Veloces y, sin embargo, con retraso

OPINIÓN

MICHAEL DALDER

26 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

No creo que sea solo el paso de la barrera de los cincuenta lo que me ha hecho perder la prisa, en general, y en los viajes en coche, en particular. Hace tiempo que decidí conducir más despacio. No solo por dejar atrás esa obsesión por llegar antes -dentro de los límites legales, por supuesto- sino para consumir menos combustible, es decir, buscando una conducción más ecológica y haciendo partícipes a mis hijos de la necesidad de cambiar muchas conductas, si queremos que tengan un mundo del que aún se pueda disfrutar.

Pero hete aquí que, circulando a poco más de 100 km/h. por el carril derecho de la autopista, es frecuente aproximarse a vehículos que circulan más despacio. Y hay que adelantar. Para ello acelero hasta el límite de velocidad de la vía. Pero, en ocasiones, hay que adelantar a varios vehículos, lo que suele llevar, generalmente, bastante menos de un minuto. No es raro que en ese breve lapso de tiempo surja en el horizonte del espejo retrovisor interior un destello que en muy pocos segundos se convierte en un vehículo de gama alta de los que solo pueden circular por el carril izquierdo con las luces largas puestas. Un vehículo cuyo precio parece incluir la exoneración del cumplimiento del Código de Circulación, liberando de responsabilidad a quienes comprometen así la seguridad vial de todos.

Como digo, no es extraño verse sometido a este abordaje varias veces en un viaje. Y, como analista de la conducta, me suelo fijar en qué tipo de vehículos los acometen y en las señales que emiten sus ocupantes. Aunque en estos episodios participan también sucedáneos de deportivos para clases populares -los entrañables macarras de toda la vida-, suelen estar protagonizados por vehículos de los que los producidos en las Fábricas Bávaras de Motores de mi ciudad natal son genuinos representantes. Los macarras con pasta, que se han venido arriba últimamente. Dada la plaga de SUVs, empiezan a abundar estos «todoterrenos para la exhibición urbana» de color negro con banderita amarrada a un retrovisor que ningún otro ha de ultrajar. Además de reclamar paso libre por derecho meritocrático con las luces de carretera, pueden añadir ráfagas, pitidos y gestos poco amistosos, incluso si te encuentras en pleno adelantamiento. Cómo osamos alterar su privilegiada velocidad de crucero. En fin.