Con una paciencia infinita, retirando tierra y barro gramo a gramo, el equipo principal de arqueólogos lleva dos años descubriendo lo que fuera una rica casa romana de unos 600 metros cuadrados. Puede que lleve más de quince siglos durmiendo plácidamente bajo unas tierras de labranza, pero en su momento de esplendor se trató de una gran casa de un poderoso terrateniente.

Que los romanos tuvieron mucha presencia en Asturias, en contra de lo que pensaba hace pocas décadas, no solo es cierto: cada día se demuestra más. Así lo piensa el equipo científico codirigido por el profesor Elías Carrocera y Juan Ramón Muñiz, que está sacando a la luz espectaculares vestigios de una villa romana de finales del siglo II en La Estaca (Las Regueras), a menos de 15 kilómetros del centro de Oviedo.

Detalle de uno de motivos del mosaico de la villa romana de La Estaca, en el concejo de Las Regueras
Detalle de uno de motivos del mosaico de la villa romana de La Estaca, en el concejo de Las Regueras

Los arqueólogos intentarán en la próxima campaña de excavaciones, este verano, descubrir la identidad de quienes construyeron la casa. «Vamos a tratar de encontrar la puerta de entrada, donde a menudo se inscribía el nombre del propietario», dice Muñiz. Sería un hallazgo fantástico que les ilusiona.

Todo hay que tomarlo con paciencia; los ritmos en arqueología son ajenos al resto de las ciencias. «Hay trabajo para años», afirma Muñiz. Por otra parte, no estamos ante una excavación nueva, aunque ahora ha tomado fuerza gracias a un colectivo vecinal, la Asociación de Amigos de la Villa Romana de San Martín de La Estaca, creada a principios del año pasado, que ha promovido la financiación que el Principado le niega.

Entre 1958 y 1962 se había descubierto un primer mosaico de la casa y trasladado al Museo Arqueológico, en Oviedo. Hace dos años apareció el segundo, un suelo con motivos geométricos primorosamente realizado con teselas, además de un sistema de calefacción y otros elementos que evidencian un lujo poco frecuente.

Una foto histórica del primer mosaico de la villa de La Estaca, que fue retirado en los años 60 y trasladado al Museo Arqueológico
Una foto histórica del primer mosaico de la villa de La Estaca, que fue retirado en los años 60 y trasladado al Museo Arqueológico

Fue, por tanto, una casa rica. Pero igualmente importante para el estudio de la historia es, dice el investigador, que «se trata de un gran propietario de latifundio que presume de riqueza y, aparejado, tenía que existir hay un núcleo de población que trabajaba para él». La villa es espectacular, pero «la información que contiene el poblado es muy grande y esta sería la oportunidad de recuperarla», afirma Muñiz.

Ya extraen los primeros indicios. La localización por georradar les ha permitido tener la certeza de que bajo los prados cercanos hay edificios, caminos y construcciones aisladas que podrían ser casas. «Existía una iglesia (la cristianización se produce más tarde, hacia el siglo VI) que aún no hemos encontrado, y un cementerio, que sí tenemos localizado. Pero hasta que no excavemos, no podemos saber más». El estudio de georradar es muy útil, pero muy caro para sus escasos recursos. «Solo hemos podido prospectar 1,5 hectáreas de las siete que puede abarcar la población», explica Muñiz.

María Rodríguez retira minuciosamente la concreción adherida a las teselas del mosaico de casa romana
María Rodríguez retira minuciosamente la concreción adherida a las teselas del mosaico de casa romana

Lo esencial es que esas personas que trabajaron la tierra, «la gente normal, fue lo que perduró. Los agricultores constituyen el germen de la sociedad asturiana altomedieval cuando se desintegra el imperio romano, el germen que genera una aristocracia del reino de Asturias», señala. Y no hay otra forma de investigarlo que la arqueología porque de ello no han quedado testimonios escritos de esta llamada edad oscura. «Aún no se ha encontrado en Asturias una gran urbe, pero sí campamentos romanos, minas, vías, villas rurales… tenía que existir un gran mercado para mover esa riqueza».

El misterio del éxodo

¿Por qué fueron abandonados la casa y el poblado que trabajaba la tierra? Se sabe que la casa fue construida entre los siglos II y III porque sus ladrillos llevan el sello del alfarero Licinius, que vivió en esa época. Se han hallado ladrillos firmados por su alfar en Gijón y en otros lugares.

