El «show» de Trump


Barak Obama no pudo haber estado más acertado a la hora de describir la presidencia de Donald Trump como un reality show que se ha extendido a la durísima y extenuante campaña electoral. Cuando esta enfila ya su recta final, las espadas de los contendientes están más afiladas que nunca y las noticias que llegan desde el continente americano son cada vez más descorazonadoras, se precisa una inyección de sensatez y moderación para seguir adelante. Más aún tras la declaración del director de la Inteligencia Nacional, John Ratcliff, de que cierta información sobre los votantes norteamericanos ha sido «hackeada» por Irán y Rusia y a la vista de los mensajes en los que se amenazan a demócratas registrados para que voten a favor de Trump bajo pena de sufrir «las consecuencias».

Todo en este proceso electoral resulta sucio, rocambolesco y desatinado. Siendo, quizás lo más desconcertante, el anuncio del contagio de Trump, su fugaz paso por un centro médico y su «milagrosa» recuperación. Resulta muy difícil de entender con las decenas de miles de muertos que la pandemia ha ocasionado en su país. Un septuagenario con exceso de peso, sedentario y, probablemente, con alguna patología asociada a la edad, logra superar una enfermedad mortal gracias a un cóctel farmacológico que, sin embargo, no se ha distribuido al resto de los pacientes. Cuesta creerlo y parece más un golpe de imagen para afrontar las críticas sobre su gestión de la pandemia que un acontecimiento real.

Aunque seguramente no va a influir demasiado en el sentido del voto como tampoco parece que lo vayan a hacer los últimos discursos de los candidatos. Las posturas están muy enfrentadas y EE.UU. está más dividido que nunca, lo que, sin duda, no es bueno ni para el país ni para el resto del mundo.

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