Una joven médica que vive en Oviedo descubre que tiene «un agujero» en el corazón gracias a su reloj inteligente

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

LA VOZ DE OVIEDO

Alexia Hartmann se dedica a una labor muy específica y poco conocida
Alexia Hartmann se dedica a una labor muy específica y poco conocida

Alexia Hartmann acaba de hacer pública su historia para concienciar a la sociedad sobre la importancia de cuidar la salud. «Hacer deporte es maravilloso, pero realizarse chequeos médicos adecuados antes de una prueba exigente, puede salvarte la vida», advierte

19 sep 2025 . Actualizado a las 17:37 h.

¿Te imaginas nacer con una alteración en el corazón y no enterarte hasta ser adulto? Esto mismo le pasó a Alexia Hartmann. Esta alemana de 27 años y afincada en Oviedo descubrió que convivía con una cardiopatía congénita una que vez que superó la mayoría de edad. Lo más sorprendente de todo es que consiguió detectar este problema gracias a las alertas de su reloj de pulsera, que monitoreaba su frecuencia cardíaca. «Al principio pensaba que me leía mal los latidos y apagaba siempre las alarmas», asegura la joven.

Todo comenzó cuando se inscribió por primera vez en una ultramaratón de montaña. Como deportista que era de alto rendimiento se iba a enfrentar a una carrera de 55 kilómetros por los Pirineos, por lo que debía prepararse a conciencia, ya que se trata de una prueba extremadamente exigente tanto física como mentalmente. Durante sus entrenamientos llevaba consigo un reloj inteligente para monitorizar su rendimiento y su salud en tiempo real, con el objetivo de ejercitarse de manera más eficiente y segura.

Alexia no solo portaba este reloj para entrenar sino que lo utilizaba también durante todo el día. De repente y sin saber porqué empezaron a saltarle alarma en las que le notificaban de latidos cardíacos anormales. «Incluso estando relajada en mi casa, tumbada en el sofá, empezaba a pitar. Pensaba que me estaba leyendo mal las pulsaciones y siempre acaba la alarma», cuenta la joven, que acaba de hacer público su caso a través de un vídeo compartido en redes.

Pasaban los días y las notificaciones no cesaban, así que empezó a sospechar que algo serio podía estar pasando. «Por si acaso» no era cosa de un error del reloj, pidió cita con el médico para que le hiciesen pruebas de cardiología y asegurar que todo estaba bien. Hasta entonces nada hacía sospechar lo contrario. «En mi adolescencia fui atleta de alto rendimiento, muchas pruebas y todas salieron siempre bien», asegura.

Una vez en la consulta del servicio de Cardiología y tras explicarle la situación, el especialista que a partir de entonces llevaría su caso decidió realizarle las pruebas «más básicas». Le realizó un electrocardiograma que salió «perfecto», la monitorizó durante 24 horas con idéntico resultado y, además, le hizo una prueba de esfuerzo que fue «muy bien».

Como ninguna de las pruebas mostraba alteraciones, la cardióloga decidió realizarle una ecocardiografía para descartar posibles anomalías estructurales en el corazón. «Mientras me hacía la prueba, que era la más simple de todas, estábamos hablando de la vida, cuando de repente de mi dice: “Uy, esto sí que no me lo esperaba” y yo pensaba: “No sé qué es lo que no puedes esperar en una ecografía”», dice la joven, que de profesión es médica repatriadora. 

El diagnóstico certero

Las dudas de Alexia pronto se resolvieron cuando la médica le confirmó que tenía una malformación cardíaca. «Me dijo que tenía una CIA, una comunicación interauricular; es decir, un agujerito en el corazón en un lugar donde no debía estar», recuerda la alemana, que se quedó aún más atónita al enterarse de que había vivido toda su vida con «este problema». «Lo más fuerte de todo es que es algo con lo que naces», añade.

Tras explicarle el problema e intentar tranquilizarla, la cardióloga le informó de que era necesario realizar más pruebas para comprobar la gravedad del caso. «Me dijo que me daba cita para una ecocardiografía transesofágica, que es similar a la ecografía desde fuera del corazón, solo que en este caso te introducen una cámara por el esófago para observar el corazón, digamos, desde dentro», explica.

Momentos de incertidumbre

Fue sometida a esta prueba y «efectivamente» se comprobó que Alexia tenía «un agujero» en el corazón. «Estaba en el límite de ser lo suficientemente grande como para que me tuviesen que operar de urgencia, pero tampoco era lo suficientemente pequeño como para ignorarlo», dice y añade que a partir de ahí empezó la incertidumbre. Y es que tenía que tomar la dura decisión de pasar o no por el quirófano.

No sabía muy bien qué hacer porque «intervenirse del corazón da un poquito de miedo», pero, de lo contrario, tendría que «renunciar a todo por lo que había luchado hasta ese momento». «Tenía que dejar todos los deportes que amaba y, sobre todo, lo más importante: me estaba preparando para ser médica de inspección», cuenta sobre este «brutal choque» en su vida.

Finalmente, optó por la primera opción: pasar por quirófano. «Me fui a Barcelona, me operé del corazón, me pusieron una prótesis y todo salió muy bien, la verdad», asegura Alexia, quien desde entonces no ha tenido ningún problema cardíaco. «Sí que estuve un tiempo con medicación y tuve que guardar un reposo absoluto durante un año», precisa.

Al hacer ahora pública su historia lo que busca es concienciar a la sociedad sobre la importancia de cuidar la salud.«Sé que ahora está muy de moda correr y todos piensan en quiero correr una maratón, una media…. Y es que hacer deporte es maravilloso, pero realizarse chequeos médicos adecuados antes de una prueba exigente, puede salvarte la vida», manifiesta en el vídeo que ya acumula miles de visualizaciones.