El año que se fue en hacer planes

Fomento desbloquea el proyecto para la integración del tren en Gijón y la nueva ordenación urbanística de la ciudad sale de su letargo político

Las «letras» de Gijón en los Jardines de la Reina
Las «letras» de Gijón en los Jardines de la Reina

Redacción

No deja de ser paradójico, pero lo más noticiable de lo que ha sucedido en Gijón en este 2017 átono y mortecino es algo que todavía no ha sucedido (y que el escepticismo natural de cualquier gijonés de pura cepa incluso pone en duda que vaya a suceder algún día). El que enfila su final ha sido el año en el que el famoso Plan de Vías -el gran proyecto de soterramiento y reordenación urbanística que prometió cambiar la fisonomía de la ciudad hace ya tres lustros suturando el costurón ferroviario- salió del coma político para pasar de UVI a planta y alzado. Y ahí acaba el ejercicio, dejándose ver tímidamente y dando señales de buena voluntad para superar la convalecencia, aunque por el momento no haya pasado de la fase de una tímida rehabilitación.

En realidad, más que un qué ha pasado en Gijón en 2017, la pregunta debería de ser quién ha pasado por la ciudad en el año que acaba. La respuesta -récords turísticos aparte- es: Íñigo de la Serna. El ministro se dejó caer por tres veces en la villa. La primera de ellas, recién estrenado el año, sembró la decepción. La falta de compromisos sobre una Plan de Vías arrumbado desde el rotundo incumplimiento de todas sus promesas por parte de su antecesora, le granjeó precisamente el título de «turista» de paso por parte de algún grupo de la oposición. Quizá por eso resultó más sorprendente todavía su comparecencia sorpresa en el ecuador del año con no demasiados papeles, pero sí una presentación por ordenador que declaraba rehabilitado el proyecto y que además le sumaba la recuperación del túnel del Metrotrén, cuyas tremebundas imágenes de inundación y abandono dejaron a los gijoneses un final de 2017 con una inquietante sensación de estar pisando suelo poco fiable.

Reapareció el apuesto ministro cántabro en Feria de Muestras sin mayores sobresaltos. Pero su pico de protagonismo se produjo in absentia y por teléfono el mismo día de octubre en el que confirmó a Carmen Moriyón no solo que el soterramiento llegará hasta La Calzada sino también que el ministerio lo pagará. El resto -más de 220 millones dentro de los acuerdos de Gijón al Norte, más de 300 fuera de ellos- deja la versión ¿4.0? ¿5.0? ¿o quizá es una anterior? vuelve a pintar sobre los dóciles mapas del futuro una estación intermodal en el entorno de su vieja antecesora del Norte, hoy museo del Ferrocarril, con soterramiento hasta el apeadero de La Calzada probablemente en trinchera, y una conexión con el Metrotrén que extendería su trazado hasta Cabueñes.

El otro gran plan con el que Gijón entretuvo la atención informativa este año también es de urbanismo a lo grande, también viene del pasado y también está teniendo dificultades para dejar de ser un futuro en fuga y permanente estado de postergación. El Plan General de Ordenación (PGO) entró en el año en letargo, pero no tardó en provocar una de las convulsiones políticas más sonadas del periodo: el cese fulminante del jefe de Urbanismo municipal tras un informe que rectificaba contenidos sustanciales del paralizado documento; un último espasmo en el convulso y larguísimo proceso que acabó con una especie de mutación desde dentro y un segundo nacimiento en el pleno reajustado a algunas exigencias de la izquierda, pero con la misma tacha del primero: la solitaria abstención del PSOE. El último tramo del 2017 ha sido el de la nueva exposición pública y las nuevas alegaciones y el 2018 debería ser el año en el que, en algún momento, entre en vigor al mismo tiempo que Fomento pone en marcha las obras del Plan de Vías. Un 2018 que, esta vez parece que sí, nace con dos planes debajo del brazo.

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