Un búnker de la Guerra Civil que resiste a las excavadoras

El nido de ametralladoras de San Miguel, protegido por Patrimonio, ha quedado aislado por las obras de la tercera fase del polígono industrial de Bobes

Es un 20 de octubre de 1936. El frente republicano se está derrumbando en Asturias ante el avance imparable de las tropas franquistas. Las posiciones que habían cercado el Oviedo sublevado durante la Guerra Civil van cayendo. Simbólicamente, pues las trincheras y puestos fortificados quedarán casi intactos.

Aislado y solitario, entre excavadoras, camiones y grúas resiste, 84 años después de ser construido y abandonado, un nido de ametralladoras. Es el de San Miguel de la Barreda, en el concejo de Siero, donde se está llevando a cabo el macropolígono industrial de Bobes.

Muchas otras construcciones asturianas, según han denunciado numerosos expertos en historia militar, han ido despareciendo bajo la piqueta. Esta fue catalogada por el Principado en 2013 (resolución de 4 de enero) en el Inventario de Patrimonio Cultural, por lo que, en teoría, goza de protección. Pero existen malos precedentes.

Vista aérea del nido de ametralladoras de San Miguel de la Barreda, donde se está cosntruyendo el polígono de Bobes (Siero)
Vista aérea del nido de ametralladoras de San Miguel de la Barreda, donde se está cosntruyendo el polígono de Bobes (Siero)

Cultura solicitó entonces informes «considerando el interés patrimonial» del nido y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando confirmó su interés. Ya entonces, la sociedad Sogepsa (de capital mayoritariamente público) alegó, ya que la estructura queda en medio de la tercera fase del polígono que esta desarrolla (en la primera se está instalando Amazon y la segunda ya está comercializada). Las alegaciones fueron aceptadas parcialmente, lo que significó en la práctica que el nido quedaría aislado dentro de la urbanización del entorno.

Para Ramón Duarte, miembro fundador de la Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936/1937 (ARAMA 36/37), sobre el nido se cierne una clara amenaza: «desconozco la intención del propietario, pero quisiera divulgar su importancia patrimonial y evitar una posible destrucción» como ya ha ocurrido en muchos otros lugares. «Mejor ser cautos para no quedar con la sensación de que se podría haber hecho algo», añade.

Algo de historia

Por tanto, ¿cuál es la historia -y el futuro- de ese pequeño pero importante vestigio de la contienda que generó, ya en siglo XXI, una escaramuza burocrática? El propio expediente del Inventario señala la ubicación exacta en San Miguel de la Barreda, frente al polígono de Granda y lo describe: 4,9 metros de diámetro exterior y 1,9 metros de altura, un «nido cilíndrico en perfecto estado de conservación» con base de ladrillo y estructura de hormigón, tres troneras y restos de la meseta para la ametralladora en su interior.

Duarte explica que el nido formaba parte de la segunda línea de fortificación «que el bando republicano, a través de la Comisión colaboradora del E.M. de Fortificaciones, construyó en 1937 para contener una posible ruptura de la primera». Era una línea que arrancaba en Santa María del Mar y acababa al oeste de Trubia. Estaba dividida en 22 sectores protegidos por las divisiones 59ª, 60ª, 61ª y 62ª y sus correspondientes brigadas, dice el investigador.

El nido de ametralladora de San Miguel pertenecía al sector nº4 Bobes-Meres (193 Brigada. 60ª División). «Su importancia estratégica viene dada por la proximidad a la antigua carretera Oviedo-Torrelavega y la línea de ferrocarril Oviedo-Santander». 

Líneas del frente de Oviedo durante la Guerra civil, hacia octubre de 1937. Las líneas azules indican posiciones nacionales; las rojas y negras son las republicanas
Líneas del frente de Oviedo durante la Guerra civil, hacia octubre de 1937. Las líneas azules indican posiciones nacionales; las rojas y negras son las republicanas

Como se aprecia en el mapa sobre estas líneas, en el momento en que el bando franquista ya había roto el cerco a Oviedo desde el oeste (a partir de octubre de 1937), se produjo un saliente de tropas nacionales rodeado por norte, este y sur por las líneas republicanas.

En opinión de Duarte, el nido fue abandonado el 20 ó 21 de octubre de 1936, «como casi todas las fortificaciones del área central asturiana ante el derrumbe del frente asturiano en esta zona». Y así llegó hasta nuestros días.

Como decía el Inventario de patrimonio y corrobora Duarte, su estado de conservación es muy bueno «y tiene la tipología típica del nido republicano asturiano» antes descrito. También conserva varias inscripciones en la cubierta en las que se repite el año 1937 «y alguna huella del calzado de los obreros que se subieron a él para rematarlo antes de que fraguara». 

Nido de ametralladoras de San Miguel de la Barreda, donde se está cosntruyendo el polígono de Bobes (Siero). Formó parte de la línea defensiva republicana durante la Guerra Civil
Nido de ametralladoras de San Miguel de la Barreda, donde se está cosntruyendo el polígono de Bobes (Siero). Formó parte de la línea defensiva republicana durante la Guerra Civil

«El único factor que podría devaluar su valor histórico podría ser su descontextualización en un entorno industrial, pero aun así hoy en día hay soluciones arquitectónicas que lo pueden convertir en un icono dentro del polígono, de una parcela e incluso dentro de una nave», asegura el miembro de ARAMA 36/37.

 

En las entrañas de El Cueto

guillermo guiter
Artemio Mortera en El Cueto, un búnker que constituye la fortificación más importante de Asturias de la Guerra Civil
Artemio Mortera en El Cueto, un búnker que constituye la fortificación más importante de Asturias de la Guerra Civil

Un baluarte republicano perfectamente conservado que nunca vio un tiro

Es un día gélido, lluvioso y plomizo en Oviedo, que de inmediato traslada al visitante a la miserable situación de la guerra. Artemio Mortera tiene la llave del candado que cierra un gran portón de la finca privada en la que descansa «la fortificación más importante de Asturias de la Guerra Civil». Se trata de El Cueto, un coloso de hormigón inverosímilmente adosado a un pequeño convento abandonado con perfectas vistas de la capital. 

«Cuando llegamos aquí (la asociación Arama) por primera vez había cuatro monjas, la más joven de 67 años», explica Artemio. Tuvieron que pedir permiso al Arzobispado puesto que eran religiosas de clausura «que subsistían con la comida que les donaba el Ayuntamiento de Siero», cuenta, aunque conservaban impecablemente el lugar. Vivían armoniosamente y en silencio junto a un búnker.

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