Así lucha la policía contra la violencia de género en Asturias: no dejan nunca solas a las víctimas
LA VOZ DE OVIEDO
La Policía Nacional cuenta con una unidad especializada en este tipo de delitos: la UFAM. Los agentes que conforman este equipo trabajan día y noche para que las mujeres maltratadas puedan rehacer su vida
08 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Como si fuesen ángeles de la guarda, siempre están ahí. Trabajan las 24 horas de los 365 días del año para frenar los malos tratos, abusos sexuales y cualquier tipo de violencia ejercida, principalmente, sobre la mujer. Cada miembro de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM), perteneciente a la brigada judicial de la Policía Nacional, se entrega por completo, dando lo mejor de sí, para brindar apoyo, protección y justicia a cualquier víctima del machismo en Asturias. Gracias a su dedicación y compromiso, muchas asturianas han logrado cerrar heridas, recuperar sus vidas y dejar atrás el miedo.
Va a hacer una década que esta unidad policial, que cuenta con siete delegaciones en Asturias, entró en funcionamiento para luchar activa e incansablemente contra la violencia de género. Desde entonces, al menos en la de Oviedo, no llevan la cuenta de los casos que han atendido porque los números no les importan: su única preocupación son esas mujeres que sufren en carne propia la lacra del machismo. Que estas víctimas estén lo más seguras posible, no se sientan solas en ningún momento, es realmente su prioridad. Ese es su verdadero compromiso.
A nivel nacional, los casos de violencia de género han aumentado en un diez por ciento. Esto no quiere decir que haya un mayor número de víctimas en comparación con los últimos años sino que la mayoría de las mujeres que sufren malos tratos se animan a dar el paso y buscan ayuda para salir del infierno en el que llevan tiempo metidas. «Ahora las víctimas están más sensibilizadas y concienciadas a la hora de denunciar», asegura Elia Arenas, una de las oficiales de la Policía Nacional que forma parte de la UFAM de la comisaría de Buenavista de Oviedo.
No existe un perfil único de víctima de violencia de género. Sin embargo, la edad media de las mujeres maltratadas está disminuyendo, ya que muchas jóvenes son cada vez más conscientes de que ciertos comportamientos no se pueden tolerar, como el control del móvil y las redes sociales por parte de la pareja. Al ser capaces de detectar estos delitos que se dan por usar las tecnologías se animan a denunciarlos. Así lo afirma José Luis García, inspector jefe de esta unidad policial que opera en la capital asturiana. «Los menores, gracias a las charlas que la Unidad de Participación Ciudadana imparte en los colegios, están más concienciados sobre las formas de abuso que no deben permitirse».
«Las víctimas no siempre se prestan a colaborar»
Aunque el número de denuncias sigue en aumento, el principal desafío para los miembros de la UFAM de Oviedo es hacer comprender a las mujeres maltratadas que no tienen que tener miedo a la hora de contar su testimonio. Es fundamental que relaten el calvario que han vivido y viven para poder salir de esa situación. «Las víctimas no siempre se prestan a colaborar. Hay veces que incluso el caso queda sobreseído o que cuando llega el momento del juicio no quieren seguir adelante», lamenta Elia Arenas. No obstante, como la Policía Nacional y el propio juzgado tienen conocimiento de los hechos, ambas partes actúan de oficio para velar por el bienestar de la víctima.
La principal razón por la que muchas mujeres maltratadas no se atreven a denunciar es el vínculo sentimental que aún mantienen con su agresor. «Esa dependencia emocional hace que les cueste salir de la situación, por más que las intentamos ayudar y les ofrecemos todos los recursos de los que disponemos, así como judicialmente como del resto de las instituciones», dice Elia Arenas.
En este punto, su jefe, José Luis García, señala que la dependencia económica ya no tiene la misma influencia que en el pasado, cuando era «brutal». «Afortunadamente hoy en día muchas mujeres están incorporadas al mercado laboral y muchas tienen una independencia económica. Pero, aunque la víctima sea completamente independiente económicamente, como esa dependencia emocional, en muchos casos, es muy fuerte, no es capaz de dar el paso», asegura el inspector.
Si hay menores de por medio, la situación se vuelve «aún más difícil», ya que el miedo a que sus hijos sufran represalias hace que muchas mujeres no se animen a denunciar. Cabe recordar que cuando una mujer solicita medidas de protección puede pedirlas también para sus retoños. «De todas formas, en el momento en que hay una denuncia de violencia de género, por lo general, como medida cautelar, se le prohíben las visitas al agresor. Salvo que por informes se considere que es perjudicial para los menores», apunta José Luis García.
