«Todos teníamos miedo de que los espectadores no respondiesen, pero han respondido»

El director del Festival Internacional de Cine de Gijón hace balance de su primera edición al frente del certamen y traza las primeras líneas para 2018

Alejandro Díaz Castaño
Alejandro Díaz Castaño

Gijón

El final de su primer Festival Internacional de Cine de Gijón como director dejó a Alejandro Díaz Castaño sin palabras. Literalmente. Una afonía persistente -y un cansancio comprensible después de nueve días sin tregua y con muy poco sueño- dejaron fuera de juego al director del FICX, que por fin ha podido reaparecer para hacer el balance de un certamen cuyas cifras han sido la mejor medicina en un año que se enfrentaba a no pocos retos e incertidumbres: más de 52.000 espectadores y una recaudación en taquilla al borde de los 130.000 euros que mejora en un 26 por ciento la del pasado año.

-¿Cómo se le ha quedado el cuerpo con este balance?

-El cuerpo sufre un poco porque la actividad es muy intensa, sobre todo si empiezas un festival algo tocado de salud como fue mi caso. Pero, en cuanto a resultados, muy contento; contento por el ambiente que se ha vivido y también por el feedback que nos han transmitido los invitados, que en general ha sido muy bueno. Todo el mundo estaba contento, con ganas de presentar la película, de asistir a las proyecciones. El ambiente en el CCAI por las mañanas y a mediodía ha sido muy bueno porque, al no poder hacer tantas proyecciones por las mañanas, se ha favorecido la asistencia a las exposiciones, presentaciones de libros, las jornadas de industrias, los Vermús del Toma 3… Por las tardes, es verdad que se dividía más la gente, pero al recorrer las sedes se veía un buen ambiente. Y sobre todo, por el público, por la afluencia de gente.

-Que finalmente ha respondido.

-Era un reto y una prueba de fuego para los espectadores también. Todos teníamos miedo de que la gente no respondiese. Y ha respondido. El servicio de lanzaderas ha funcionado aunque se tardase un poco en arrancar, porque al fin y al cabo había que pillar el punto al principio a una dinámica nueva y eso siempre cuesta. Además, sedes como Yelmo o la Laboral han funcionado muy bien para gente de fuera de Gijón: personas que no solían venir al Festival, y a las que ha animado a venir el hecho de tener las proyecciones en un lugar al que se llegaba perfectamente en tren o donde era fácil aparcar el coche.

 -¿Han notado afluencia de público de los barrios? ¿Se ha descentralizado también eso?

-Sí, especialmente en los Yelmo. Al centro, lógicamente, les costaba más trabajo acercarse, y se han volcado al ver que tenían el festival al lado de casa. Ha sido importante también haber recuperado el programa de mano con unos textos muy cuidados; una publicación que tiene una gran importancia en la afluencia de público. El periódico nos encanta, y ojalá podamos recuperarlo, pero había que elegir porque el presupuesto iba justo y no éramos conscientes de que fuera a haber este aumento de taquilla.

-Han tenido que hacer en medio año el trabajo de uno. ¿Qué se ha conseguido y a qué ha sido especialmente frustrante renunciar?

-Quizá lo más frustrante por esa falta del tiempo ha sido la imposibilidad de contar con algunas ayudas institucionales cuyos presupuestos ya estaban cerrados, y con las no se ha podido establecer la colaboración. Empezando en abril, ya llegábamos tarde a algunas de ellas. Y para algunos contenidos también: visitas de directores que queríamos que viniesen, por ejemplo, y que era ya imposible porque las agendas se cierran a un año vista, incluso más. Pero a pesar de eso hemos hecho un esfuerzo, y yo diría que incluso un sobreesfuerzo, y hablo también de Tito Rodríguez, con el que he trabajado fines de semana y sin vacaciones, y hablo del equipo del festival. Al final entre todos hemos hecho que no se notase tanto la falta de tiempo. Yo creo que la apariencia del programa realmente ha sido la de un programa hecho durante todo el año en cuanto a la cantidad de actividades. También teníamos nuestras dudas de hasta qué punto seríamos capaces de sacar adelante el apartado de industria en tan poco tiempo, pero creo que se ha conseguido un programa atractivo. Ha habido exposiciones, un programa de conciertos interesante… Pero claro, aunque eso no se note fuera, tú sí sabes internamente que ha habido algunas películas que querías y que se te han quedado fuera.

