Orgullo y Derechos Humanos

OPINIÓN

Participantes en la marcha del Orgullo en Gijón
Participantes en la marcha del Orgullo en Gijón Eloy Alonso | EFE

28 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En la celebración del Orgullo LGTBI hoy, 28 de junio, los que hemos podido ser testigos (y hemos remado a favor) de los avances conseguidos en los últimos veinte años, tenemos sentimientos encontrados. Ahora que el colorido arcoíris y la proclamación del respeto a la diversidad es mainstream y lo reproducen con profusión todo tipo de instituciones, empresas y entidades, a muchas de las cuáles les importa poco o nada otra clase de desigualdades, siento que un éxito colectivo tiene esta clase de vicisitudes, gajes del oficio e inevitable pinkwahsing. No olvidemos, en todo caso, que lo que conmemoramos hoy es la revuelta de Stonewall, es decir, las manifestaciones y disturbios frente a la represión policial en el Greenwich Village neoyorquino de 1969. Reivindicar derechos significa siempre incomodar y, cuando es necesario, confrontar, aunque eso no guste.

Por eso, además de la celebración y la feliz irreverencia, que afortunadamente anima al movimiento LGTBI y sigue siendo necesaria para sobrevivir, también es preciso molestar recordando lo mucho que arriesgan las personas que quieren vivir en libertad su orientación sexual y expresión de género. En efecto, hoy es un día para combatir con fuerza la persecución frente al colectivo LGTBI, en todos los países, porque siguen siendo amplísimas y muy extendidas las violaciones de Derechos Humanos dirigidas a sofocar con saña los derechos de las personas LGTBI. Como recuerda ILGA (Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Trans e Intersex-LGBTI), 70 Estados penalizan por ley las relaciones entre personas del mismo sexo con castigos físicos y cárcel, y en 11 de ellos puede aplicarse la pena de muerte; una cifra que se mantiene en los últimos años. En África y Asia, se concentran casi la totalidad de los países que mantienen leyes penalizadoras como por ejemplo, Camerún, Kenia, Senegal o Uganda (en África);  Bahréin, Egipto, Irán, Marruecos y Túnez (Oriente Medio y Norte de África); o Indonesia y Malasia (Asia). Arabia Saudita, Brunei, Irán, Mauritania, Nigeria (en 12 Estados del Norte) y Yemen son los seis países que aplican efectivamente la pena de muerte como castigo para las relaciones de personas del mismo sexo.

Existen países donde la violencia y crímenes de odio contra personas LGTBI son habituales, incluso cuando cuentan con leyes que ofrecen protección al colectivo. En América, en países como Argentina, El Salvador, Haití, Honduras, República Dominicana o Venezuela, se mantienen niveles elevados de crímenes de odio, discriminación, asesinatos y persecución contra activistas LGTBI. Brasil sigue siendo el país del mundo donde más asesinatos se producen contra las personas trans (125 en 2021). Entre el 1 enero de 2008 y el 30 septiembre de 2021 al menos 4.042 personas trans fueron asesinadas en todo el mundo según las estadísticas del Observatorio de Personas Trans Asesinadas, de la red Transgender Europe. El 2021 fue el año con mayor número de asesinatos de personas trans: 375 registrados entre el 1 de octubre de 2020 y el 30 de septiembre de 2021.