Gijon

Gijón es la ciudad que más amo. Y cuando se ama incondicionalmente, todas las bondades que puedan pensarse para mejorar las condiciones de lo amado son pocas.

Si tuviera que soñar un Gijón para este siglo que avanza hacia su primer cuarto, la primera piedra que pondría en esta especie de catedral intangible del pensamiento sería la de una estación marítimo-fluvial que pivotase sobre el río Piles, con su espléndida conexión marítima en la bahía de San Lorenzo.

Gijón es una ciudad fluvial que no ejerce de ello, y desperdicia un potencial enorme. El río Piles tiene que ser un lugar para la práctica de deportes sostenibles, y para el aprovechamiento energético de la marea. El piragüismo, el paddle surf,  o el surf -mediante la generación de olas artificiales aprovechando el flujo natural-.

Por otro lado, las potencialidades medioambientales y ecológicas de Gijón son casi infinitas, y se apoyan en un marco natural bello y saludable.  Por eso, la ciudad estaría en condiciones de abordar un programa piloto integral para la erradicación del plástico, y de esta forma ser pionera en Europa y en el mundo. Es más, la municipalidad debería contar con una concejalía para la gestión de los plásticos y para la progresiva implantación del uso de materiales eco-sostenibles.

Asimismo, la villa de Jovellanos debiera liderar la repoblación de Asturias. No solo captando nuevos habitantes y nuevos nichos de negocio y mercado, sino emitiendo flujos de población hacia su entorno rural. Y también en este punto la municipalidad debería contar con un departamento específico para co-gestionar esa Asturias que se extingue con el gobierno autonómico, central y europeo.

Gijón tiene que ser abanderada del transporte menos contaminante, y hacer una apuesta decidida por la recuperación del tranvía, por un lado, y por ser cabecera de salida y llegada del tren de alta velocidad. Me imagino un gran scalextric con trenes de levitación magnética transitando la ciudad y volando al resto de Asturias en minutos. O la imagen casi galáctica de los taxidrones haciendo trayectos entre la calle Corrida y el Cabo San Lorenzo…

Y desde luego, la robótica y la computación deberían ser referencias clave en este siglo XXI gijonés, aplicadas especialmente a los servicios sociales y al turismo. Una ciudad donde los androides desempeñen un papel clave en la accesibilidad, en la salud, en el acompañamiento a las personas, en la atención de emergencias, en la vigilancia de la violencia de género, o en la detección de mascotas abandonadas, por citar algunos ejemplos.

Mi sueño es un Gijón cada vez más humano, donde la creatividad esté al servicio del bienestar. Una ciudad puntera tecnológicamente -como lo fue en el pasado-, para afianzar el desarrollo socio-económico, que es la clave de la fijación de población y de la renovación generacional.

El Gijón del siglo XXI debe ser líder internacional en tecnología e innovación, tiene que ser un gran think tank del conocimiento, que pueda ser pionero no solo en generar ideas sino en aplicarlas, y de esta forma, producir recursos a través del pensamiento.

Evidentemente es hora de despertar y hacer realidad los sueños…

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Mi Gijón soñado para este siglo XXI