¿Qué alimentos no deben comer los niños de uno a tres años?

A medida que van creciendo, los más pequeños de la casa deben ir incorporando ciertos alimentos a su dieta pero también habrá que evitar algunos productos durante un tiempo más

Aceitunas, frutos secos o salchichas son algunos de los productos que forman parte de la lista negra de alimentos no aptos para menores de tres años. ¿El motivo? Su forma o textura hacen más probable un riesgo de obstrucción de las vías aéreas y un posible atragantamiento. Aunque los niños de más de dos años ya llevan una dieta variada y asentada, no todos los alimentos son aptos para su consumo. En este artículo abordamos algunos de ellos y los problemas que puedan suponer, además de recoger alternativas para poder consumir estos productos antes de los tres años de edad.

Vaya por delante que en la alimentación en niños y niñas, sean de la edad que sean, tiene que jugarse con la variedad y el equilibrio, siempre teniendo en cuenta los gustos de cada uno. Es recomendable también apostar por los productos que sean locales, de proximidad o de temporada, lo cual ayudará también al cuidado del medio ambiente. Y, cómo no, el ejercicio físico debería ser el complemento perfecto a una alimentación controlada; una unión que ayude a luchar contra la cada vez más extendida obesidad infantil.

Atragantamientos

Hay ya establecida una lista de alimentos que, principalmente por su forma, pero también por su textura pueden suponer un riesgo de atragantamiento en los menores. Estos son las uvas, la manzana, la zanahoria cruda o entera y los frutos secos. Los expertos indican además otros alimentos como las aceitunas, las salchichas, las palomitas de maíz, las uvas pasas, los caramelos y otras verduras o vegetales crudos como pueden ser los tomates cherry, por ejemplo.

Adicionalmente a las formas y texturas de cada alimento influye también la masticación de cada persona y las características de nuestra cavidad oral. Según cómo tengamos la orofaringe tendremos más o menos dificultad a la hora de trasladar los alimentos desde la boca hasta el esófago. Por eso, para evitar cualquier tipo de riesgo, lo mejor es evitar todos los alimentos mencionados y, en caso de ofrecerlos, hacerlo modificando su tamaño o textura: troceando la uva en cuartos o presentando los frutos secos en crema son algunas alternativas válidas.

Verduras, frutas y frutos secos

Algunas verduras, sobre todo si se ofrecen crudas o si tienen una textura dura, es recomendable ofrecerlas en un tamaño menor de un centímetro o cocinarlas para reducir su dureza y que se conviertan en alimentos más manejables y moldeables. Las verduras más arriesgadas y que siempre se recomienda reblandecer son -como ya mencionamos- la zanahoria, pero también el apio, el pepino, el brócoli...

En el caso de las frutas, algunas como la manzana, la piña u otras de textura dura, es mejor ofrecerlas también en pequeñísimo trozos y elegir las variedades más blandas. En el caso de la piña, conviene eliminar todas las partes duras dejando únicamente la carne blanda y ofrecerla cuando esté bastante madura. Para frutos como las aceitunas, sean con o sin hueso conviene machacarlas para deshacerse de esa forma ovalada tan peligrosa.

Por último, en el caso de los frutos secos su ingesta sí está permitida en menores siempre y cuando se trituren hasta que se haga una pasta fácil de masticar y libre de trocitos susceptibles de escapar hacia las vías respiratorias.

Algunas ideas para incluir frutos secos y frutas de manera segura

Obviamente, es un pecado prohibir a nuestros hijos el consumo de alimentos que aportan tantas vitaminas y nutrientes como son las verduras, las frutas y los frutos secos. Sin embargo, siempre hay alternativas para que, modificando su formato original, puedan ser consumidos con total tranquilidad.

Por un lado, una buena crema de cacahuete o una nutella casera. En ambos casos, la preparación es sencillísima y se puede prescindir del azúcar totalmente. El ingrediente principal tanto para la crema como para la nutella son los frutos secos hechos pasta, que se logra triturando y añadiendo agua poco a poco hasta obtener la textura deseada. Si preferimos darle un toquecito dulce, una buena opción es un par de cucharadas de miel.

Para incluir las sabrosas uvas, que además están de temporada, la alternativa que proponemos es consumirlas en un refrescante zumo de uvas verdes y aguacate, una combinación más que sorprendente, llena de nutrientes y que no necesita ningún endulzante ya que la uva ya hace su aportación de dulzor.

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