El primer ladrillo para la rehabilitación cultural del Revillagigedo lo pone Lego

La potente empresa italilana de producción de exposiciones Arthemisia desembarca en el equipamiento de la Fundación Liberbank con «I Love Lego» y ambiciosos proyectos para el equipamiento gijonés

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Un millon de piezas de colores, seis detallados mundos

Gijón

Un millón de pequeñas piezas de plástico de colores ensambladas de manera que compongan seis complejos mundos repletos de detalles; un auténtico alarde de lo que puede llegar a construirse solo con los componentes de la que seguramente sea el más popular y sofisticado juego de construcción del mundo. Hace falta amar mucho a Lego para levantar esa media docena de pequeños universos; y de hecho es así -I Love Lego- como se ha bautizado a la exposición que desde ayer y hasta finales de septiembre ocupará la primera planta del Palacio de Revillagigedo, convirtiéndose seguramente en una de las ofertas más concurridas del verano gijonés. Pero la muestra quiere ser también, a su vez, el primer ladrillo, la primera pieza de un ambicioso proyecto para reconstruir la intensa y sólida actividad artística que se desarrolló durante años en uno de los mejores equipamientos culturales y expositivos de Asturias.

Detrás de ese objetivo está Arthemisia, una empresa italiana con casi veinte años de vida especializada en la producción, organización y montaje de grandes exposiciones de arte que también ofrece servicios de consultoría cultural y artística. En 2015 desembarcaron también en España, y fue su responsable en nuestro país, Jesús Rodríguez, quien estableció de un modo un tanto azaroso su conexión con el Revillagigedo. Lo explica junto a un diorama basado en Juego de Tronos que contiene en uno de sus extremos una pequeña placita con un par de torres almenadas y la estatua de un guerrero en su peana que bien podrían ser una réplica legolizada de la plaza del Marqués y el viejo palacio barroco; un conjunto que Rodríguez descubrió durante unas vacaciones en Asturias y al que no pudo evitar echar el ojo. No solo el del turista, sino el de quien ya había descubierto las potencialidades de inmuebles similares en el Palacio de Gavira de Madrid, donde Arthemisia ha organizado sus muestras españolas: artistas como Escher, que recibió casi 200.000 visitantes, Kandinsky o Mucha.

«Es una apuesta un poco personal», admite Rodríguez, quien, después del descubrimiento, decidió ponerse en contacto con la Fundación Bancaria Liberbank para ofercer la posibilidad de devolver a un «uso adecuado» las instalaciones. «I Love Lego» es solo el primer desembarco, una forma de establecer contacto con el edificio y con los espectadores antes de empezar con el programa específicamente artístico, en el que una doble exposición dedicada a Renoir y Sorolla se perfila como la primera cita. Hay, por el momento, entendimiento verbal pero la relación entre Arthemisia y la fundación permanece aún «sin concretar acuerdo» que defina con precisión los detalles de la cesión de uso, plazos y calendario expositivo.

Identidad y nivel

De cerrarse definitivamente el entendimiento, supondría la reapertura del Revillagigedo a una programación que se pretende estable, tanto en la cadencia como en la calidad. Porque, señala Jesús Rodríguez, aparte del progresivo corte de financiación y del interés de las fundaciones bancarias, los factores que han condenado a muchos espacios como el Revillagigedo ha sido la discontinuidad y los altibajos en la calidad. «Hay que aportar identidad y nivel, de manera que los coleccionistas con los que trabajamos estén encantados de ceder obra. Es la única manera de que se fomente este tejido cultural», apunta el hombre de Arthemisia en España.

Junto a esa programación troncal, se buscaría también utilizar una parte de las instalaciones para la exhibición de arte asturiano, de manera que la convivencia en el mismo espacio aporte al currículo de los artistas locales. Y, por otra parte, se busca el mismo impacto en el entorno que han tenido otras sedes de Arthemisia. Rodríguez cita el caso del Palacio Albergati, en Bolonia, y el modo en que ha estimulado la actividad de «empresarios y pequeños comercios» en su área de influencia. Un tercer espacio se encuentra en Nápoles, en la basílilca de la Pietrasanta.

Listado de vértigo

Los 19 años de existencia de la empresa presidida por Iole Siena acumulan unas 700 exposiciones, más de 60 millones de visitantes acumulados, más de 52.000 obras expuestas, una facturación anual de 25 millones de euros y un listado de artistas en el histórico de muestras de verdadero vértigo: desde Rafael o Brueghel a Pollock, Hopper, Bacon o Rothko y el Fluxus pasando por Van Gogh, Picasso, Duchamp... Todo ello en colaboración con coleccionistas particulares o con museos entre los que se cuentan los museos Uffizi y Vaticanos, el Louvre, el Centro Pompidou y el D'Orsay, la Tate inglesa o el Metropolitan y el Guggenheim neoyorquinos.

Pero por el momento, en las salas del Palacio de Revillagigedo se exhibe un mundo creativo mucho más cercano y quizá modesto, pero con innegable encanto: piezas únicas realizadas por los LUG (Lego User Group) de RomaBrick, un grupo de especialistas en esta peculiar ingeniería y arquitectura en la que también se utilizan programas como el CAD, se calculan resistencias estructurales y se echan muchas horas de construcción... a veces tantas como un año por diorama. Las inspiraciones temáticas -la antigua Roma, el Tirol, la I Guerra Mundial...- esconden, además, a modo de juego, pequeñas figuras con personajes del cine, el cómic o los dibujos animados que localizar. El precio de entrada es de 7 euros, o 56 para determinadso colectivos. Porque Arthemisia, tal y como explica Jesús González, es antes que nada una empresa y está persuadida de que lo que se paga por lo que se aprecia, si merece la pena. Y él está convencido de que es el caso para su debut en Gijón.

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