las despedidas de soltero «proyectan una mala imagen» de Gijón, «interfieren negativamente en la vida de los gijoneses», generan «incidentes» y son «incompatibles» con el concepto de «turismo de calidad» por el que la ciudad debe apostar. Estos son los argumentos que ha esgrimido el concejal del Grupo Municipal de Ciudadanos en el ayuntamiento de Gijón, José Carlos Fernández Sarasola, para anunciar que propondrá «una serie de enmiendas» a la actual ordenanza de convivencia ciudadana -actualmente en trámites de modificación- para «evitar los excesos que se producen en algunas despedidas de solteros»: una petición que lleva hasta la palestra municipal un debate que, en Gijón como en otras ciudades receptoras de esta peculiar modalidad de turismo está en la calle. Máxime a raíz de recientes sucesos que han causado conmoción, como el del joven novio que se precipitó desde el hotel donde se alojaba tras una noche de despedida o el invitado a otra de ellas detenido por agresión sexual a la clienta de otro hotel.

La música de la petición de Fernández Sarasola empieza a sonar tan familiar como la propia barahúnda de las despedidas a lo ancho de toda España. Desde hace unos meses, ayuntamientos como los de Madrid, Salamanca, Logroño, Mojácar, Tarifa, Conil o Tossa de Mar han ido a dando a conocer diversas medidas para poner algún tipo de límites a una actividad con una demanda al alza y una contestación entre ciudadanos y hosteleros que corre pareja. Se calcula que el pasado año se celebraron más de 300.000 de estas citas festivas en todo el país: un tirón del que están sacando partido numerosas empresas especializadas en la organización de estos saraos -no hay más que echar un ojo a un buscador para comprobar la abundancia y variedad de la oferta-, pero que no siempre dejan los mismos beneficios en las ciudades que se esperan del turismo en general. De hecho, junto los vecinos de las zonas más afectadas en las ciudades de destino, una parte de los hosteleros se ha ido sumando al rechazo a las despedidas. Aseguran que ahuyentan a los clientes. Y, peor aún, en casos como el de Logroño, los sindicatos han llegado a denunciar cierres de establecimientos como consecuencia de ese repliegue de la clientela habitual lejos de las rutas de despedida.

La propuesta del representante municipal de Ciudadanos en Gijón resume la reacción que, ciudad tras ciudad, se ha ido encadenando en los últimos tiempos: «Es necesario tomar medidas para garantizar un adecuado comportamiento cívico de las personas que participan en las despedidas», señala Fernández Sarasola, para quien «no se trata de demonizar ni prohibir este tipo de eventos, pero sí tratar de garantizar comportamientos adecuados y respetuosos durante su celebración».

Más allá de los límites de uso de la vía pública y de la convivencia que ya recogen todas las ordenanzas municipales, el catálogo de refuerzos ha sido muy diverso, y ha hecho reaccionar por igual a gobiernos locales de todo el arco político. La plasmación de nuevas medidas en las ordenanzas no siempre está resultando fácil. A la ambigüedad en la descripción de las conductas perseguidas se suma el peligro de ordenancismo y de acabar metiendo el mismo saco licencias que tienen que ver, por ejemplo, con la celebración de un carnaval o una fiesta local. Hay quien ha tirado, no obstante, por ese camino, castigando con multas la presencia de «elementos obscenos» o «indecorosos», el «uso de megáfonos»... o incluso la circulación por las calles en bañador, lo cual da idea de hasta qué punto puede depender del contexto la aplicación de la norma. Respecto a las multas, oscilan entre los 100 y los 3.000 euros, y no solo se abaten sobre los celebrantes sino -en ciertas circunstancias de ciertos municipios- también sobre las empresas organizadoras.

Además de estos cambios en la normativa, Ciudadanos reclama «una mayor concienciación de las personas que participan en las despedidas», una «mayor presencia policial en las zonas de ocio nocturno para garantizar el cumplimiento de la normativa municipal» y «la colaboración de los hosteleros locales para poner coto a la excesiva proliferación y excesos de estos eventos». La segunda de esas medidas, el refuerzo en las fuerzas locales de seguridad, es otra de las que Gijón compartiría con sus predecesoras. En algunos casos, como en Logroño, se ha optado por efectivos no uniformados para la vigilancia y control. En otros, como en Tossa de Mar, incluso se ha creado una patrulla específica para hacer la recepción a los visitantes e informarles de una normativa que ha llegado, en la turística localidad gerundense, al extremo: la prohibición absoluta de despedidas de soltero a lo largo de todo el mes de agosto. 

«Creemos que en Gijón hay un amplio consenso sobre el modelo de turismo de calidad por el que debemos apostar y, este, desde luego, es incompatible con la celebración de despedidas descontroladas», concluye Fernández Sarasola. Queda la pregunta del millón: ¿es posible una despedida controlada? 

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