-¿Por ejemplo?

-La nueva película de Richard Linklater, que se presentó en el Festival de Nueva York y que finalmente no ha sido posible tener porque los plazos eran muy justos para ellos. Habían pasado muy pocos días desde el estreno en Nueva York, no tenían aún del todo clara su estrategia de distribución en Europa… Hay también películas españolas, y asturianas, que se han quedado fuera: material que llega un poco tarde, o que ya no puedes invitar por un riesgo de sobrecarga de ese ciclo o esa sección. Un overflow de pila, que decían los informáticos…

-Por seguir con símiles de la informática, este FICX ha venido a ser una demo de lujo, un festival de mínimos. Ahora, con tiempo y lo que se ha visto en el 55, ¿hacia dónde crecer para el 56?

-Me gustaría sobre todo seguir creciendo en la exclusividad de contenidos; tener, en la medida de lo posible, más estrenos importantes de cineastas de referencia y también de cineastas jóvenes que empiezan, en la línea del equilibrio que hemos tenido en las secciones competitivas. Quiero ser ambicioso en eso, por un lado. No diría tanto sobre aumentar contenidos; incluso se podía tener alguna película menos, no hace falta tener tantas. Se ha demostrado que funciona muy bien la rotación de contenidos entre las distintas sedes. Otra cosa es que dar un mejor servicio al público; ver dónde puede haber estado el fallo para esas colas -que son tan  espectaculares y que crean tan buena imagen- pero que hay que intentar evitar, seguramente con más personal de taquilla. También se puede mejorar el sistema de transporte entre salas, que ha funcionado bien gracias a Emtusa, pero que aún hay margen para mejorar.

-¿Y de puertas adentro?

-Es verdad que el equipo ha ido un poco al límite -algo que les agradezco- pero necesitamos reforzar alguno de los departamentos. La estructura se montó con poco tiempo, y el comité de selección ha funcionado bien pero tenemos que ver cómo organizarlo de forma más metódica este año. Hemos trabajado sin el tiempo suficiente como para pensar, haciendo la estructura sobre la marcha. Quizá no haya que obsesionarse tanto con el volumen de películas como con otro tipo de actividades. También se debería reforzar el apartado de la industria; tener más profesionales de fuera porque son muy interesantes esas sinergias que se crean. Y tener más invitados para las peliculas, porque presupuestariamente no es fácil en algunos casos y todo viaje a Asturias casi siempre suma un vuelo más… En esa línea, nos gustaría incrementar también el número de encuentros con el público.

-Lo que ya ha crecido este año, y muy visiblemente, son los resultados de taquilla. ¿Le permitirá eso alguna alegría en el presupuesto?

-El presupuesto incluye una estimación de taquilla, y es verdad que este año ha sido bastante mayor de lo que habíamos estimado; incluso un pequeño posible descenso por culpa del cambio de sedes. Eso yo creo que nos puede dar un poco de margen para crecer por donde comentaba. También en el refuerzo de la actividad anual, que el festival ya tiene con apartados como «Oficios de Cine», proyecciones en Gijón-Sur… Pero, contando el año que viene con la sala que se habilitará para proyecciones en la Escuela de Comercio, nos gustaría también que la programación anual tenga un refuerzo. Sería muy interesante.

 -Ya se puede desdramatizar definitivamente la descentralización. Pero, ¿deja el FICX de poner el ojo en el centro?

