Oviedo detectará las «zonas calientes» para la masificación de pisos turísticos

Los urbanistas analizarán las zonas del concejo más suculentas para este tipo de negocio. El concejal del área reconoce que es necesario ordenar este mercado

Turistas en la calle San Francisco de Oviedo
Turistas en la calle San Francisco de Oviedo

Redacción

Una sentencia del Juzgado de los Contencioso Administrativo nº 3 de Oviedo acaba de tumbar la barrera que el Plan General de Ordenación (PGO) de Oviedo mantiene para la apertura de pisos turísticos. El fallo considera que no se ajusta a derecho la limitación de que los negocios estén solo en el bajo o en el primero. El ayuntamiento ya ha anunciado que recurrirá esta decisión. Los urbanistas municipales consideran que es completamente legal ordenar las licencias y delimitar para que no se mezclen actividades diferentes y hasta molestas en un mismo edificio. Sea cual sea el resultado, el concejal de Urbanismo, Ignacio Fernández del Páramo, tiene una cosa clara. Habrá que regular. Si no es con la limitación en el piso será con un porcentaje de licencia. Pero algo habrá que hacer. Está en contacto con ediles de Zaragoza, Madrid o Barcelona donde el problema ya es imparable y no quiere que ocurra lo mismo en la capital del Principado. Por eso, será importante detectar las «zonas calientes», que son esos barrios o calles más atractivos para los viajeros, que son un polo de atracción y que suele coincidir con los centros históricos.

Los pasos que va a dar el consistorio ya están claros. El primero será recurrir la sentencia. Del Páramo cree que existe una base sólida jurídica para ganar el recurso. La idea de que solo se puedan conceder licencias de alojamiento turístico en los bajos, primeros o para edificios completos es no mezclar actividades, para proteger la convivencia con los residentes fijos. «Debemos limitar las viviendas entrelazadas», defiende el concejal. Pero si esto falla, hay plan B. El consistorio está en pleno proceso de revisión del planeamiento y eso es una ventaja. «Tendremos que determinar las zonas de peligro, los lugares donde la situación se puede volver incontrolada. Una vez que las hayamos localizado, entonces veremos cómo lo podemos regular», insiste.

Existen muchos modelos a imitar. Está el de Palma de Mallorca, que ha sido el primer ayuntamiento en prohibir totalmente las licencias de alquiler turístico en pisos. Madrid o Barcelona optan por limitar. Zaragoza, por ejemplo, estudia contrarreloj qué hacer. Se ha convertido en un destino muy demandado para despedidas de soltero y comienzan a producirse problemas graves de convivencia. Fuera de España es muy llamativo el caso de Venecia, donde apenas residen ya de manera estable 90.000 personas, ya que los habitantes han sido expulsados por los precios disparatados de los arrendamientos turísticos. Así que, además de prohibir, se puede restringir el número de licencias en las zonas calientes. Se tiene que determinar cómo pero puede haber un número máximo por áreas o un porcentaje sobre viviendas. Las fórmulas son muy amplias y Oviedo tiene que determinar cuál es la que más se adecúa a sus características. 

Del Páramo reconoce que en la ciudad todavía no hay conflictos pero también es consciente de que si se eliminan todas las barreras la situación puede cambiar. Desde que la normativa regional del alquiler de pisos turísticos y viviendas vacacionales entrara en vigor, en agosto de 2016, el Ayuntamiento de Oviedo ha tramitado un total de 70 permisos. Solo se han concedido siete. El concejal cree que sin ninguna regulación interna dentro del Plan General de Ordenación esta cifra podría elevarse de manera considerable Así que algo que tienen bajo control podría dejar de estarlo. «No queremos caer en el mismo error que otras ciudades», señala.

El responsable de Urbanismo no se queja tanto del particular que destina su piso al alquiler turístico en lugar de al alquiler tradicional. Se refiere más bien a las empresas inversoras que se dedican a los negocios, comprar edificios y los rehabilitan o se hacen con la gestión de inmuebles a cambio de un procentaje de los beneficios. Este tipo de prácticas, según Del Páramos, son las que realmente distorsionan los mercados.    

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