El cambio de hora, la bajada de temperaturas y el regreso a la rutina son un cóctel de negativismo al que enfrentarse, entre otras cosas, a través de la alimentación

Le llaman astenia otoñal. ¿Te suena? Es ese estado anímico en el que reina el cansancio y la debilidad a partes iguales y que, junto con la apatía, hacen que el organismo encuentre dificultades para adaptarse al cambio de estación. Esto, sumado al regreso de la rutina -o llamémosle síndrome postvacacional-, al cambio horario -con sus consecuente reducción de horas de luz- y la bajada de temperaturas hacen que en muchas ocasiones nos sintamos como si estuviéramos en una cuesta abajo y sin frenos.

Una de las señales que nos indican que hemos caído de lleno en la astenia otoñal es que nos encontramos más somnolientos y con menos energía, factores provocados por la alteración en las hormonas. Producimos mayor melatonina y disminuye la producción de serotonina.

Afortunadamente, hay solución. ¿Qué podemos hacer para atajar esa etapa? Establecer una rutina de horarios fijos puede sonar negativo. Pero no, supone todo lo contrario. Fijar una hora para acostarse y levantarse ayudará a superar la astenia. Lo mismo ocurre si nos mentalizamos de hacer a diario algo de ejercicio moderado; con unos minutos es suficiente. Si la climatología acompaña, tomar el café de media mañana al sol no solo ayudará a llenarnos de energía con la cafeína sino también con la vitamina D. Pero si hay algo que por supuesto ayudará a llevarlo mejor, esa es una alimentación adecuada y saludable.

Por eso, nuestras tres propuestas gastronómicas de hoy están enfocadas a levantar el ánimo y llenarte de energía ahora que ya estamos en plena temporada de otoño.

Tortilla al cacao rellena de caqui, granada y queso batido

¿Nunca te habías planteado preparar una tortilla dulce? ¡Pues hoy llegó el día! Como si de una tortilla francesa se tratase, solo hay que añadirle un toque de cacao para convertirla en deliciosa y especial. Para el relleno, nada mejor que incorporar dos de las frutas reinas del otoño: el caqui y la granada. Así, además de un plus de sabor llevará un extra de nutrientes. Para rematar la receta, recomendamos añadir queso batido para aportar frescura y cremosidad (también es perfectamente válido sustituirlo por yogur). ¡Esta tortilla al cacao rellena de caqui, granada y queso batido hará que tus días comiencen a tope de energía!

Barritas energéticas de higos y avena

Estas barritas de higos y avena están deliciosas y son perfectas para llevarnos a cualquier parte. Además son muy energéticas, por lo que nos vendrán genial en nuestras excursiones o caminatas otoñales. Son el snack saludable perfecto y delicioso para tener siempre a mano. Si es una receta que vas a repetir a menudo puedes ir variándola con diferentes frutos secos para no caer en la rutina (gastronómica, en este caso).

Verdinas guisadas con boniato y puerro

Este guiso tan sencillo de preparar de verdinas guisadas con boniato y puerro se convertirá en uno de tus platos favoritos cuando apriete el frío. Reconfortará todo tu cuerpo desde la primera hasta la última cucharada. Las verdinas se combinan con puerro y boniato -que también puede sustituirse por calabaza- y les vamos a dar un toque diferente y especial al final añadiendo salsa de soja. El resultado: un plato delicioso con muy pocos ingredientes.

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¡A freír espárragos!

La Voz

Nada mejor que abrir boca para este artículo desvelando de dónde procede la famosa expresión «Vete a freír espárragos». Hay que remontarse al siglo XIX para conocer la procedencia. La expresión se refiere a la intención de querer tener a alguien ocupado el mayor tiempo posible y evitar así su molesta compañía. Mandándole a freír espárragos se aseguraba tenerlo entretenido durante un rato con una tarea nada necesaria pero que a los demás permite perderle de vista.

Bien, ya sabido esto, ¿qué son los espárragos y qué nos aportan? Pertenecen a la familia de las plantas herbáceas junto con la cebolla, el ajo y el puerro y en nuestra cesta de la compra entran dos variedades bien diferenciadas: los verdes (o trigueros) y los blancos. La diferencia entre uno y otro, además de su color, es que los blancos no están expuestos a la luz solar ya que crecen bajo tierra y, por tanto, carecen de clorofila. Justo lo contrario ocurre con los verdes, que crecen de forma silvestre y sí realizan el proceso de fotosíntesis al recibir luz solar directa.

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