El difícil papel de las izquierdas en un mundo sin utopías

OPINIÓN

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente de Francia, Emmanuel Macron
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente de Francia, Emmanuel Macron Alberto Ortega | EUROPAPRESS

05 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La fuerza creciente de los movimientos conservadores y, especialmente, el atractivo de las extremas derechas entre un sector de las clases populares es un fenómeno que desconcierta a los políticos e intelectuales de izquierdas e incluso a demócratas de lo que suele denominarse centroderecha. Siempre hay explicaciones coyunturales para cada país y para cada proceso electoral que confirma esa tendencia, pero cuando esta es universal y constante se convierten en insuficientes, hay que buscar causas más profundas.

Lo más destacable de las últimas elecciones de Andalucía no es que las fuerzas de derechas obtuviesen mayoría de escaños en el parlamento, sino que PP, Vox y Cs recibiesen el 60% de los votos. En 2018, con una participación menor, no se olvide, habían logrado la mayoría parlamentaria, pero con el 50% de los sufragios. Ahora la movilización del electorado fue mayor y el apoyo que consiguieron, abrumador, subió el 10%. Por supuesto, hay motivos específicos, entre ellos que es la única comunidad autónoma en la que se produjo un gran escándalo de corrupción del PSOE y, como se comprobó con el PP, el castigo puede tardar, pero llega. Ahora bien, el rotundo giro conservador de Andalucía sigue a contundentes victorias de las derechas en Galicia, Madrid y Castilla y León y a encuestas que, desde hace meses, reflejan una mayoritaria inclinación del electorado en ese sentido, el domingo y el lunes se publicaron las últimas.

Si esto sucediese solo en España habría que fijarse en las características particulares de la política de nuestro país, pero es un fenómeno europeo e incluso mundial. En nuestro continente, solo en Portugal gobiernan los socialistas con mayoría absoluta y lo hacen en coalición en España, los países escandinavos, Finlandia y Alemania, en todos los casos muy debilitados si se comparan sus resultados electorales con los de hace unos años.