Gijon

Ventolín es un personaje de la mitología asturiana que, según algunas leyendas, adormece con hermosos cánticos a los niños pequeños y que reconforta a los adultos mientras duermen, llevándoles el recuerdo de aquellos que añoran. La Charanga Ventolín, la misma que alegra con su música cualquier manifestación, concentración o acto solidario desde principios de los años 80 en Asturias, debe precisamente su nombre a los amables ventolinos. «Somos músicos. No llevamos soluciones económicas, pero transmitimos hermandad hacia la causa del otro. Intentamos paliar el dolor de quienes lo están pasando mal», dice Falo Patallo, uno de los fundadores de la charanga, que celebra mañana, a partir de las cuatro de la tarde, su 12ª Ventolera Republicana en el Tendayu del Pueblu d'Asturies.

Un evento en el que se conmemora la República y que empezó a celebrarse con motivo del 25 aniversario de la charanga, hoy formada por una veintena de personas que comparten el fuerte compromiso con las causas justas y la defensa de los derechos sociales, civiles y políticos, que es la razón de ser de la Ventolín. «La primera ventolera fue tan famosa que consideramos que era una obligación seguir haciendo algo tan guapo», explica Patallo. Una fiesta que, como la que se celebraba en Los Maizales, es uno de los acontecimientos para la izquierda asturiana.

Todos los años, además, aprovechan para reconocer a un colectivo o persona que haya destacado en su lucha por las libertades y, en esta ocasión, van a ser les pandereteres Nun Tamos Toes. La Charanga Ventolín fue reconocida en 2017 con la Medalla de Plata de Gijón. «También la Sociedad Cultural Gijonesa nos dio el premio Rubio en el 2014, pero no estamos en esto para recibir galardones, sino para estar con la gente. Y lo vamos a seguir haciendo con medalla o no», dice otro de sus fundadores, Miguel Ángel San Miguel.

La Ventolín siempre está presente y, si no lo está, se la echa en falta. «Cuando hay una manifestación y no se ve a la charanga, la gente nos echa de menos. Y si no hay música, acaba siendo un velorio». No obstante, a lo largo de su historia, la charanga se ha caracterizado por las idas y venidas de las mujeres y los hombres que han formado parte de ella. Y, como en otras épocas pasadas, ahora necesita crecer.

A clase de solfeo con un militar jubilado

«La mayoría ya somos bastante talludos y necesitamos remozar. Es fundamental. Una de las críticas de la charanga además es que siempre hay gente que sale y entra, por diversos motivos, pero siempre necesitas relevo», considera San Miguel, que añade que el grueso de los componentes son de Gijón, pero también de otros lugares y países. «Somos de muchas zonas de Asturias, de España y del mundo». Y tienen una historia que merece ser recordada…

San Miguel y Patallo, saxo y clarinete, respectivamente, ya estaban en los inicios de la charanga cuando aún no se llamaba la Ventolín. También Julio García, hoy saxo alto, se unió al año o a los dos años. Y lo que es la vida, los tres recuerdan que fue un militar retirado, Francisco Galindo, quien enseñó solfeo a buena parte de los fundadores de la Ventolín. «Era difícil encontrar gente que impartiera música», matiza García. «Además ya estaba dando clases a Cienfuegos, a Amelia, a Kike, a Jimmy… -enumera San Miguel, en referencia a los compañeros de los inicios- y se fue incorporando a ellas más gente, como Carlos Gutiérrez, Falo… Galindo también nos preparaba para ir por libre al conservatorio». San Miguel dice que él mismo se examinó de tres cursos. «A partir de ahí, ya éramos una charanga de saxofones altos y tenores, con cinco o seis vientos».

Actuación en los Carnavales, prohibidos durante más de 40 años

Patallo, en aquella primera formación, estaba al cargo de los platos. Ninguno de los tres recuerda con exactitud cuál fue el año en el que la charanga participó por primera vez en los carnavales de Gijón. Pero fue un doble acontecimiento. Los primeros carnavales de la ciudad, tras haber estado más de 40 años prohibidos, se celebraron en 1981. «La aparición de la Ventolín fue un acontecimiento en Gijón, era la primera charanga reivindicativa con música de viento». En esos carnavales, que bien pudieron haber sido los primeros de la ciudad, se disfrazaron con los antiguos uniformes de la Banda de Música de Gijón. Se los habían encontrado en el local en el que ensayaban.

