Gijon

Unos niños empujan un coche un día cualquiera de mediados del siglo pasado en el valle de Turón. Una churrera posa en su puesto, posiblemente en un día de fiesta. Y, cómo no, un grupo de mineros, recién acabada la jornada, queda inmortalizado en la cámara de José Muñiz (1923-1999), o mejor Pepín el Fotógrafo, como era conocido en el valle cuyas historias cotidianas plasmó en su objetivo durante las cuatro décadas que muestra el archivo fotográfico que sus herederos han donado al Muséu del Pueblu d’Asturies gracias a la mediación de la Asociación Cultural y Minera Santa Bárbara.

Son más de 156.000 negativos realizados entre 1945 y 1984, en su gran mayoría en 35 milímetros en blanco y negro, con 15.000 en color. El archivo incluye el inventario y la digitalización de todas las fotografías, una labor llevada a cabo en estos últimos años por la Asociación Cultural y Minera Santa Bárbara, que viene realizando una importante tarea en la recuperación del patrimonio industrial y cultural de Mieres y que el año pasado organizaba una primera exposición de fotografías de José Muñiz en esta localidad.

Ayer se presentaba en el museo de Gijón este importante legado, que completa el archivo fotográfico que se conserva sobre la posguerra en Asturias. Las fotografías de Muñiz muestran paisajes, pero también a los habitantes del valle y sus oficios, sus celebraciones o sus lugares de encuentro y de trabajo, constituyendo un excepcional y esencial retrato de la Asturias del siglo XX. En alguna de las imágenes que se muestran sobre estas líneas pueden verse incluso cómo a mediados del siglo pasado los niños también trabajaban en la urbanización de las calles, colocando las piedras del pavimento.

Pepín el Fotógrafo, que vivió toda su vida en el valle de Turón y en el concejo de Mieres, era de profesión lampistero, trabajaba en el grupo San José de Turón, y compaginó esta actividad con la fotografía, a la que se dedicó durante casi cuatro décadas. Fue primero fotógrafo itinerante hasta que en 1953 abrió un estudio en La Veguina, en el que se especializó en los reportajes de boda y las fotos de carnet.

Conocía como la palma de su mano la zona central del valle del río Turón y capturó con su objetivo su esplendor minero pero también la pervivencia de oficios y condiciones de vida tradicionales. En su archivo hay desde escenas que muestran la matanza del cerdo en plena calle hasta imágenes que exhiben las por entonces modernas atracciones de feria. La galería de personas que retrató además es inmensa y aparecen todo tipo de imágenes de numerosos celebraciones familiares y públicas, como fiestas y bailes, excursiones e inauguraciones de pozos mineros. Incluso hay fotografías post-mortem, sobre todo de niños como era habitual en la época, y de paisajes sociales hoy irreconocibles.

El archivo, que destaca también por su buen estado de conservación, es un testimonio detallado de cómo transcurría la vida de los habitantes del valle minero de Turón que se suma a los que ya existen en el Muséu del Pueblu d’Asturies sobre el mismo periodo de Valentín Bega, Mario Pascual y Eladio Begega en la cuenca del Nalón, de Gonzalo Vega en Gijón, de Julio León Costales en La Güeria de San Xuan (Mieres), el archivo de Foto Pepín en Moreda (Aller/), de Luis Cernuda Jumbo en Salas o de Foto Tino en Pola de Siero.

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Así es el gran legado de Pepín, el fotógrafo minero del valle de Turón