-No. Hay que seguir intentando, en la medida de lo posible, seguir ampliando espacios en el centro, con espacios como ese que menciono en la Escuela de Comercio.

 -¿Y en los Centro?

-Vamos a ver cuál es el futuro de los cines Centro, que ahí siguen. Evidentemente, si están disponibles, si se reabren al público, serían una opción combinable con el uso de los cines Yelmo, con los que la relación ha sido muy satisfactoria. Ha funcionado muy bien y estamos muy contentos de las proyecciones y muy ilusionados con seguir allí, algo que tiene un funcionamiento y una lógica si se piensa en la gente que vive en esos barrios, que es muchísima, como 50.000 personas, más las ventajas de comodidad para la gente que viene de fuera. Combinar esa presencia en todos los puntos de la ciudad reforzando un poco el centro puede ser el camino a seguir.

-El concejal de Divertia ha elogiado el «toque de personalidad» de este FICX. ¿Dónde cree que reside ese toque?

-No estuve presente en las anteriores ediciones, pero por un lado, creo que haber recuperado ciertos autores que no estuvieron  presentes en los últimos años -el propio Eugène Green, director de la película ganadora, o Bruno Dumont, Ramón Lluís Bande, gente asturiana que no había estrenado en los últimos años en el festival…- es importante para dibujar esa diferencia. Puede que también el riesgo en la elección y el equilibrio entre películas que son para el público más amplio y otras que son apuestas y descubrimientos, esas que hay que rebuscar mucho para encontrar en los festivales. El caso de Pour le reconfort, que se proyectó en Rellumes; uno de los grandes descubrimientos de Cannes, pero que pudimos ver muy pocos porque había que hacerte siete u ocho sesiones al día… Son películas un poco recónditas,películas que nos han gustado mucho y que sabemos que la crítica española e incluso la internacional no ha llegado a ver por la sobreoferta. Las recuperamos y les damos un espacio nuevo, de modo que tienen otro florecer y de repente llegan a brillar dentro de una programación. Y creo que también ha estado muy bien la sección para la cinefilia, que seguiremos haciendo; ese guiño a los 35 mm., manteniendo la textura del celuloide y la experiencia del cine fotoquímico. Yo no me imagino un festival sin películas; al final, lo llamamos películas pero son archivos y el celuloide no interviene en ninguna parte del proceso.

-¿Podemos dar, entonces, la arquitectura de su FICX ya por dibujada?

-Sí. Continuaremos con los Programming Advisors, ese comité de expertos de selección que hacen una criba de lo que llega y también sus propias propuestas, con gente como Mercedes Martínez, Gonzalo de Pedro, Jorge Rivero, Ricardo Apilánez, y naturalmente Tito Rodríguez… Esa pluralidad de miradas ha funcionado bien y es algo que enriquece siempre un festival.

-Se le ve especialmete satisfecho de los FICX Industry Days. ¿Qué poso han dejado, pensando en particular en los profesionales asturianos?

-Hay que esperar un poco, a ver si realmente fructifican todos los contactos que ha habido. Nos consta que ha habido profesionales asturianos que se han reunido con gente acreditada de ciertos festivales, a los que han mostrado sus proyectos en curso, y también con productores, programadores… Hay un flujo de información que esperamos que fructifique, pero también es importante que exista un foro para que expresen sus necesidades. Hubo una jornada dedicada al cine asturiano en el Muséu del Pueblu d'Asturies, y fue interesante poder ver cómo la gente podía exponerlas, conocerse entre ellos, porque a veces hay cineastas que están yendo por un camino parecido pero que no llegan siquiera a conocerse en una comunidad pequeña como esta, porque están trabajando en Madrid o en otros sitios. Está bien que se pongan cara, que vean lo que están haciendo los demás y se puedan generar colaboraciones; ese tejido que se echa un poco en falta y que también intentamos generar desde el festival, que tiene que ser también un foro para que se generen esas sinergias de trabajo.

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