«Seguimos igual: cruzas la puerta del salón a las habitaciones y es como entrar en el Polo Norte»

Pilar contaba hace un año cómo se vivía una ola de frío sin poder poner la calefacción pese a tener un empleo fijo. Hoy se ha matriculado en Derecho y, ahorrando 83 euros, consiguió quitar las humedades del cuarto de sus hijas

En la parte de arriba, el cuarto de las niñas antes y después de pintarlo. Abajo, la humedad de la ventana del cuarto de Pilar y otra de la pared del cuarto. En el centro, el chorro que sale de la ducha
En la parte de arriba, el cuarto de las niñas antes y después de pintarlo. Abajo, la humedad de la ventana del cuarto de Pilar y otra de la pared del cuarto. En el centro, el chorro que sale de la ducha

Gijón

Hace un año Pilar relataba su particular círculo de la pobreza cuando una ola de frío como la actual golpeaba en aquellos hogares en los que, como el suyo, cada céntimo tiene ya su destino llueva, nieve o salga el sol. Su relato era, y sigue siendo, el de cientos de miles de trabajadores y parados que sobreviven como pueden en la jungla de la precariedad. «Ni siquiera ponemos la calefacción. Dormimos todas en el salón en los días de más frío», aseguraba entonces, en referencia a ella misma y a sus dos hijas. «Estos días es horrible. Seguimos igual, como osos polares por casa, pero no puedes poner la calefacción», vuelve a decir ahora. Nada ha cambiado en ese sentido. 

Sigue viviendo de alquiler en un piso de dos habitaciones con sus hijas en La Corredoria en Oviedo. En un piso de Vipasa, la empresa pública de viviendas del Principado de Asturias, «en el que todo sigue como estaba». Todo menos la habitación de sus hijas, la más fría de toda la casa, que ya no tiene humedades en las paredes y en el techo. Pilar ahorró algo de dinero para pintarla en verano. 83 euros. Lo que le costaron los materiales gracias al ofrecimiento de un pintor que empleó un fin de semana en erradicar las humedades con una capa de selladora, otra de aislante y pintura antimoho. No han vuelto a salir. «La de las niñas la arreglé porque ya era indecente. Esa humedad no la puedes quitar porque esos bichitos se multiplican y te comen la pared entera. No los quitas a no ser a base de limpiar con lejía techos y paredes, pero están metidos dentro de la pared», explica.

Vipasa: «Entre que no hay presupuesto y que les da igual, todo sigue como estaba»

En su habitación, que sigue igual que hace un año, eso es lo que hace. Fregar con lejía hasta que vuelven a aparecer y así una y otra vez. Pilar, que en su día pasó por un desahucio, pertenece a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y Desahucios de Asturias, que en más de una ocasión ha denunciado que Vipasa incumple la Ley de Arrendamientos Urbanos que obliga al arrendador a costear los arreglos que sean necesarios para que la vivienda esté en condiciones de habitabilidad. 

Hace un año explicaba que afectados por los desperfectos de las viviendas de Vipasa crearon una plataforma en defensa de la vivienda pública, «pero entre que no hay presupuesto y que les da igual, todo sigue como estaba». Quienes viven en su inmueble en el quinto están en la misma situación respecto a las humedades y, en el primero, en una de las viviendas hay hasta una plaga de cucarachas. «Le salen por la cocina ya desde hace años», dice, intuyendo que puede deberse a que las cocheras -que los inquilinos no pueden utilizar- están tapiadas y sin limpiar. 

«Vipasa, en las viviendas por dentro, no arregla nada. Lo único los desperfectos externos». Por ejemplo, cuando los vendavales se llevan las láminas de acero inoxidable de la fachada. O se inunda el patio que comparten los tres bloques a los que pertenece la vivienda de Pilar y cambian las rejillas.

Ducharse, como antaño, haciendo uso del caldero

Un elemento esencial para la habitabilidad de una vivienda es también el agua caliente sanitaria. «La caldera sigue igual que hace un año. Ahora en invierno yo ya no sé donde acudir. Me llega un hilito de agua a cualquier grifo de la casa. La caldera no tiene suficiente presión de agua y ese hilito que sale de los grifos es imposible de regular. El agua sale o hirviendo o muy fría», explica Pilar, que suele ir a casa de una amiga a ducharse o hace uso, como antaño, del caldero. 