«Eran de color gris y azul, parecíamos un grupo de zarrapastrosos con aquellos uniformes viejos, sin planchar», rememora, sonriendo, San Miguel, que explica que en uno de aquellos primeros carnavales de los años 80, en los que todos se acuerdan de Chema Castiello dirigiendo fregona en mano, se juntaron con una comparsa de Naval Gijón, en la que unos simulaban ser los manifestantes y otros los policías, «y tocamos la Internacional». La charanga Ventolín comenzó entonces a ser lo que es hoy. 

El espíritu de La Coruxa Enfocicá

«Aquello provocó una ruptura y hubo gente que se fue». Pero la Ventolín resistió a aquella escisión y siguió adelante, mucho más centrada en su razón de ser. No en vano, la idea de fundarla había sido de Julio Velasco con el ánimo de recuperar el espíritu que, a finales de los 70, había tenido un grupo de teatro llamado La Coruxa Enfocicá, que llevaba la política a la calle de forma espontánea, sencilla y con muy buena acogida.

«En algunos casos éramos colegas de enseñanza, otros coincidimos por afinidad ideológica y política. Por ciertas afinidades y ciertas inquietudes políticas, había cierto caldo y ese espíritu de respeto, unidad y compromiso que siempre es lo que ha mantenido a la Ventolín», explica San Miguel. La charanga pasó a definirse como republicana. «Todos somos distintos, pertenecíamos a organizaciones sindicales y sociales diferentes pero de izquierdas. Y a todos nos unificaba el espíritu republicano y de solidaridad para acompañar causas justas, como el derecho al trabajo; los derechos de las mujeres y el feminismo; el derecho, en definitiva, a decidir de cada uno; el ecologismo; el internacionalismo; la defensa de los refugiados; la memoria histórica…»

A Madrid contra la OTAN

La puesta política en escena de la Charanga Ventolín llegó con la campaña contra la permanencia de España en la OTAN, en 1983. «Nos fuimos en tren a Madrid y nos esperaba otra charanga, la de Vallecas, que era estupenda, con muchos instrumentos. Nos bajó los humos», dice San Miguel. La charanga gijonesa incluso apareció en el telediario de la noche. De aquella no era habitual que estuvieran ni tocaran en las manifestaciones.

Y la Ventolín estuvo en todas las que se celebraron en Asturias. «Nos ayudó a conocer a mucha parte de la izquierda asturiana que no vive ni en las cuencas ni en el centro. Íbamos a poner color en aquellos actos que se celebraban por los pueblos», recuerda Patallo, que también menciona que, en la primera etapa, se pasaron dos años recorriendo los pueblos asturianos con la compañía La Gotera, tocando y haciendo teatro en la calle: «Se daban situaciones divertidas porque fuimos a sitios en los que la gente no estaba acostumbrada a ver ni a cómicos ni a músicos. Éramos jóvenes y le dábamos al kilómetro de manera importante».

La Charanga Ventolín ha estado, está y seguirá estando allí donde cambian las cosas, donde la gente se mueve para defender o mejorar sus derechos. «Tiene que haber pocos movimientos con pequeña trascendencia que no hayamos intentado empujar. Estamos donde se está intentando hacer algo, mejorando lo que hay y sobre todo con esa alegría que se percibe cuando aparecemos en sitios en los que no nos esperan, en los que hay tristeza porque, por ejemplo, se está luchando por mantener el empleo», dice Patallo, que añade una gran verdad: «Si no aparecemos, siempre va a quedar más deslucido…»

Han estado en tantas batallas que los buenos recuerdos son innumerables. Julio García, que había dejado la charanga a los tres años de sumarse a ella, se reenganchó de nuevo en 2009. «Estoy encantado de este reencuentro. Aparte de la música, es un lugar de encuentros en el que coincidimos muchas personas con sentir político y social», reitera, pensando en momentos «inenarrables» como la llegada de las marchas de la dignidad del 22M, en 2014, a Madrid. «Encabezamos la entrada con la columna que venía de Asturias y Galicia. Se fue tocando hasta la plaza de España y fue muy emotivo porque entramos tocando Santa Bárbara», apunta San Miguel.

Primero de Mayo en Toulouse

La Charanga Ventolín ha provocado muchos momentos cargados de emoción, esos que generan un nudo en la garganta, en estas casi cuatro décadas. Otro fue durante la celebración del Primero de Mayo en Toulouse (Francia). «Fue todo un acontecimiento porque la música, hasta entonces, siempre era enlatada. Nos felicitaron de la CGT francesa, fuimos a la tumba de Azaña y fue muy emocionante estar con republicanos españoles que participaron en la guerrilla».

