El testamento de Kristen Sardaxian, la Sardina del Antroxu gijonés 2018

La Voz

GIJÓN

Unas coplas y la lectura del legado cerraron con humor y sentimiento el Carnaval de este año en Gijón

13 feb 2018 . Actualizado a las 20:31 h.

«Gijonesas y gijoneses:

Yo la Kristen Sardaxian, la Cris de Tolavida, ya me marcho al más allá, pero no quiero dejar el acá, sin decir dos palabrinas.

Muero sí, pero contenta, por ser de Gijón del alma, el pueblo para mi gusto, más guapo de toda España. Y todas las perras que tengo en Suiza, en Andorra, y en China, se vienen ahora pacá, pa esta ciudad tan divina.

¡Vaya bien pasé el Antroxu! ¡Esto sí que fue gran vida! Que ni Beberly Hills, ni Londres. Os lo digo yo, que soy pija, que me gusta mucho el lujo, y también la purpurina. Y Gijón, siendo pequeño, es como el cinco Chanel cosa fina, que se vive divinamente, que se come de maravilla, y no lo hay más guapo en el mundo, como que me llamo Cristina.

Lo único que ahora me apena es dejar sola a la niña, la Kimberly, la sardinina, que está adolescente perdida, loca como una cabra, desmelenada, salida. Así que quiero dejarle, aquí una madre adoptiva. Por eso nombro de madre a mi amiga más amiga, esa que viene conmigo, los jueves a la peluquería, que no, -que no es la Cherines, que eso no es pelo, son crines-, que me refiero a Carmina.

Que de paso va a llevarla, cada día a la oficina, para que aprenda el oficio, lo que es una alcaldía, que dicen que en este siglo, la fuerza ya es femenina. Y en contraprestación, la niña, que tiene mano y es lista, puede ayudarla a vestir, que no le irá mal de estilista.

Así que también le dejo a Carmen, a Carmen, mi Carmencita, todo mi armario ropero, las lentejuelas divinas, la chaqueta de Chanel, los Manolos, las pasminas, las pieles y las estolas, las telas de cachemira.

Y has de vigilar, Carmina, los caprichos de la niña. Que no se haga muchos tatoos, ni piercings, ni porquerías. Que la veo muy capaz de tatuarse “amor de madre” en la raspa o en la espina. De eso nada, monada, como mucho una estrellina.

Mi collar de perlas Majorica, que son de Mallorca traídas, se las dejo a los del PSOE, que parecen pelotinas, pa que vayan a jugar al golf, que están muy a la derechina.

Y mis gafas que son rayban, rayá van gafas divinas, para alguien que sea contable, que vigile las cuentinas, que les perres municipales, ya se sabe, están muy vivas.

A mi chófer quiero darle, una recomendación escrita, para que vaya a Palacio, a ver a doña Letizia, a ver si le dan trabajo de chofer para las niñas, y puede llevarlas al cole, a yoga, y a la piscina, que si las lleva su padre y va toda la familia, a ver quien atiende luego las cosas de monarquía.

De mi familia heredé un montonazo de islas, a cada cual más inmunda, a cada cual más perdida, pues se las dejo a los corruptos, a ese ladronicio chungo, pero sin billete de vuelta, que quiero que vean mundo.

Y por último y de propina un puñadín de tapones, pa tapar las chimeneas, los humos y poluciones, que sin que nos demos cuenta, nos matan de forma lenta. Y taponinos pequeños, pa cuando estemos nadando, y vengan esos aviones, por San Lorenzo atronando.

Y ya repartidos mis bienes, solo me queda decir, algún deseo feliz, para los que quedáis aquí:

Que haya trabajo y del bueno, que llaman trabajo ahora a lo que es esclavitud, que vivimos ahogados, sin poder pagar la luz. Y por cierto, vaya robo, lo de la luz, lo de Hacienda, que hasta las tripas nos sacan, sin darnos ni la merienda, y mientras tanto los ricos, juntando yates y pisos, sin rendir cuentas a nadie y quedándose todito. Que nadie luego se extrañe, si un día va y nos lanzamos, con antorchas ardiendo a la calle.

Que el Sporting suba, a primera división, que venga ya esa entrenadora y les dé un buen empujón.

Que el Ave llegue ya a Asturias. Que es una vergüenza, por dios, que se tarden las dos horas, desde casa hasta León. Y otro tanto con las vías, que lo arreglen ya, redios, el metrotrén, otro lastre, qué vergüenza pa Gijón.

Y que Dora y Flora, las chicas de este pregón, sean las concejalas, de la mujer de Gijón, con un despacho pa cada una y sede en El Molinón.

Y ya para terminar solo deseo respeto, salud, paz, progreso. Que seáis más tolerantes, más modernos, y más buenos. Que ya valió de ranciuras, de homofobias y violencias, de clasismos y racismos, de machismos y otras mierdas.

Gracias a todo Gijón, a estos buenos ciudadanos que hacéis posible este Antroxu un año tras otro año. A las charangas geniales, que animan al más pintado. Al equipo de festejos, y cuadrilla Jovellanos, que curran como jabatos, aunque llueva el agua a jarros. Y a la genial Rosabel, le dejo aquí un gran abrazo, que la echaremos de menos solo dios sabe cuánto.

Y me voy al más allá, pero me voy muy contenta, porque sé que me recibirán como a una gran presidenta: el buen Chano el de Gregorio, un pescador de primera, Arsenio con su comedia, el de la risa perpetua, y el grandísimo Coupead, la música de esta tierra, y a él le dedico con pena, este legado de Antroxu, esta despedida eterna.

Hasta siempre, Gijoneses.

¡Puxa l’Antroxu!

¡Puxa mi nena!»

Las palabras de la albacea que leyó el testamento fueron precedidas por unas coplas a cargo de Kimberly, la afligida hija de la Sardina.

«Gijoneses y gijonesas:

Vengo muy triste a escuchar,/ el legado de mamina,/la mejor madre del mundo/ y que fue la gran Cristina.// Ay qué pena que ahora/ voy a quedarme solina/ que se murió de repente/ ay, mi mama, la Sardina.// Y dicen que fue del disgusto/ por ser yo tan rebequina/ que no pudo aguantar más/ mis caprichos de mocina,// Así que en oyendo esto/ cojo la maleta y marcho/ para Mallorca o pa Niza/ para Cancún o pa Ibiza/ A ver si quito la pena/ de perder a mi mamina/ que no ye ningún buen chollo/ el quedarse huerfanina.// Menos mal que la prubina/ tenía bastantes perres/ Y chalés, y pila tierres/ desde Asturias a Argentina.// A pesar de ser sardina/ tuvo buenos asesores:/ todos los grandes de España/ los chorizos y ladrones// Y abrió más de una cuentina/ en Suiza, en Andorra, en China/ Que así todo rico engaña/ en este circo de España.// Pero ella dijo: «Cuquina,/ cuando yo espiche, reparte,/ cógete una buena parte,/ lo demás pa la tierrina».// Así que vengo afligida/ pero con mucho que dar/ Ya vos podéis animar/ que fue generosa mamina.// Y sin más demora ya,/ solo os pido silencio,/ que son cinco minutinos/ pa leer el testamento.// Portavoz/ o portavoza/ ¡Empieza!/ que están oyendo».