Si no estuviésemos en la Unión Europea, España sería con suerte… Argentina. Es decir, el resultado de un populismo tipo peronista, que logró hundir a uno de los países más prósperos del planeta a comienzos del siglo XX. Y aun dentro de la UE, menos mal que nos escondemos tras las faldas de Francia, que si no…

Christine Lagarde es francesa y preside el Banco Central Europeo. Francia se desfonda, precisa barra libre de financiación por el BCE. Su deuda pública ronda el 115 % del PIB. ¿Me explico? Sin embargo, todo tiene un límite. Va a ser difícil costear así su nueva generación de submarinos nucleares y otras armas de su Force de frappe, que a la postre es lo único que tenemos los europeos para no convertirnos en un protectorado ni en víctima de potencias tiránicas. Pero, algún día, pronto, habrá que saldar deudas.

¿Alternativas? Claro. Podemos emular a Domingo Cavallo y su corralito. O a Alan García, cuando decidió no pagar la deuda peruana. Advino el colapso. Incluso podemos volver a la peseta y devaluar cada seis meses, o cada tres. O podemos seguir otros 40 años siendo subcampeones del paro en Europa, aunque superando ya la plusmarca del 26%, si nos aguantan.

Entre los estados más saneados y eficientes de la UE seguimos estigmatizados. Estamos en el grupo de los PIGS, ¿recuerdan? El establishment español no quiere que lo recuerden. Tanto da que los saneados tengan gobiernos socialdemócratas (Suecia, Dinamarca, …), cristianodemócratas (Alemania, Austria, …) o liberales (Países Bajos). El color de las banderolas es lo de menos. Lo vital es la seriedad, el rigor, la eficiencia, los resultados. Esos ingredientes no se dan aquí, en el extremo sur de Europa. Tal vez haya que recurrir a la curatela sobre el pobre pródigo. Repásese el derecho romano.

Hay que elegir pues, si queremos deambular más décadas por la decadente senda castizo-peronista o ir por la ruta segura. Luego, que nadie se llame a engaños. Cuando Francia asuma que para sostener su futuro ligado al euro hay que ordenar los libros, se va a terminar la juerga de vivir permanentemente de fiado.

No podemos proseguir con la política de presumir de la fachada más modenna y tapar los corroídos cimientos. No podemos darle patadón pa’lante a la deuda y endosársela a los escasos niños y jóvenes a los que ya le endosan hoy cotizaciones más elevadas y salarios netos más míseros. Si son espabilados iniciarán, sin ninguna duda, sus vidas laborales en otros lares. No los aboquemos a eso. Por favor. Es mal negocio para todos y todas.

Por Manuel Blanco Desar Economista y politólogo, autor de «Fraternidad europea»

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PIGS, otra vez