Los hosteleros Tono Permuy y David Tejerina, desde su encierro en la iglesia de San José de Gijón, piden a las tres administraciones un compromiso firme con un sector desesperado
26 feb 2021 . Actualizado a las 08:35 h.El pasado viernes, Tono Permuy y David Tejerina se encerraron en la iglesia de San José de Gijón. Un enclaustramiento autoimpuesto que tiene como objetivo hacer visible la situación en la que se encuentran miles de hosteleros y trabajadores en Asturias y lograr que las tres administraciones ayuden verdaderamente a un sector que se siente culpabilizado y desamparado. Un ‘4’ dispuesto en una sábana colgada de una de las ventanas de la parroquia gijonesa que ahora es su improvisado hogar muestra los días que llevan lejos de los suyos. En unas circunstancias como estas, sentir el aliento de la gente es esencial. No en vano, en apenas unos minutos son varias las personas que gritan un «¡ánimo compañeros!», desde la calle, se ofrecen a ir a por un café para ellos o, simplemente, se arriman al templo para charlar y dar fuerzas a los encerrados.
«De momento lo llevamos bien, nos sentimos atendidos y arropados», explica Tono Permuy, propietario de la cafetería Toma 3. Considera que el suyo y otros encierros de hosteleros están ayudando «a visibilizar que hay mucha gente como nosotros en esta situación». «Son muchos compañeros y autónomos los que nos dicen que ánimo», añade.
En esta línea, cree que «las tres administraciones tienen que poner algo de ayudas», porque «vamos muy cerca del año ya en esta situación y si estamos encerrados es porque para nosotros el escenario no ha dejado de deteriorarse».
A su juicio, «la capacidad de seguir luchando y seguir tirando está llegando a su fin si no hay ayudas claras, directas y con una regularidad». A su lado, David Tejerina, de la sidrería Canteli, indica que solo piden «un paro o un subsidio que nunca tuvimos». Recalca que poco solucionan los «400 euros de ayudas, cuando tenemos unos gastos de 2.000».
Este hostelero considera necesaria «una exoneración de pagos que permitiera que esos 400 euros nos quedasen para vivir». Recientemente, la patronal regional de la hostelería, Otea, anunciaba que se iba a sumar al recurso judicial contra las restricciones al ocio de Hostelería de España, tras la experiencia de Euskadi. Tejerina señala que «el recurso no va a prosperar. Al final, la salud está por encima de la economía. Entendemos que hay gente muy desesperada y que necesita abrir. Por ellos también estamos aquí. Si no podemos abrir tiene que haber unas ayudas».
En muchos casos, «la gente tiene que decidir entre comer o pagar facturas». Tono Permuy cree que todos los integrantes de Hostelería Con Conciencia saben muy bien que, «si aumentan los casos, nos van a volver a cerrar. Entonces, lo que hay que plantear es que cuando abras sea de manera segura y con unos umbrales de viabilidad. Abriendo hasta las ocho y con restricciones hay muchos sitios que trabajan en pérdidas».
Por su parte, Tejerina incide en que no es tiempo de «judicializar un tema de salud pública», sino de dar a los propietarios de bares y restaurantes la «capacidad de poder cerrar voluntariamente si las restricciones no dan para mantener el negocio. Hay veces que perdemos más dinero estando abiertos que cerrando, según como planteen las restricciones».
Pone sobre la mesa, con ejemplo, la incongruencia que supone que, «si tienes tres mesas de terraza, las mutuas te dicen que no te pagan porque, en teoría, puedes trabajar».
Respecto a los pagos de las rentas, estima que el Estado les ha dejado «en un escenario de negociación individual de cada inquilino con cada propietario. Hay gente con muy buena voluntad que nos está condonando todos los pagos o algunos meses, pero hay otra que dice ‘vete al banco y pide un ICO’». Y es que no puede evitar preguntarse «¿quién se puede endeudar más, tal y como están las cosas?».
Insiste en que los efectos de esta pandemia sobre la economía deberían considerarse «como un escenario de catástrofe natural» y que, por ejemplo, «a un pequeño tenedor que dependa de esa renta se le pueda ayudar».
Actos de solidaridad como el encendido de antorchas y farolillos que tuvo lugar ayer por la tarde junto al solarón son muy importantes para ellos. «Te das cuenta de que alrededor de la hostelería hay mucha gente. Afecta a muchas personas y esas personas con las que vas hablando ven que lo que parecía una amenaza de un cuento de terror ya está llamando a la puerta», afirma Permuy. Añade que «hay muchos hosteleros que ya no tienen salida y no se pueden endeudar más. Muchos estamos a la puerta de la quiebra».