Votar con los pies

OPINIÓN

26 sep 2016 . Actualizado a las 14:17 h.

«No puede haber discusión acerca de los impuestos, sin que la haya acerca de los gastos»

Martín Krause

El economista estadounidense Charles Tiebout formuló el teorema que lleva su nombre, fundamentado en la actuación benevolente de un sector público que busca el mayor bienestar para el conjunto de la sociedad. En un marco de descentralización fiscal, como el que ha configurado nuestros sistema autonómico -bien es cierto que de manera imperfecta, al no darse la condición de la corresponsabilidad- el teorema de Tiebout explica como ante la existencia de varias jurisdicciones, con diferentes niveles de provisión de bienes y servicios públicos, la movilidad interjurisdiccional de los ciudadanos les llevaría a revelar sus verdaderas preferencias al desplazarse a aquella localidad que les ofreciera la oferta impuestos-servicios públicos que mejor se adaptara a las mismas.

Resulta evidente que el voto con los pies formulado por Tiebout, es incompatible con el populismo fiscal consistente en bajar los impuestos no por convicción, sino por conveniencia electoralista; no merced a un ajuste estructural de las cuentas públicas que permita asumir sosteniblemente esa merma de recaudación, sino mediante la emisión insostenible de deuda pública; no de manera cuantiosa y decidida preocupándose por rellenar el bolsillo de los ciudadanos, sino de forma cicatera y manipuladora pensando en los engañosos titulares de prensa que posibilitará.

Tal es el caso, por ejemplo, de la reducción del tipo máximo autonómico del IRPF que sirvió para apuntalar un año más al régimen socialista en Asturias -presupuesto regional mediante- y que no iba acompañada de una deflación de la tarifa del impuesto y un incremento de los mínimos familiares, y cuyo resultado fue un ahorro fiscal exiguo que no ha impedido que el contribuyente siga pagando más sin haber aumentado su poder adquisitivo. Nadie cayó en la cuenta -quizás cegados por ofrecer un vistoso titular en la prensa, y así justificar lo injustificable- que sin un IRPF actualizado al IPC, se produce una subida fiscal silenciosa. Lo mismo ocurre cuando se nos anuncian nimias bajadas del tipo de tributación del IBI -como ha hecho recientemente en el Ayuntamiento de Oviedo- mientras las ponencias catastrales siguen asignando a nuestras propiedades inmobiliarias, valores muy alejados (por exceso) del valor real de mercado de las mismas, y que tampoco reflejan las alteraciones sufridas por el IPC.