De la novedad a la tradición: el secreto del éxito de la hamburguesería más antigua de Gijón

María Sánchez Condado
María S. Condado REDACCION

GIJÓN

Los hermanos Romero en Los Vikingos de La Escalerona
Los hermanos Romero en Los Vikingos de La Escalerona

El neogcio familiar de Los Vikingos abrió sus puertas en 1972 y, medio siglo después, mantiene intacta su esencia y sigue conquistando el paladar de los gijoneses

22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las hamburguesas son hoy en día una opción rápida que saca a cualquiera de un apuro cuando no tiene comida preparada en casa o cuando no le apetece cocinar. En Gijón existen multitud de locales especializados en este tipo de comida y una gran variedad de opciones: de carne o de pollo; más originales o más clásicas. Pero hubo un momento en el que este emparedado de carne fue toda una novedad e irrumpió sin precedentes en la ciudad. Fue Macario Romero quien trajo esta elaboración a la villa a través de Los Vikingos, la hamburguesería más antigua de Gijón.

Macario trabajaba en un local de características similares en Madrid, pero en 1972 le surgió la oportunidad de regentar un nuevo negocio en Gijón: Los Vikingos. Sin dudarlo, hizo las maletas y se trasladó hasta el Principado, donde dio a conocer las hamburguesas y los perritos calientes entre los gijoneses, un producto que generaba más curiosidad que entusiasmo. «La gente no tenía ni idea de qué era esto; muchos pensaban que las salchichas eran una especie de churros», explica Macario, hijo del fundador.

Durante más de una década, Los Vikingos fue la única hamburguesería de la ciudad, pero poco a poco fueron apareciendo nuevos establecimientos que ofrecían este tipo de comida. Para entonces, la apuesta inicial ya se había consolidado como una alternativa habitual para las comidas y cenas de los gijoneses.

Macario llegó a regentar varios locales en la ciudad, aunque con el tiempo su actividad se redujo a uno solo: Los Vikingos de La Escalerona, un establecimiento en el que los hijos del fundador mantienen viva la esencia del legado de su padre.

A lo largo de los años, el establecimiento ha sido testigo de innumerables anécdotas. Sus hamburguesas han sido degustadas por grandes figuras del cine, como José Luis Garci o Jesús Puente, que estuvieron en la ciudad durante el rodaje de la película Asignatura aprobada. También han pasado por sus mesas rostros conocidos del Club de la Comedia o del mundo del deporte. Los jugadores del Sporting son otros de sus fieles clientes. Además, Los Vikingos también ha acogido celebraciones de lo más inusuales, como una boda china que, tras el evento, acudió en grupo al local.

Pero a lo largo de estas cinco décadas no todo han sido momentos fáciles. Como para otros muchos negocios, la pandemia supuso un gran desafío. «Estuvimos siete meses cerrados. Pudimos superar la crisis gracias a la clientela y a la gente de Gijón; sin ellos no hubiera sido posible», asegura Macario.

Más allá de las dificultades, el secreto de su longevidad parece sencillo: ofrecer un producto honesto. «A la gente no la puedes engañar. Tiene que ver que lo que paga corresponde con la calidad que recibe», explican. Los Vikingos se ha mantenido fiel a esa filosofía, centrada en unos pocos productos —hamburguesas, perritos y bocadillos— elaborados con consistencia.

Esa fidelidad ha dado sus frutos. Hoy no solo conservan clientes de hace décadas, sino que atienden a varias generaciones de las mismas familias. «Hay gente que venía con sus abuelos y ahora trae a sus nietos», cuentan.

En cuanto al futuro, la perspectiva es más personal que empresarial. Tras toda una vida dedicada al negocio, el objetivo de los hermanos que ahora regentan este histórico negocio gijonés es claro: la jubilación. Sin embargo, la continuidad no está garantizada. Aunque se trata de una empresa familiar, consideran que las nuevas generaciones deben elegir su propio camino sin imposiciones.

Así, la historia de este negocio no es solo la de un establecimiento, sino la de una transformación social: la de cómo algo que un día fue extraño terminó por convertirse en tradición, sostenido por el esfuerzo, la honestidad y la relación cercana con sus clientes.