Álex Avello, experto en la vida oceánica: «Vivimos de espaldas al mar cuando deberíamos mirarlo de frente»
LA VOZ DE OVIEDO
El divulgador asturiano saca a la luz «Keni, la pequeña ballena», una obra con la que pretende sensibilizar a los más pequeños sobre la importancia de cuidar y proteger «el verdadero pulmón del planeta»
04 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El asturiano Álex Avello se ha convertido en uno de los divulgadores marinos más reconocidos a nivel mundial. Este ovetense de 34 años dedica buena parte de su vida a estudiar el comportamiento de los animales que habitan en las aguas más profundas de nuestro planeta. Centra también sus esfuerzos en concienciar a la sociedad sobre la importancia de conservar y proteger la biodiversidad del océano. Convencido de que los cambios se producen desde edades tempranas y que los más pequeños son quienes sientan las bases, el famoso etólogo, storyteller de National Geographic y presidente de la Asociación Oceavida ha publicado Keni, la pequeña ballena. Se trata de un cuento infantil con el que pretende sensibilizar a los más pequeños sobre la importancia de cuidar y proteger «el verdadero pulmón del planeta».La obra está disponible en librerías y tiendas especializadas de todo el país.
—¿Cómo surge la idea de escribir Keni, la pequeña ballena?
—Hace tres años estaba viviendo en Baja California Sur, trabajando en un proyecto de investigación con ballenas jorobadas, uno de mis animales favoritos junto a las orcas. Allí conocí un día a un profesor de una universidad de EE. UU. que me sugirió escribir un libro infantil dada mi pasión por la comunicación, la conservación y, en este caso, las ballenas. Y ahí surgió la idea. Dos años más tarde me puse en contacto con la Bluewave Alliance, organización sin ánimo de lucro impulsada por ISDIN para la recuperación del Mar Mediterráneo, para sacarlo adelante juntos y con el apoyo de la Editorial Babidibú lo hicimos realidad.
—¿En qué te inspiraste a la hora de escribir este cuento?
—Sabía que quería escribir una historia en la que mostrar a los más pequeños, en primer lugar, las maravillas del mar, para que pudieran enamorarse del increíble mundo marino. Luego, llegamos a las amenazas, para que sean conscientes de todo lo que no debemos hacer. Y por último, la esperanza a base de actos responsables, de esos que suman, para proteger nuestros océanos.
—¿Por qué elegiste una ballena como protagonista de la historia? ¿Qué representa para ti este animal?
—Junto a las orcas, las ballenas jorobadas siempre han sido mi animal favorito. Son arcas de cultura oceánica, animales que realizan migraciones de miles de kilómetros, que llevan sus canciones por diferentes mares y que son esenciales para los ecosistemas marinos. Siempre las he visto como las grandes sabías del océano, animales majestuosos.
—El libro está dirigido a niños pequeños. ¿Cómo lograste simplificar los conceptos de conservación marina de manera que sean comprensibles para ellos sin perder la importancia del mensaje?
—En realidad, el libro está escrito para niños, pero está dirigido a todos, niños, jóvenes y adultos. Cuando te diriges a niños, no puedes complicarte mucho la cabeza, es necesario transmitirles un mensaje claro y sencillo. Ya habrá años para desarrollar. Me pareció que a partir de una conversación y un viaje entre madre e hija iba a conectar más con ellos y, sin duda, acompañado de las maravillosas ilustraciones de Hay Santos el cocktail era perfecto.
—¿Por qué elegiste a Hayhallyson Santos como ilustrador de Keni, la pequeña ballena?
—La Editorial Babidibú me propuso una amplia lista de ilustradores para que eligiese quien más se acercaba al estilo que yo tenía en mente para mi libro. En cuanto vi a Hay Santos supe que tenía que ser él y así fue.
—¿Cómo fue trabajar con él? ¿Le diste las pautas para ilustrar el libro o tuvo vía libre?
—Fue maravilloso, conectamos desde el primer instante estando a muchos kilómetros, pues Hay vive en Brasil. He de reconocer que tuvo que acabar muy cansado de mí, porque yo quería que todo saliese perfecto, tal y como lo tenía en mi mente. Fíjate si fui pesado que, al principio, le pasaba documentales, vídeos e información sobre ballenas para que se empapase y familiarizase con las especies que saldrían en el cuento. Y después, página a página, texto a texto, le enviaba largas explicaciones de lo que me gustaría que fuese el dibujo, sobre todo, haciendo mucho hincapié en las expresiones y miradas, algo muy importante para mí. El resto fue sencillo porque Hay hizo la magia que hoy podemos ver como resultado, con una mezcla de colores que nos ha maravillado a todos.
