Solo queda la amnistía política (II)

OPINIÓN

Miles de personas se concentraron en la céntrica plaza de Felipe II desde las once de la mañana para el acto contra la amnistía.
Miles de personas se concentraron en la céntrica plaza de Felipe II desde las once de la mañana para el acto contra la amnistía. Borja Sánchez Trillo | EFE

11 oct 2023 . Actualizado a las 20:12 h.

I.- Sobre el título:

En otro sitio ya dije que el escribano no debe explicar todo de lo que escribe; que algunas cosas deben permanecer entre nubes o nieblas para instigar a fantasmas y fantasmadas. Ello tiene un riesgo, pues los no muy listos, ellos y ellas, puede que no lo entiendan o que lo entiendan mal, al revés. Hay veces, no obstante, que hay que explicarlo todo, «toro, toro» como dijera un nuncio filipino, incluso hasta el título de un artículo en periódico digital.

La amnistía, en cuanto acto del Poder legislativo, siempre es de naturaleza política; «política» o antro de víboras, de embrujos y sortilegios. El problema está en saber si las amnistías son, también, jurídicas. En primer lugar, parece que sin duda lo son, pues no hay acto más jurídico que una amnistía, proveniente del Parlamento. Pero cuando el Legislativo, de manera aberrante, dicta un acto contrario a la Ley, entonces tal acto político, deja de ser jurídico en sentido auténtico, más allá del simple formalismo (pulchrerrima forma). Y eso es lo que trataré de explicar más adelante, más en el siguiente que en el presente, y no habiendo leído el texto definitivo, que es exigencia de prudencia o de tiquismiquis. Y amnistía a los del «procés», a la que soy tan contrario. 

Quiera Dios que la ignorancia y ceguera del tal, Pedro o Pedrito, no lleve a término esa amnistía, si bien comprendo el atolladero o el atasco en el que está metido: haber indultado a los «jefazos» del procés, y dejado al pairo a los miles de catalanistas, que hicieron lo mismo que sus jefes, éstos (jefes) ya indultados, no así los otros, los subordinados y aún «presuntos» delincuentes, estando también pendiente lo de Puigdemont, los Pujol y hasta lo de la Borrás. Y lo que, con ocasión de los indultos de 2021 se veía venir, llegó ahora y de qué manera. ¡Pobre Pedrito!

Un apologista y «apolo/jeta» de la futura amnistía escribió: «Asimetría entre los dirigentes ya indultados y los cientos de sus adláteres y ciudadanos comunes que habitan la angustia». El profesor Enrique Gimbernat, en el ABC del 24 de septiembre de 2023, en «Indultos generales y amnistías», escribió que la amnistía afectaría a 1432 personas. Y Cuadra Salcedo, en Gracia y Justicia, escribió: «Procesos (a funcionarios y segundos o terceros niveles de la Administración autonómica de Cataluña) que afectan a cientos de personas e indirectamente (familiares, amigos, etcétera) a varios miles». 

Atolladero inmenso para los más listos y los más ignorantes, también para él, el más escaso en inteligencia creativa en investigaciones doctorales y universitarias en Universidad de pacotilla. Que al LIDER, Pedro Sánchez le hayan hecho creer lo contrario, que es muy sabio y listo, es lo normal, siempre ocurrió así antes, incluso antes de los romanos. En tiempos romanos se engañó hasta Julio Cesar, que terminó muy mal, como expliqué en el artículo de la semana pasada y se puede leer en Los idus de marzo de Thornton Wilder. 

II.- El temor de los gobernantes en la teoría:

Ya expliqué que lo propio de la Ciencia Política, la naciente a partir del siglo XVI y posteriores, fue escribir del miedo de los gobernados como elemento constituyente de la Política, y jamás del miedo de los gobernantes. Esa primera Ciencia Política y la sucesiva, hasta ayer mismo, hasta Hannah Arendt, fue muy machista; era la Política asunto de hombres y nunca de mujeres, separados unos y otras de manera total, sin términos medios o mezcolanzas entre lo masculino con lo femenino. 

Hannah Arendt, aunque llegada muy tarde, tuvo tiempo para escribir en La mentira en política lo siguiente: «El secreto, el engaño, la falsedad deliberada y la mentira descarada, utilizados como medios legítimos para lograr fines políticos, han existido desde el comienzo de la historia documentada». No se podía contemplar el miedo de los poderosos, un miedo que era propio de «afeminados o pusilánimes», imposible en varones tan acreditados, fueren reyes o papas, de valentía ciega y jamás de poses, contorneos suaves o maneras ambiguas en cinturas y manos, siempre éstas con muchos cuchillos y navajas. ¡Cómo el poderoso, con garras y cuyo único objetivo debía ser la guerra, va a ser un afeminado y/o temeroso!

Volvamos nuevamente atrás; primero con Maquiavelo, el más importante pensador italiano de la Política, y luego con Hobbes, el más importante pensador inglés de la Política. Demócratas y también dictadores, de derechas y de izquierdas, hasta los chinos comunistas y progresistas como Foucault y otros pederastas, que se sintieron fascinados por las ocurrencias políticas del italiano y del inglés, dos clásicos universales de la Política. 

El Capítulo XXV de El Príncipe, tan importante, pues en él Maquiavelo trata de la Fortuna dice un disparate, que no me atrevo a escribir, a continuación de lo siguiente: «considero que es mejor ser impetuoso que cauto, porque la fortuna es mujer, de manera que, para someterla, es necesario…». Maquiavelo, que escribe acerca de lo que El Príncipe debe ser para conservar el poder (más que para alcanzarlo), jamás patrocina que sea temeroso o pusilánime, pues entonces lo perderá inmediatamente. Y si nació temeroso, lo tendrá que disimular. ¿Afeminado o vacilón el modelo don Fernando de Aragón, llamado como su primera esposa, el Católico? Imposible. Ni afeminado El Príncipe ni sus secretarios. 

