El «cohousing» de El Llar aterriza en Gijón como una alternativa de vida solidaria y alejada de la especulación: «Cada vez más gente tiene inquietud por vivir de otra manera»
GIJÓN
La cooperativa gijonesa El Llar se encuentra a la espera de conocer la ubicación del complejo residencial, después de que el pasado mes de diciembre el Ayuntamiento de Gijón aprobara, por unanimidad, la cesión del derecho de superficie de un suelo público durante 75 años para la construcción de estas viviendas colaborativas
21 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El proyecto de vivienda colaborativa en Gijón, impulsado por la cooperativa El Llar, avanza para convertirse en una realidad. Desde hace tres años, esta cooperativa gijonesa, integrada por doce miembros, trabaja en un proyecto de cohousing que tiene como objetivo principal luchar contra la especulación de la vivienda y construir una comunidad en la que los pilares fundamentales sean la ayuda y el cuidado mutuo.
Las viviendas colaborativas El Llar, explica Amalio Espinosa, presidente de la cooperativa, nacen de la inquietud de buscar una alternativa a la institucionalización del envejecimiento. «Ante nuestra próxima jubilación, surgió la idea de buscar una alternativa al envejecimiento institucionalizado y, por supuesto, de luchar contra la soledad no deseada. Queremos poder permanecer en nuestra casa hasta que nosotros lo decidamos, sin que nos lleven a vivir a una residencia o a cualquier otro régimen que no hayamos elegido».
Tras investigar y consultar otros proyectos de cohousing que se llevan a cabo en distintas zonas de España, la cooperativa El Llar encontró en las viviendas colaborativas el modelo perfecto de convivencia. «El proyecto parte de la idea de la “aldea de toda la vida”, en la que todos los vecinos se conocen, todos se cuidan y entre todos forman una comunidad de mutua ayuda».
Una alternativa de vida más sostenible y solidaria
Los cohousing son proyectos de carácter social, públicos y privados, basados en un modelo de convivencia colaborativa y autogestión. Se trata de complejos residenciales, de distintas tipologías, construidos con una arquitectura «más amigable», en los que «lo importante no es la vivienda, sino las zonas comunes». En concreto, el cohousing de El Llar se basa en la construcción de un bloque de treinta unidades habitacionales de unos 60 metros cuadrados, que darán cabida a entre 40 y 50 personas, en el que el 60% estará destinado a las viviendas y el 40% a zonas comunes, «como jardines, huertos, un comedor y espacios de actividades múltiples».
Aunque el proyecto gijonés comenzó siendo gestionado y dirigido principalmente a un público cercano a la jubilación —la edad media de los miembros de la asociación es de 55 años—, cada vez son más los jóvenes que se interesan por el modelo de cohousing. «Cada vez más gente tiene inquietud por vivir de otra manera, en una vida comunitaria y basada en la ayuda. Por eso, El Llar es un proyecto intergeneracional que bebe de la experiencia de los mayores y de la iniciativa y el impulso de los jóvenes. Ellos son el futuro de estas viviendas colaborativas», destaca Amalio.
Una construcción no especulativa, funcional y económicamente asequible
Aunque el cohousing de El Llar aún está en una etapa inicial, trae consigo una gran novedad: el pasado 10 de diciembre, el Ayuntamiento de Gijón aprobó, por unanimidad, la cesión del derecho de superficie de un suelo público por 75 años para la construcción de estas viviendas colaborativas, siendo el primer proyecto de gestión privada en construirse en suelo público. Un aspecto fundamental para el cumplimiento de uno de los objetivos principales de El Llar: abogar por una construcción no especulativa, funcional y económicamente asequible, en régimen de cesión de uso, donde la titularidad del derecho de uso privativo es de los miembros de la cooperativa y lo edificado es de propiedad colectiva.
A la espera de conocer cuál será la ubicación del cohousing de El Llar, Amalio y el resto de miembros de la cooperativa confían en que «no ocurra como pasaba antiguamente con las viviendas de protección oficial y nos sitúen en el peor sitio de la ciudad». Desde la cooperativa defienden que un proyecto como el suyo «debe estar cerca de centros de innovación como el Parque Tecnológico o la Milla del Conocimiento», situados junto a La Laboral. «Queremos tener la posibilidad de aportar nuestros conocimientos y poder acceder a servicios hospitalarios, de ocio y de cultura».
La fecha de inicio de construcción del bloque de viviendas es otra de las incógnitas del proyecto. Aunque el Ayuntamiento estima que las obras den comienzo a finales de este mismo año, desde la cooperativa no lo ven una fecha viable. «Dos años no nos los quita nadie; falta el terreno, el expediente administrativo y el proyecto», explica Amalio.
A pesar de la incertidumbre, El Llar ya ha recibido cerca de 300 solicitudes para formar parte de este cohousing, aunque tendrá cabida solamente para medio centenar de personas. El proceso de selección se llevará a cabo siguiendo los requisitos de los estatutos de la propia cooperativa, que incluyen ser mayor de edad y «ser compatible con esta forma de vida», entre otros. «Llevaremos a cabo un proceso de selección en el que valoraremos qué personas son más afines a este proyecto. El cohousing no es para todo el mundo: quienes formen parte tienen que tener la iniciativa de colaborar y de aportar a la comunidad».
El cohousing se presenta como una alternativa real frente a la especulación de la vivienda, apostando por un modelo centrado en las personas y no en el beneficio económico. Basado en el cuidado mutuo, la cooperación y la vida en comunidad, este tipo de iniciativas recupera valores tradicionales de convivencia adaptados a las necesidades actuales. Su llegada a Gijón supone una novedad en el panorama residencial de la ciudad y abre la puerta a nuevas formas de habitar más sostenibles, solidarias y accesibles.