Núria Jorba, psicóloga clínica y terapeuta sexual: «La pareja que funciona tiene un punto de teatro»

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Núria Jorba es autora de «Parejas imperfectas y felices».
Núria Jorba es autora de «Parejas imperfectas y felices».

«Toda pareja está destinada a separarse», alerta esta sexóloga, que distingue cuatro tipos de infidelidad y revela qué factores ayudan a mantener la llama del amor en el tiempo

24 ago 2022 . Actualizado a las 17:22 h.

Aceptamos querer a dos padres, a varios amigos, a más de un hijo. «¿Por qué con la pareja es distinto?», plantea la psicóloga clínica y sexóloga Núria Jorba, autora de Parejas imperfectas y felices (Arpa Editores), una ducha que despeja los mitos que resbalan en la realidad diaria de las parejas. Se puede querer a dos o más personas a la vez, concede. ¿Una pareja feliz es una pareja imperfecta? «La perfecta no existe. Estamos en una sociedad que busca un perfeccionismo irreal, y he querido romper con esto», manifiesta quien abrió hace 11 años su propia consulta de terapia de pareja en Barcelona. De los cientos de casos que le ha deparado su experiencia, Núria concluye qué hace que unas parejas funcionen más que otras. «La imperfección está bien, te lleva a encontrar tu estilo. Cuando encuentras tu propio estilo, llega la felicidad», empieza.

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—Pero la felicidad no es una constante...

—Claro. Estamos aprendiendo a definir qué necesitamos, pero no nos han enseñado a actualizarlo. Estamos en una sociedad con un fuerte sentido de la propiedad. Hay personas que entienden que su pareja es suya, que les pertenece. Hay un control, un sentimiento de propiedad, y de ahí la dependencia emocional, los celos, etcétera.

—¿Cuando hay posesión, control, celos... no es amor?

—No es amor, es necesidad. El amor se tiene que relacionar con el deseo, con el bienestar, con el «Tú me potencias», «Tú me haces sentir mejor, pero no me cubres esas necesidades que no tengo cubiertas». Con este libro he querido hacer un recorrido por las facetas que hay que tener en cuenta en una relación. La pareja empieza en ti, pero tampoco soy de las que repiten esa frase de «Hasta que tú estés bien, no puedes tener pareja».

—Es un tópico con sentido...

—Sí, pero entonces quizá nunca podemos tener pareja. ¿Porque cuándo llegamos a estar bien cien por cien? La primera clave es tener una buena gestión emocional propia. Es importante saberse regular. Hay que trabajar mucho la autoestima. Eso de «quiérete» es bonito, pero infrecuente. Escucho en consulta: «Sí, ¿pero cómo lo hago?».

—Es complicado quererse, porque una se conoce muy a fondo...

—Es complicado, claro, pero el primer punto es salirse de esa autoexigencia. Y de ese molde social por el que parece que hay que ser hipermaravilloso para quererse. Hay que desligar ya el éxito de la autoestima. Parece que, si no eres exitoso, no te puedes querer.

—No ayudan a quererse el síndrome de Peter Pan de hoy y esos posados y filtros de colorines de Instagram.

—Hay que mirar las redes con ojo crítico. Yo, cuando me pongo a mirarlas, pienso: «¡Qué vida más aburrida tengo yo!». Me lo digo riéndome, viendo que todo el mundo viaja, todo el mundo hace planes, todo el mundo lo pasa genial... Lo primero: mirar con ojo crítico. Lo segundo: delimitarlo de tu vida, porque estar en redes es adictivo y te va generando unos inputs. Lo tercero: céntrate en tu vida, en ti, en tu pareja. Trabajar esto es esencial.

—¿Hay que decidir la relación con la cabeza o mejor que sea química?

—Yo soy pro de ponerle cabeza. Una relación debería ser 50 % emoción y 50 % cabeza. Y algo que me encuentro en consulta es que, cuando propongo hacer un ejercicio, me dicen: «Esto es forzado, es artificial». Yo les digo que se den un mes para probarlo. En las relaciones debe haber una parte racional, pensada, trabajada, que nos parece fría, y no lo es. Hago una comparativa con las vacaciones: reservas un vuelo a las seis de la mañana y tienes que ponerte el despertador a las cuatro. Piensas: «¡Qué pesadilla, qué rollo!». Pero cuando llegas a las Bahamas dices: «¡Qué viajazo!».

—¿El sacrificio debe ser elegido? ¿Toda buena relación exige esfuerzos?

—Claro, toda pareja está condenada a separarse. ¿Cómo lo evitas? Con esfuerzo, con ganas. Pero, como estamos habituados al enamoramiento, a la relación en sus inicios, a la idea de amor romántico que sale en las películas, nos cuesta ver ese otro amor saludable, en el que hay esfuerzo, en el que hay altos y bajos, momentos en los que le puedes coger manía a tu pareja, y es natural, no pasa nada. Discutir y no entenderse a veces son parte también de una relación saludable. En una relación, es muy importante el trabajo, que este sea un trabajo equitativo, y que haya un sacrificio de mejora, que no es un sacrificio de aguante y tortura...

—¿La más exitosa es aquella pareja que más se trabaja?

