La Hispanidad, la raza y Ayuso

Uxio Labarta
Uxio Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Ricardo Rubio | Europa Press

07 oct 2021 . Actualizado a las 08:56 h.

En tiempos de Franco no se celebraba con especial énfasis el 12 de octubre. Se celebraba el día de la victoria, o el 18 de julio, día del alzamiento contra la República, con paga extraordinaria incluida. Y si acaso el día del caudillo. Lo de la Hispanidad, antes día de la raza, fue más bien a partir de la Transición. Viéndose necesitada la UCD de eliminar las efemérides antes citadas por razones de decencia obvia, hizo hincapié en el 12 de octubre declarándolo «fiesta nacional de España y día de la Hispanidad», que el PSOE en 1987 dejó en «día de la fiesta nacional de España». Sutilezas.

Otra cosa es la concepción de la historia subyacente siempre a estas fiestas nacionales y celebraciones. Unas interpretaciones de la historia que se transmitían en aquella Formación del Espíritu Nacional. Unas interpretaciones que incluían «la acción de España en América y el valor de la comunidad de los pueblos hispánicos, y las instituciones y principios fundamentales del Movimiento Nacional». Y desde 1954, el estudio de la política española en África que, sin citar la guerra de Marruecos ni el desastre de Annual, se justificaba en la histórica vinculación de lo africano a todo lo español (sic).

Dejando en un segundo plano chascarrillos retrecheros sobre nombres y apellidos y su origen, la enjundia última sobre la Hispanidad o la América redimida está en esa afirmación asombrosa en la que Isabel Díaz Ayuso define el indigenismo como «nuevo comunismo». O cuando Díaz Ayuso recrimina al papa Francisco por la carta que escribe, con motivo de los 200 años de la independencia, al presidente de México, López Obrador: «A mí me sorprende que un católico que habla español hable así a su vez de un legado como el nuestro». Dos afirmaciones acordes al contenido de la Formación del Espíritu Nacional y a los gritos de «Tarancón al paredón», o contra el papa Montini -«Sofía Loren, sí; Montini, no»-, de aquellos falangistas, luego guerrilleros de Cristo Rey o militantes de Fuerza Nueva, cuando tomó naturaleza pública el anticlericalismo de derechas, un punto agresivo él.