En Asturias, las estadísticas de Hacienda dicen que el sueldo medio de los asalariados es uno de los más altos de España. El cuarto más alto. Sin embargo, si se interpretan esas mismas estadísticas teniendo en cuenta solo a los que menos ingresos declaran, el resultado no es tan tranquilizador, sino vergonzante. Seis de cada diez asalariados asturianos tienen un sueldo medio que no llega a 10.000 euros al año. Como Pilar, que con un contrato indefinido no llegaba ni al salario medio interprofesional (10.302,60 euros en 2018). Ahora cobra el 75% porque está de baja. Son 476 euros. 

La habitación de las niñas, como una nevera

Si antes no ponía la calefacción para que las cuentas del mes cuadraran de alguna forma, ahora lógicamente menos. La estufa de butano sigue siendo la fuente de calor de este hogar. «Hasta media tarde no estamos en casa así que la estufa la pongo a las seis, a veces antes. En diciembre deberían haber sido dos bombonas al mes, pero con suerte no vinieron días fríos». Estos días de frío polar también utiliza calefactores de aire caliente para secar la humedad de alguna manera. «Cruzas la puerta del salón a las habitaciones, que están en la cara norte del edificio, y es como si fueras al Polo Norte. La habitación de las niñas, que no tiene aislante y da a una terraza, es una nevera. Igual que si abres una nevera y eso que este piso es como una caja de cerillas», indica. 

Está de baja porque tiene fibromialgia, hernias lumbares, artrosis, artritis y «un poco de todo». Explica que hace ocho años, cuando trabajaba en un supermercado, le intervinieron quirúrgicamente para ponerle discos en el cuello. «El médico ya me decía entonces que el frío, la humedad y el agua era lo que peor me venía a los huesos, que me lo aceleraba mucho más». En un año trabajando como limpiadora le salieron cuatro hernias que no tenía. «Es una enfermedad crónica y degenerativa. El calor es lo que mejor me viene. Mi cuerpo es distinto. Aquí es horrible», dice, explicando que ha solicitado la incapacidad laboral y que tendrá que recurrir a los tribunales pese a que los informes médicos del Hospital Central Universitario de Asturias acrediten sus dolencias.

«El primer cuatrimestre de Derecho ya lo he sacado»

«A la salud no se le puede poner precio», considera Pilar, que «harta» de las trampas del sistema que se ha ido encontrando en su camino preparó en tiempo récord la prueba de acceso para mayores de 25 años a la universidad y se matriculó en Derecho. Con una beca. «El primer cuatrimestre ya lo he sacado. Hay que aprobarlas todas», dice. Su hija también estudiaba con beca en la Universidad de Oviedo. «Nos pasa de todo. Ella pensaba que no iba a aprobar una asignatura y se desmatriculó de ella», recuerda. Su hija no sabía que al tomar esa decisión tenía que devolver los 3.050 euros que se le habían concedido para estudiar. Se lo dijeron por teléfono al poco tiempo de hacerlo. El año que viene acabará de pagarlo todo, a razón de 138 euros al mes durante dos años. La hija de Pilar, que esta misma semana desembolsaba 645 euros de la matrícula fraccionada de este año, estudia y trabaja: «No saldrían los números de ninguna manera». 

La fábula del asno y el pozo

«En lo económico me va peor», resume Pilar, que siempre menciona otros casos de personas a quienes el sistema daría la espalda sin contemplaciones si otras personas no se unieran para hacer un frente común y defenderlas. A través de la PAH, menciona por ejemplo el contencioso que presentaron contra el Ayuntamiento de Siero por el desahucio de una viuda y su hija en mayo de 2017. «Todo este tiempo estuvieron sin conseguirles una vivienda y la semana pasada les dieron una en Carbayín Alto. Está muy guapa amueblada y todo es eléctrico, pero no tiene luz porque los anteriores inquilinos no habían pagado la factura», explica.

Pilar, que en unos años se graduará en Derecho, también menciona la fábula del asno que se cayó a un pozo seco y cuyo dueño, al ver que era imposible sacarle, empezó a echar palas de tierra para cubrir el pozo. «Le iban sirviendo como trampolín para ir saliendo. No te queda otra porque si no acabas hundido. Soy un poco asno -dice-, si quieres te vas a dejar hundir. Si eres luchadora, sales arriba». 

Valora este artículo

9 votos
Comentarios

«Seguimos igual: cruzas la puerta del salón a las habitaciones y es como entrar en el Polo Norte»