La última vez que Oviedo perdió su muralla

Durante la Guerra Civil un largo tramo del monumento medieval resultó dañado y Aranda ordenó su derribo en 1937

A la izquierda, el tramo de la muralla de Oviedo en la calle Jovellanos que se terminó de eliminar en 1937. A la derecha, el mismo lugar actualmente, donde se ve la cara norte del monasterio de Las Pelayas
A la izquierda, el tramo de la muralla de Oviedo en la calle Jovellanos que se terminó de eliminar en 1937. A la derecha, el mismo lugar actualmente, donde se ve la cara norte del monasterio de Las Pelayas

De lo que fue la muralla medieval del Oviedo antiguo solo queda un tramo más o menos continuo y con mucha maleza en la calle Paraíso, entre Jovellanos y Postigo, de unos 320 metros, cuya limpieza está a punto de comenzar tras numerosos retrasos. Otros vestigios del trazado que se fue comiendo la ciudad a lo largo de cientos de años quedan en algunos puntos, pero lo que es menos conocido es que buena parte del derribo no ocurrió hace siglos, sino durante la Guerra Civil.

En concreto, un buen fragmento de al menos 160 metros de largo que cercaba todo el lado norte del monasterio de Las Pelayas sufrió daños por bombardeos de tropas republicanas a las posiciones franquistas durante el llamado Cerco a Oviedo, a partir de julio de 1936; puede que incluso llegara todavía en esa fecha algo más allá.

Muchos edificios y monumentos de la capital asturiana fueron severamente afectados e incluso derruidos durante la contienda, pero lo peor para la muralla vino después: el coronel Aranda, comandante de los sublevados de Oviedo, ordenó derribar incluso antes del fin del Cerco lo que quedaba en pie -se dice que para usar las viejas piedras en reparaciones de la carretera del Escamplero, una vía fundamental para el acceso de las tropas de Franco-.

Concretamente, este último episodio ocurrió en enero de 1937. Lo más curioso es que muralla había sido declarada Monumento Histórico Artístico en 1931, pero a nadie debió importarle este hecho en plena guerra. Tampoco acabaron ahí las tropelías. La Torre de Gascona, que formaba parte del conjunto defensivo, fue demolida entre 1963 y 1966. 

Según consta en el documento Perjuicios ocasionados en el tesoro artístico monumental de Asturias, firmado por Luis Menéndez Pidal y archivado en la Biblioteca Nacional, «fue destruida toda la línea correspondiente a la calle Jovellanos por acuerdo del Ayuntamiento (20 de enero 1937). Queda en pie el resto de la muralla en la calle del Paraíso». Otro pequeño fragmento se puede ver aún en la calle Jovellanos, frente la Casa del Pueblo de la agrupación socialista de Oviedo.

Las dos murallas del nacimiento de Oviedo

G. GUITER
Puerta Rutilante (brillante), que daba supuestamente acceso a la ciudad episcopal en la muralla original de Alfonso II de Oviedo
Puerta Rutilante (brillante), que daba supuestamente acceso a la ciudad episcopal en la muralla original de Alfonso II de Oviedo

Cuatro puertas daban paso hace doce siglos al recinto original de Alfonso II, que fue el germen del reino asturiano

El germen del Oviedo, nacido hace más de 1.200 años a partir de los palacios de los reyes asturianos y el monasterio de San Vicente, estuvo rodeado no por una, sino por dos murallas. La primera fue minúsculo trazado de unos 750 metros de longitud con forma de óvalo irregular. Era un reino naciente, bajo permanente amenaza, pero que resistió con notable éxito y pudo sobrevivir.

Dentro de esa muralla quedaba lo que hoy es la Catedral, el complejo episcopal, San Tirso y San Vicente, conocido después como Las Pelayas. A pesar de la escasa superficie que ocupaba, unas cuatro hectáreas (como cuatro campos de fútbol más o menos), fue un inicio vigoroso.

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