Y siempre que de italianos se trata, incluso de Maquivelo, es de recordar, por si acaso, lo dicho por Jean Guitton, el gran amigo de Pablo VI: «Los italianos no creen en nada, ni siquiera, añadiría yo, los que trabajan en el Vaticano. Y un monstruo, como el Leviatán de Hobbes, tan temible en tierra y mares, como las medusas y las serpientes gigantes, de tanto pavor, no puede ser miedoso, ni dar pie a ser de color de rosa, ser de los del Arco Iris o hermafrodita. 

Y recuérdese que por el miedo cuando estábamos en el estado natural, importante capitulo 13 del Leviatán, se contrató al Estado, al Leviatán, de un Poder Absoluto, para evitarlo, estando ahí, como ya dijimos, la razón del artificio político, viniéndose todo abajo, pudiendo hasta desobedecerle, si el Leviatán es miedoso o dudoso. Ni un Leviatán miedoso, ni miedosos los muchos «machitos» que lo dirigen, frente a los curritos ciudadanos. 

III.-El temor de los gobernantes en la práctica: 

Es sabido que una cosa es la teoría y otra la práctica. El miedo es una pasión humana, y los gobernantes o poderosos también lo son, de miedos terribles. Y harán ostentación de que carecen de miedo, no siendo eso de crédito. Pudiera ser que solo los locos no tengan miedo, y sobre ellos ya escribió André Maurois: «Todo hombre con demasiado poder se vuelve loco». Acaso por eso el número de locos sea tan elevado. Dosis de miedos, manifestadas unas veces a lo bruto, y otras veces disfrazadas de prudencia y de otras virtudes. 

Por tener mucho miedo los gobernantes necesitan consultar continuamente, sobre su futuro, a brujos y a brujas, a Tezanos y a otros como Tezanos.  A veces la cosa se enreda de tal manera, acaso como ahora, que se han de tomar decisiones muy arriesgadas, pues no queda otra posibilidad o remedio. Y no es frecuente, para disimular el miedo, que los gobernantes, incluso para atacar a la oposición, hablen de su hipotética detención, asunto sobre lo que Pedro Sánchez habló, incomprensiblemente, antes de las elecciones del 23-J. Escribe Guglielmo Ferrero: «El Poder siempre tiene miedo de los hombres a los que somete. Por eso Caín tiene miedo de Abel, por eso termina matándolo».

IV.- Los indultos de 2021:

Los nueve indultos a los condenados en el «procés» (Reales Decretos números 456 a 464, de 2021, y uno por cada condenado, se publicaron en el BOE. Todo muy correcto si no fuera por las denuncias de irregularidades, especialmente la falta de arrepentimiento de los condenados (artículo 25 de la Ley de 1870), que resultan de la lectura del Informe, de 26 de mayo de 2021, de Indulto de la Sala Penal del Tribunal Supremo emitido en el expediente tramitado con ocasión de la ejecutorias correspondiente a la Causa Especial 3/20907/2017. 

Hay que tener en cuenta:

A).- Que lo indultado fueron las penas privativas de libertad impuestas a los nueve condenados.

 B.-  Que los indultos se condicionaron a no cometer delito grave en un periodo de tiempo.

C).- Que en esta materia incidió la desafortunada reforma del Código Penal por la Ley Orgánica 14/2022, de 22 de diciembre, despenalizándose la sedición y se modificaron, entre otros, los delitos desordenes públicos y malversación. Esa reforma obligó a la Sala 2ª del Tribunal Supremo, Auto número 1228/2023, a ajustar las penas impuestas en el «procés», teniendo en cuenta la nueva normativa más favorable, que,  como se dice en el Auto supuso un renovado juicio de tipicidad. 

Daniel Gascón, en el diario El País del 17 de noviembre de 2022, escribió: «las dos reformas de la sedición y de la malversación se inspiran en nuestra mejor tradición de oligarquía y caciquismo, y protegen a una clase: no todo el mundo puede encabezar una acción sediciosa o trapichear con dinero público». 

D).-  Que del texto de los Indultos, no se desprende crítica del Gobierno al Tribunal sentenciador, lo cual es lo correcto. Y ese mismo juicio lo hace Tomás de la Cuadra Salcedo en El País del 8 de septiembre de 2023: «Las lectura de los reales decretos de indulto pone de manifiesto ese exquisito respeto a las sentencias cómo los indultos responden a razones que en nada afectan a la lógica y justicia misma de las sentencias». 

E).- Naturalmente que no se indultaron a las otras personas, mencionadas al final del primer número (I) de este artículo, ni a los Puiyol, ni a Puigdemont ni a la Borras, a todos los cuales se quiere ahora amnistiar, excluido por prohibición constitucional el indulto general. Ese es el problema al que hay que revestir o «hacer de la necesidad virtud».

V.- Y solo ya queda la amnistía: 

Y la gran mentira, embadurnada como la mierda envuelta, con olor y sabor, en celofanes amarillos como oros. Gracias a la amnistía, tendremos «un Gobierno de progreso», aunque los progresistas sean los del «supremacismo étnico». Supremacistas así llamados por el progresista politólogo, Fernando Vallespín, en El País. 

Continuará este artículo con citas de Fernando Vallespín, de Santiago Muñoz Machado y de otros, incluidos los autores de la Sentencia contra los del Procés. ¿Unos «Hechos probados» en Sentencia firme del Supremo son papel mojado?.  

Continuará pues.