A partir de ahí, los investigadores creen que la vivienda siguió ocupada un largo periodo, puede que durante 300 años y, a lo largo de ese tiempo, como todas las casas con vida, fue redecorada (al menos tres veces), experimentó cambios, arreglos, desperfectos e incluso reformas o ampliaciones en función de las necesidades de sus dueños. Después, seguramente al mismo tiempo que la decadencia de la poderosa aristocracia romana, la casa fue abandonada. La fueron cubriendo la tierra y el olvido. También el pueblo, que permanece aún oculto. Tal vez sus habitantes buscaron zonas mejores o el progreso en otra parte: la Asturias vaciada de la época.

La restauradora Mónica Ruiz trabaja en un lateral del pavimento retirando materiales
La restauradora Mónica Ruiz trabaja en un lateral del pavimento retirando materiales

Pero volvamos a la casa, a lo que podemos saber de ella por ahora. Existe un patio central y una serie de habitaciones en torno a él, «las más próximas son las más decoradas y lujosas y luego, más alejadas, están las de los servicios: cocinas, dormitorios…», explica el arqueólogo. El ala occidental y el ala sur tenían calefacción, como una estructura de columnas que dejan pasar el calor por debajo desde un horno y al menos hay dos habitaciones decoradas con mosaicos.

Otra novedad: ¿Dos plantas?

Otro detalle importante, por ahora en teoría: la probable existencia de una segunda planta. Según Muñiz, el grosor de los muros y los arcos apuntan esa posibilidad, que en Asturias sería novedosa. «Existen en Castilla y León, por ejemplo, pero aquí es más difícil de documentar», dice.

¿Podría ser que fuera un gran propietario que viviera en otra parte, al estilo de los grandes terratenientes de la metrópoli romana? Muñiz reflexiona: «Sí, es muy posible. Está claro que la casa no surge de la nada, hay una potencia económica previa, que trae el lujo propio de otra parte».

En cuanto a los bellos (y muy caros en los términos de la época) mosaicos hallados, no dan pistas de la identidad de los moradores. Representan sobre todo motivos geométricos, «aunque hay expertos que señalan configuraciones relacionadas con la agricultura, como soles o viñas, cosas muy relacionadas con el medio rural», explica el arqueólogo.

La labor del equipo

Cada año, armados de su imprescindible paciencia, hacen su trabajo para luego cubrirlo con arena y dejar protegido el yacimiento hasta la próxima campaña. Mientras tanto, buscan financiación mediante el crowdfounding (pequeñas aportaciones de muchos particulares) y difunden lo descubierto en conferencias y hasta en mercadillos. «Recibimos los fondos a través de una cuenta paypal que anunciamos en nuestra página de facebook, pero sin la ayuda de la asociación, sería imposible, porque la Administración no se implica.

Esa falta de empatía histórica es mayor cuanto que el yacimiento despierta un interés poco común. «El año pasado abrimos solo una hora al día para visitas, durante los cuatro días del puente de la Constitución. La respuesta fue increíble: Recibimos 250 personas por día, 1.000 en total». Y eso que la difusión tuvo unos medios modestos. ¿Se podría explotar turísticamente? «Nosotros creemos que sí, pero es nuestra labor, nosotros somos arqueólogos y tenemos ya nuestro trabajo». Que no es poco.

 

Un equipo asturiano de alto nivel

G.G.
Los expertos emplearon la campaña de verano en retirar minuciosamente materiales para dejar al descubierto la casa
Los expertos emplearon la campaña de verano en retirar minuciosamente materiales para dejar al descubierto la casa

Científicos de la región integran el grupo que investiga el yacimiento romano de La Estaca

El equipo que investiga la villa romana de La Estaca (Las Regueras) lo constituye un núcleo de ocho arqueólogos, bajo la codirección del profesor Elías Carrocera y Juan Ramón Muñiz. Junto a ellos, Adrián Piñán, Valentín Álvarez, Alejandro Sánchez, Marta Corrada y Mónica Ruiz.

Además, coordinan un complejo trabajo que realizan varios equipos: topógrafos, análisis petroquímicos, geólogos con Javier Olona al frente, geofísica y otros apoyos externos como especialistas en documentación altomedieval. Hasta el año pasado también participaba Sergio Ríos.

Todos son arqueólogos profesionales. Mónica Ruiz y Marta Corrada son restauradoras tituladas y todos cuentan con una amplia experiencia dentro y fuera de España. «Nosotros participamos en el 95% de las excavaciones romanas de Asturias», dice Muñiz, así como en muchas otras también fuera de Asturias.

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El misterio de una espectacular villa romana