Quienes se atreven a denunciar lo hacen animadas por un familiar o por el Instituto Asturiano de la Mujer, quien pone a disposición de la víctima una abogada especializada en violencia de género. Hay algunas mujeres que tras pasar por comisaría para solicitar asesoramiento terminan interponiendo una querella. En algunos casos, la situación acaba en manos de la justicia por el simple hecho de haberse producido una intervención policial. «Si por ejemplo ha habido una pelea en la calle. Si ha habido algún testigo o porque hablamos con la propia víctima, conocemos el caso y animamos a denunciar», apunta Arenas.
En el momento que una víctima de violencia de género cursa una denuncia por malos tratos se activa un protocolo de actuación, con el objetivo de que la denunciante esté «lo más segura posible». Antes de nada, la Policía Nacional proporciona a las víctimas información sobre los derechos que les corresponden, como el acceso a un abogado del turno de oficio, la posibilidad de solicitar una orden de alejamiento, las ayudas económicas y sociales que existen al respecto, así como la opción de abandonar su hogar para reubicarse en las casas de acogida gestionadas por el gobierno asturiano.
Varios miembros de la UFAM, mientras, comienzan con la ardua labor de investigación. Se entrevistan cuanto antes con la mujer maltratada para conocer en profundidad todos los detalles del caso. «Como una víctima cualquiera se le da el tiempo suficiente para que relate lo ocurrido», precisa Elia Arias, consciente de la importancia de que cada mujer se sienta escuchada y comprendida durante el proceso. Una vez que conocen la situación, así como las características personales del agresor y de la víctima, se establece un nivel de riesgo —no apreciado, bajo, medio, alto o extremo— que determina el tipo de protección.
«Si se trata de riesgo bajo, cuando se celebre la vista oral se acompaña a las víctimas al juicio. Cuando es riesgo medio también se les acompaña a los centros de salud. Un riesgo alto implica una vigilancia permanente del domicilio de la víctima y de los colegios de los menores. Con un riesgo extremo, se vigila a la víctima las 24 horas del día. Hay permanentemente un coche en el domicilio de la víctima, hasta que se localiza el agresor», precisa José Luis García.
«A partir del 30 de junio “el riesgo no apreciado” desaparece. Va a haber, por tanto, un riesgo bajo con medidas o sin medidas, en función de si hay orden de alejamiento o no», explica José Luis García.
Para garantizar la seguridad de la mujer maltratada, la Policía Nacional pone a todos sus agentes a disposición de la UFAM. «Todo el cuerpo está implicado desde la investigación hasta la resolución de los delitos. Si hacen falta más agentes se ponen por parte de la Jefatura Superior de la Policía de Asturias», aseguran. Trabajan además coordinados con la Policía Local de Oviedo para tener así refuerzos de cara a las funciones de protección.
Con independencia del nivel de riesgo, a la víctima se le proporciona un número de teléfono disponible las 24 horas del día, a través del cual se les ofrece asesoramiento y apoyo moral. «La unidad de protección está siempre en contacto con ellas hasta que el riesgo es no apreciado», asegura el inspector jefe de la UFAM de Oviedo. En este punto, José Luis García explica que periódicamente se evalúa el riesgo para ver si este ha bajado o no. «Lo normal es que con el tiempo el agresor se vaya distanciando y se calme la situación», confiesa.
En el momento que se «calma» la situación, «las víctimas pueden ya rehacer sus vidas». Cuando las mujeres que han sido maltratadas por fin ven que hay mundo «mucho más allá», los miembros de esta unidad policial no caben de sí en su gozo. Aunque para ellos ya es un triunfo que las personas que sufren violencia de género pongan su caso en manos de la justicia.
«No podemos erradicar la violencia de género pero intentamos ayudar a la víctima, que se de cuenta que para paliar la situación lo primero que hay que hacer es poner una denuncia, sobre todo cuando hay menores de por medio, y después seguir adelante», manifiesta Elia Arenas.
«Sabemos que es un proceso duro pero no tienen porqué soportar esa situación. Realmente el esfuerzo que hagan (las víctimas) va a merecer la pena porque, por supuesto, su vida va a mejorar y van a poder comenzar una nueva vida. Van además a sentirse acompañadas en todo momento, que eso para nosotros es lo más importante», apunta José Luis García.
La UFAM se encarga también de luchar contra la violencia doméstica, así como de poner freno a las agresiones sexuales. En este ámbito, aseguran que ha habido «un aumento significativo» de casos de este tipo de delito, que abarca desde la violación hasta el acoso, debido a que la sociedad está cada vez más concienciada al respecto. «Antes, cuando una estaba en un bar por la noche y le tocaban el culo, lo dejaba pasar, pero ahora ya no», aseguran.
Este cambio de mentalidad es crucial para poder acabar con esa violencia que se ejerce principalmente sobre las mujeres por el hecho de ser mujeres. Mientras se avanza en derechos y libertades hacia una sociedad más igualitaria, la Policía Nacional centra todos sus esfuerzos en prevenir, detectar y erradicar la violencia machista en todas sus formas, garantizando siempre la seguridad y el bienestar de las víctimas.