La manta, el precio y Barrabás


Esto de la política territorial, sobre todo pensando en Cataluña, es como las mantas pequeñas para una persona corpulenta: si quiere tener los hombros calientes, la manta no le cubre los pies. Y si quiere tener calientes los pies, tiene que dejar los hombros descubiertos. Total, que no puede dormir estirada. En la política ocurre lo mismo. La manta no da para todo el territorio. Si un partido quiere ganar el voto españolista, lo primero que hace es endurecer el discurso contra el independentismo. Y entonces el independentismo se pone en su contra.

De hecho, le ocurrió a Pedro Sánchez. Sabedor de que tenía una imagen de debilidad ante los Torra y compañía, en la última campaña electoral trató de combatirla con dureza similar a la del PP y Ciudadanos. Prometió volver a reformar el Código Penal para considerar delito la convocatoria de un referendo ilegal. Aprobó un decreto-ley para combatir la república digital catalana. Anunció una normativa para acabar con el sectarismo en TV3. Y contra la manipulación educativa se comprometió a crear una nueva asignatura obligatoria de formación en valores cívicos y constitucionales.

Ahora los independentistas de Esquerra Republicana -de los de Torra ni hablamos- se lo quieren hacer pagar. El PSOE les pide la abstención en la investidura y ellos -Pere Aragonès, Gabriel Rufián- echan mano de esta memoria histórica y le dicen: «Tú no eres nuestro Pedro, que nos lo han cambiado». Y así hacen acopio de agravios, que es su especialidad, incluyen en el relato la sentencia del Supremo, y lanzan su propio veredicto: ante una actitud tan represiva y basada en la vía judicial, no podemos apoyar a la coalición. Saben que su partido es esencial para la investidura y eso les da una enorme fuerza de resistencia que han empezado a utilizar. Si se lo proponen, pueden cargarse el abrazo de Iglesias y Sánchez, lo cual coincidiría con el objetivo de la CUP en el Congreso: hacer que España sea ingobernable.

Frente a ello, Sánchez tiene un argumento: los dos partidos coaligados son los únicos que propugnan el diálogo. Los demás andan en el 155, en la Ley de Seguridad Nacional o, como Vox, en la detención de Torra. Elijan ustedes, les viene a decir. No se fíe, presidente. Confíe de momento en que se está empezando a negociar y nadie se entrega al primer intento. Estos acuerdos se alcanzan en el último segundo, después de intentar arrancar todo lo posible. Pero al independentismo le gusta una España así, sin Gobierno o poco Gobierno. Y ahora está en el fundamentalismo que tanto tiene de irracional. Pilatos quería liberar a Cristo y, para justificarse, preguntó a los judíos si querían a Jesús o a Barrabás, y los judíos quisieron a Barrabás.

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