—Totalmente, sí. Es curioso, porque tenemos asociado el trabajar a mil áreas de nuestra vida, pero no a la pareja. Puedo hacer un trabajo que me apasiona, pero me tengo que poner el despertador. Lo que me gusta hacer conlleva hacer una serie de cosas que no me gustan, pero buscamos la motivación, y eso da un resultado. Igual con la pareja.

—¿Confundimos amor y deseo?

—El deseo es solo una parte del amor. Hay que distinguir el deseo de novedad, de fogosidad, la pasión, la locura, del deseo de estabilidad, de confianza... Si creemos que la llama la mantiene esa fogosidad, malo, porque esa pasión no vuelve. El otro deseo se trabaja.

—Hay quien con hijos y 20 años de relación te dice que aún siente mariposas en el estómago. ¿Me lo creo?

—No. Las mariposas en el estómago son química hormonal. Lo que ocurre es que sabe ilusionarse con facilidad.

—¿Es un montarse la película?

—Exacto. Pero la buena pareja, la que funciona, tiene un punto de teatro. Llegas a casa cansada del trabajo y dices un «buenas noches, cariño» con ganas, con ilusión, con buena cara... Como haces con los amigos cuando vas a cenar, aunque estés cansada, ¿no? Te automotivas y te esfuerzas en ponerle ganas.

—¿Hay que forzar el gesto?

—No es forzar el gesto, es ponerle ganas. En una buena relación tiene que haber una intencionalidad, una actitud.

—¿Cuál es el modelo de pareja que más fracasos está facturando?

—La monogamia absoluta, el amor para toda la vida con la misma persona. ¿Por qué? Porque cada vez tenemos más vida personal y más años de vida. La posibilidad de que avances a lo largo de los años del mismo modo con la misma persona es difícil. Así que tendemos a la monogamia sucesiva, que consiste en ir cambiando de relaciones, monógamas, que duran unos años...

—Como dice Jabois, «Hay más cuernos en un buenas noches». La infidelidad no es solo la sexual, ¡la emocional cuenta!, nos avisas.

—Exactamente. Hay al menos cuatro tipo de infelicidad, una es la emocional. Lo que más pesa de la infidelidad es el engaño. Lo que más suele doler, por lo que veo en consulta, no es que te hayas acostado con otra persona, sino que me has engañado. Lo que debemos trabajar son otros formatos de pareja.

—¿El que fantasea con irse a la cama con otros es un infiel emocional?

—Sí. Un tipo de infidelidad emocional es que compartas emociones, carga sentimental con alguien que no es tu pareja, mensajes de WhatsApp diarios... Esto es infidelidad, y más si son cosas que a tu pareja no le cuentas. La mayoría de las parejas en algún momento de su vida han cometido algún tipo de las infidelidades que comento.

—¿Funcionan las relaciones abiertas?

—No están acabando de funcionar, pero porque las usamos como solución a problemas de pareja. Es decir, cuando no estoy bien contigo te planteo una relación abierta. Y eso genera inseguridad. La relación abierta, poliamorosa y anárquica solo funcionan si las dos personas tienen una buena capacidad de gestión emocional.

—Según Joan Garriga, para que la pareja funcione realmente debe haber igualdad de rango. ¿De acuerdo?

—Sí, debemos tener la sensación de estar en equidad con nuestra pareja, esa sensación de «Yo aporto, tú aportas», pero «puedo valerme por mí misma y tú también». Esto es lo ideal; si no, entramos en juegos de poder, disfuncionales. Cuando hay una diferencia de edad, suele darse el modelo «maestro, aprendiz». Hay varios de control: económico (pasas por mí para gastar), la moral (yo te enseño)... La sensación de tener al lado un igual, con la misma madurez, más o menos el mismo tipo de experiencias y de posición... si tenemos esto, la relación tiene un punto de seguridad para funcionar.

—¿Primer motivo de fracaso amoroso?

—No trabajar el deseo. El deseo no surge, no es algo que venga solo o caiga del cielo, hay que trabajarlo. Les digo a muchas parejas: «Mirad vuestro WhatsApp, ¿qué os contáis?». En general es: «¿A qué hora llegas?», «Compra pan», «Recoge a los niños». ¿En qué momento hay un «Te echo de menos» o una broma? Cuidar a esos niños interiores, la parte de juego en la pareja, de tontería, es muy importante. Habrá quien te diga: «¿Y cómo lo hago?». No pasa nada si queda algo en casa sin hacer, hay que priorizar el vínculo con el otro. Si no cuidamos el deseo de complicidad, la pareja no se mantiene.

—Me gusta mucho lo que recoges de Esther Perel: la clave, buscar el equilibrio entre seguridad y sorpresa.

—¡El Dragon Khan en pareja no es saludable, es tóxico! Necesitamos deseo, pero también rutina. Con el equilibrio de esas dos cosas, funciona la pareja.

—Te dicen: «¡Cuando menos te lo esperas, aparecerá!». Magia...

—Cien por cien mentira. La media naranja no existe. Una pareja hay que buscarla, no cae del cielo. Hay mucho mito romántico asociado al amor que nos está destrozando. No encuentras eso mágico en una relación, así que la dejas y empiezas otra y otra... Si una persona a la que estás conociendo te habla mal de todas su ex, ¿de quién es el problema?