La leyenda de «La Leona», el cañón que aterrorizó a Oviedo

Memoria de un «cerco» que comenzó un mes de julio hace 84 años y que dejó graves secuelas en la ciudad

Milicianos inspeccionan un obús de 155 milímetros, que originó la leyenda de «La Leona» durante la Guerra Civil en Oviedo
Milicianos inspeccionan un obús de 155 milímetros, que originó la leyenda de «La Leona» durante la Guerra Civil en Oviedo

Muchas fueron las toneladas de bombas que cayeron sobre la ciudad durante el llamado cerco a Oviedo (1936-37), el asedio del ejército republicano a las tropas franquistas rebeldes de la capital que comenzó en el mes de julio. A raíz del uso (real) de obuses de gran calibre como el de 155 milímetros en el frente asturiano, el imaginario ovetense creó con notable humor negro y resignación el mito de La Leona: un tremendo cañón que tomó el nombre de la pierna derecha del histórico futbolista Lángara.

Para Artemio Mortera, experto de la Guerra Civil en Asturias y miembro de la Asociación para la Recuperación Arquitectura Miliar Asturiana (ARAMA 36/37), no existió una sola Leona dando zarpazos. «Hay varios sitios donde dicen que estaba y, en realidad, nunca se emplazaba una pieza aislada» en un lugar, sino por lo general una batería: habría, por tanto, varias leonas al mismo tiempo machacando la capital.

Mito o no, los silbidos de los proyectiles que atemorizaban a todo Oviedo partían de una loma situada al suroeste de la ciudad. «Se hablaba de La Grandota (508 metros de altitud, junto a Naves), pero en realidad nosotros encontramos tres casamatas para piezas de 155 milímetros que aún quedan en Bendones, y otras para 105 milímetros cerca de allí», explicaba Mortera. ARAMA lleva años explorando, documentando y luchando por conservar esos restos de la guerra como parte de la historia asturiana, a menudo con poca atención por parte de las administraciones.

Si sobreviven las casamatas y trincheras es, muchas veces, porque para los propietarios de los terrenos en que se encuentran resulta caro destruirlas. A veces, si depende de los ayuntamientos, son simplemente olvidadas y quedan medio enterradas en maleza y basura. Frecuentemente una nueva urbanización o una obra pública las destruye sin contemplaciones.

Ruge La Leona

Algunos de los proyectiles de 155 mm. pudieron ser los que impactaron en la torre de la Catedral, donde se dice que el bando franquista había apostado tiradores. Los republicanos afirmaron que solo querían silenciar el nido, y no dañar a propósito el templo, como por otro lado aseguraron los defensores. Si es así o no, ya es probablemente tarde para juzgarlo. El mito (o historia real) cuenta también que el autor del disparo de la Catedral fue el famoso Celestón el Topu, uno de los líderes mineros y artillero improvisado, al parecer con talento natural para la puntería.

Tanto los cañones de 105 mm. como las presuntas Leonas de 155 mm. eran fabricados en Trubia y se usaron en todos los frentes, desgraciadamente con letales resultados. En el caso de estos últimos, eran armas montadas con licencia francesa del obús Schneider 155/13 C (corto) modelo 1917, modificado en 1922 y que, según Mortera, estuvo en funcionamiento hasta los años 60 «con mucha efectividad».

Ambos bandos atizaron este monstruo durante la Guerra Civil; el ejército republicano dispuso de unas 60 piezas que se repartieron en distintos puntos de España. No era fácil mover sus 3,3 toneladas pese a sus grandes ruedas; tampoco se podía ser de constitución delicada para cargar los más de 40 kilos de cada proyectil.

Eso sí, una vez situado en el sitio adecuado, bien asegurado en plano o bien anclado en una casamata, podía alcanzar con eficacia objetivos a 12 kilómetros de distancia. Por ejemplo, las casamatas de Bendones están separadas del centro de Oviedo, en línea recta, por apenas cinco kilómetros, un punto perfecto para un buen artillero en un lugar elevado y con buenas vistas, como era el caso. El obús no tenía que estar directamente a la vista del objetivo, un observador se colocaba en un punto un poco más alto y daba las indicaciones.

Dice Mortera que el bando republicano también uso piezas inglesas Armstrong Vickers de 127 mm., pero estas pertenecían al ejército del Norte y, aunque operaron en noviembre de 1936 desde la localidad de Vidayán, donde ahora se ubican unas escuelas, luego salieron para el frente de Bilbao.

Que La Leona fuera un mito no quiere decir que los cañones no existieran e hicieran su siniestra labor: de eso no se puede olvidar ninguno de los que sobrevivieron a la Guerra Civil, en ambos bandos.

 

Obuses clavados en el corazón de Oviedo (y a la vista de todos)

GUILLERMO GUITER

La basílica de San Juan y la iglesia de San Pedro de los Arcos aún conservan, incrustados y visibles en su fachada, proyectiles de la Guerra Civil que no estallaron

Siete segundos. Fue el tiempo que el proyectil tardó en llegar desde la boca del cañón hasta la portada de la basílica de San Juan El Real, en pleno centro de Oviedo. De haber estallado, habría causado un considerable daño. No lo hizo, pero se incrustó en la piedra y ha permanecido en ese mismo punto durante 83 inviernos, desde la Guerra Civil. Muchos edificios de la capital asturiana aún conservan las cicatrices de la contienda, pero las de San Juan y la iglesia de San Pedro de los Arcos son singulares.

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