O también en las marchas de hierro de Ensidesa, en la marcha negra de Hunosa o en aquellas ocasiones en las que su hermandad se proyecta hacia quienes sufren injusticias a miles de kilómetros, como en 2012, cuando fueron a recibir a Bermeo al velero Estelle, que había salido de Finlandia rumbo a Gaza. O, el año pasado, cuando recibieron con el Bella Ciao a la Flotilla de la Libertad en Gijón.

E incluso recuerdos muy personales. «El recuerdo más guapo que tengo fue en el antiguo Café Gijón, cuando acababa de nacer mi guaje, que ahora tiene 17 años. Fue en un Antroxu y yo tocaba con dos corbatas, con ese estar en otro lado a la vez y con esa sensación de felicidad», recuerda Xuan Carballido, que toca el fliscornio, una trompeta suave, y que se unió a la charanga en los años 90: «Las primeras veces que toqué salía pollín del todo, tenía que callar más que tocaba».

Tras un momento crítico, se crean los talleres de música

Como el camino recorrido ha sido largo, ha habido muchas idas y venidas. «Ha ido cayendo bastante gente y, en un momento determinado, la charanga pasó por una situación crítica. Murió un número importante de gente, muy buenos músicos, y otros lo dejaron. Necesitábamos crecer y pusimos en marcha unos talleres de música», explica San Miguel, que durante la conversación no ha olvidado mencionar otros nombres de quienes han pasado por la charanga como Poli, Marité o Gila la turca.

Uno de los saxos tenores está en manos de Marino Rodríguez, que se unió a la Ventolín en 2012, precisamente a través de esos talleres. «Todas las concentraciones prestan mucho, pero es verdad que a la gente le gustó mucho el 22M, cuando entramos en Madrid, las dos veces, aunque la primera fue inmensa», recuerda.

Pedro Antona, otro saxo tenor, se unió unos años antes, en 2006, también a raíz de los talleres. «Había empezado a tocar en los cursos de la Universidad Popular con 50 años y conocí a la gente de la Ventolín, me gustaba lo que tocaban, el motivo por el que tocan y empecé a tocar con ellos», indica, recuperando otro momento histórico en el que la Ventolín estuvo presente. «Una manifestación en Oviedo del 15M cuando todavía no sabíamos qué iba a ser el 15M. Había un ambiente especial…»

«Si hay división sindical y se organizan dos actos, no vamos»

A José Antonio Álvarez, saxo alto desde finales de los años 90 que al principio tocaba la caja, lo que más le motivó para unirse a la charanga fue precisamente la participación solidaria en manifestaciones, concentraciones y actos, por pequeños que fueran, que defienden básicamente una vida digna. ¿Cómo se decide a cuáles se va? «A veces nos avisan y, en todo caso, llevamos por norma que, cuando hay división sindical y se organizan dos actos no vamos. Apoyamos causas justas siempre que haya unidad. Por ir creando unidad popular. También vamos por iniciativa propia, como a asuntos de mujeres o de los colectivos LGTBI, y la gente lo agradece. No se ve como una intromisión. No convocamos movilizaciones. Acompañamos», insiste San Miguel.

«La charanga no es protagonista. La charanga apoya desde fuera con lo que sabemos hacer», añade Patallo. Y no se impone a nadie acudir a todo. «En las grandes actuaciones, por ejemplo para los jubilados, si es fin de semana la gente acude. No se impone a nadie, pero sí hay un compromiso fuerte muy personal», apostilla San Miguel, que explica que el repertorio también ha ido evolucionando con los años.

«Al principio éramos muy acharangaos, con vicios y virtudes. Necesitábamos mejorar la calidad, entre nosotros íbamos haciendo los ensayos con muchos defectos de calidad musical -recuerda-. Luego nos daba clase un músico, Miguel, y nos ha mejorado la calidad, el aire, el gusto, hemos reducido el repertorio…» Menos siempre es más. Para la calle, «tenemos canciones al unísono o con voces, vamos a lo más sencillo y, luego para la Ventolera, clásicas de baile y a veces nos metemos en camisas de once varas tocando algo con más dificultad como Shostakovich», explica Carballido. Como donde más se actúa es en la calle, el repertorio lo integran popurrís asturianos, vascos y, por supuesto, el listado de las rojas. Mañana, buena parte de ese repertorio podrá escucharse en la Ventolera, en dos pases, a las 22 y 23.30 horas.  

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Seguro que no conoce la historia de la Charanga Ventolín