¿Es posible una red de saneamiento que respete la playa de Gijón?

Los problemas originados por los vertidos a la bahía Este de la ciudad ponen sobre el tapete el debate entre un modelo en el que se mezclan todas las aguas, incluidas las fecales, y otro con conducciones separadas

Estado de la playa de Gijón tras las últimas lluvias
Estado de la playa de Gijón tras las últimas lluvias

Gijón

Una gran mancha marrón invadiendo de forma reiterada la bahía de San Lorenzo. Bacterias fecales en sus aguas en una proporción capaz de forzar la prohibición de los baños y provocar episodios de gastroenteritis en bañistas. Ratas muertas, troncos, espumas de origen incierto y todo tipo de objetos arrastrados por las aguas del río Piles en el arenal. Un sistema de saneamiento desbordado por picos de lluvia en una ciudad de clima lluvioso. La proyección de una imagen desoladora del principal recurso turístico de la ciudad, y uno de los principales de Asturias. Es la sucesión de situaciones que, desde finales de mayo, vienen arrastando a los vecinos de Gijón de sorpresa desagradable en sorpresa desagradable, cuando no de alarma en alarma. La alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, se esforzaba el lunes en transmitir la idea de que -valga la paradoja- lo sucedido es lo normal en situaciones extraordinarias, como las lluvias de las últimas fechas, en el contexto del modelo de saneamiento municipal. Pero hay otras circunstancias en esta 'crisis de San Lorenzo' que no son en absoluto excepcionales y que pese a ello están suscitando idénticas sorpresa y alarma a muchos ciudadanos. Por ejemplo, al saber ayer por boca de la misma regidora que la red gijonesa mezcla en sus conducciones las aguas de lluvia con las residuales, incluidas las de origen fecal y las industriales, y que es esa mezcla la que acaba vertiéndose en la bahía, desaguada por el Piles. ¿Es normal que todas las aguas viajen juntas por la red? ¿Por qué sucede así? ¿Es posible evitarlo de alguna manera?

¿Es normal mezclar todas las aguas?

De entrada, es completamente normal si el modelo por el que se ha apostado es el llamado «unitario». En él, como indica su nombre, una sola red que recoge, conduce y trata todas las aguas sin distinción de su procedencia: la lluvia y sus arrastres rurales o urbanos, las aguas grises y negras domésticas -procedentes del uso higiénico y de las deposiciones humanas, respectivamente-, las industriales y las procedentes de otras instalaciones, como por ejemplo mataderos. La cuestión en este sistema, mayoritario en España, es cómo se procesen luego esas aguas. En condiciones óptimas, para ello hay que contar como mínimo con un buen sistema de colectores, aliviaderos para casos de sobrecarga de la red como los de estos días y pozos de tormentas conectados a esos aliviaderos. En ellos se acumula en primera instancia todo ese caudal extra, se permite una primera decantación de los sedimentos que arrastra y se bombea después el agua a una estación de depuración en el extremo de la red.

¿Qué es lo que ha fallado en Gijón?

Como en todo sistema, no es solo cuestión de un elemento aislado. Pero el problema fundamental es la falta de un pozo de tormentas en la zona Este: ese bypass o depósito gigante capaz de absorber el excedente de agua que acaba en los colectores y que a partir de cierto nivel rebosa hacia los aliviaderos. En la cuenca Este de Gijón son siete estos dispositivos de alivio de excedentes, autorizados todos ellos por la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, pero no hay pozo de tormentas en el que desemboquen. Todos ellos vierten en el río Piles. Y todo el mundo sabe dónde desemboca el Piles, que a su vez también transporta los restos que hayan ido recogiendo su propio cauce y sus afluentes. La propia alcaldesa de Gijón admitía el lunes que la falta del pozo de tormentas bajo el parque de los Hermanos Castro, en el tramo final del río --largamente demorado por errores errores administrativos en la licitación- absorbería la mayor parte de las sobrecargas. También falta otra pieza igualmente conflictiva: la Estación de Depuración de Aguas Residuales (EDAR) de la zona Este, construida y paralizada por decisión judicial, aunque recuperable para usos de desengrasado y desarenado, y con una bomba de más capacidad que las del Pisón.

¿Hay alternativas a este modelo?

Las hay, y forman parte desde hace años de un debate abierto sobre los modelos de redes de saneamiento. No solo en Gijón, desde luego. Fue el grupo municipal de Xixón Sí Puede el que hace un par de años sugirió en propuesta plenaria la posibilidad de aplicar a la red gijonesa el modelo llamado «separativo» que, frente al unitario, prioriza los objetivos medioambientales al conducir por canalizaciones separadas el agua pluvial y de los ríos y las aguas residuales. Estas, que no se ven afectadas por las crecidas, se conducen a las depuradoras, y las de lluvia, aunque siempre arrastren algo de contaminante, va a los aliviaderos y los pozos de tormenta; e incluso si estos condujeran a ríos, como el caso de Gijón en este momento, no verterían «más que una proporción anecdótica» de los contamiantes que ahora está soportando la playa.

Lo defiende quien fuera precisamente su defensor ante el pleno hace un par de años, el concejal de Xixón Sí Puede David Alonso, quien recuerda quien recuerda que la idea «sonó entonces un poco como si estuviera proponiendo una obra de ingeniería marciana»: «Lo que proponíamos es que la red separativa era lo ideal para las zonas nuevas de la red, no las consolidadas, y quizá para algunas de las vías principales de la ciudad que acumulan mucha agua», recuerda Alonso, que precisa que la inversión requerida sería «mínima», al aprovechar las mismas zanjas de la red en expansión para soterrar las dos conducciones.

Un símil frecuente entre los defensores de este modelo es el de la separación de residuos sólidos en origen, como cuando se hace reciclaje doméstico. Puede que la inversión inicial sea más cara porque hay que habilitar contenedores especiales y adaptar el sistema de recogida, pero a la larga el procesamiento es más sencillo, más barato y medioambientalmente más rentable, aseguran. El sistema ideal para una ciudad como Gijón, según Alonso, sería una suerte de «ronda» perimetral de pluviales y una red separativa que vendría a suponer «un 15 o un 20 por ciento» de ampliación de la actual red.

Pero -advierte el concejal de XsP- la visión es necesariamente de sistema. Todo está conectado y «no hay una sola solución concreta». Pozos de tormenta, la nueva depuradora «que sigue siendo el problema principal», si es que el consejo de Ministras y Ministros del viernes la reactiva el viernes como anticipa el PP, la posible opción separativa... «Todo tiene que ir de la mano y exige ener claro de antemano un modelo de adónde quieres llevar el saneamiento». El debate parece abierto incluso entre los técnicos de la Empresa Municipal de Aguas, pero depende de una visión política que, para David Alonso, «debiera haberse solventado en los últimos 25 años». Es posible que lo que ha desembocado estos días en la bahía de Gijón venga tan de aguas arriba como eso.

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