—¿Cómo crees que las ilustraciones de Hayhallyson ayudan a transmitir los mensajes del libro?
—Sin sus ilustraciones el libro no tendría mucho sentido. Cada ilustración, cada manera de mostrar tanto las maravillas del mar, como las amenazas que se ciernen sobre este y la esperanza para protegerlo y conservarlo, así como las expresiones de cada ser vivo que aparece, te transmite la sensación de cada momento. Para mí, era fundamental.
—¿Tienes alguna ilustración favorita del libro?
—Es muy difícil escoger, porque me quedaría con varias: el fondo del mar con diferentes especies; la ilustración de la ballena enmallada y los plásticos; el área marina protegida o el final del libro. Pero creo que aquí el corazón me empuja hacia la que es mi especialidad como etólogo: los mamíferos marinos. Así que me quedo con la ilustración en la que aparecen los delfines, los cachalotes y las orcas, además de que sus colores son una preciosidad.
—¿Cómo te gustaría que los niños cambiaran su comportamiento respecto a los océanos y el planeta? ¿Qué pequeños cambios esperas que adopten en su vida diaria?
—Cuando yo era pequeño no tuve la oportunidad de que nadie me hablara sobre la contaminación acústica, la sobrepesca, los plásticos, etc. Creo que llevamos muchos años viviendo de espaldas al mar. Por eso, para mí, el primer paso es cambiar la dirección y mirarlo de frente, conocer qué especies habitan en él y la importancia y el rol de cada una dentro del ecosistema marino. Ser conscientes de que cada acto que realizamos deja una huella en el mar y de que necesitamos ser responsables para conservar a nuestro mayor aliado contra el cambio climático. Para mí, el objetivo es que cada vez que esos niños y niñas vayan a la playa se acuerden de Keni y sean conscientes de todo lo que existe y de lo que está pasando. Estoy seguro de que ellos mismos serán los primeros que querrán proteger todo aquello que amamos.
—Comentabas en una entrevista a La Voz de Asturias que el verdadero pulmón del planeta es el océano. ¿Qué podemos hacer los adultos para conservar esta vasta extensión de agua?
—Como decía, llevamos muchos años viviendo de espaldas al mar, priorizando los objetivos a corto plazo antes del bienestar planetario. Pero el océano no es infinito e inmortal, sufre nuestros efectos constantemente y se debilita. No solo es nuestra mayor fuente de oxígeno —entre un 50 y un 75% del oxígeno que respiramos— sino que es imprescindible en la absorción de calor y consiguiente distribución térmica oceánica, crucial como regulador del clima del planeta. También es sumidero de dióxido de carbono, secuestrando todo el CO2 que emitimos con la quema de combustibles fósiles. No tiene sentido maltratar y darle la espalda a nuestro mayor aliado. Transmitir los valores de la conservación y el respeto a nuestros más pequeños, concienciar y educar se convierte en una de las herramientas de conservación más importantes del hoy para el futuro. Creo que cargarnos de responsabilidad así como traspasarla a los más pequeños es una de las claves.
—¿Qué tan importante es empezar la educación ambiental desde una edad temprana?
—Los niños son como esponjas de información. Si conseguimos sembrar la semilla de la conservación a edades tempranas y que esta se desarrolle a lo largo de su crecimiento, habremos introducido un «caballo de Troya» que muchos no tuvimos la oportunidad de recibir de pequeños. La alfabetización oceánica es crucial para que se produzca un cambio. Muchos niños serán biólogos, etólogos, investigadores, etc., pero muchos otros serán médicos, arquitectos, oficinistas, banqueros, directores o gobernantes y, sin duda, haber sembrado ese gen conservacionista en todos ellos, estoy seguro de que podrá marcar la diferencia.
—Aparte de los niños, ¿qué impacto esperas que tenga el libro en los adultos que lo lean?
—Este libro está escrito para todos: niños, jóvenes y adultos. La mayoría de cosas que aparecen son desconocidas para quienes no estamos familiarizados con el océano y su biodiversidad. Todos aprenderán del comportamiento de las ballenas, de su alimentación, de su manera de comunicarse, de los problemas que amenazan al mar y soluciones que están a nuestro alcance. Creo que Keni, la pequeña ballena es un pequeño legado para todas las edades que quieran empaparse de nuestro mundo marino y la importancia de protegerlo.
—¿Tienes planes de continuar con más libros que aborden otros aspectos de conservación medioambiental?
—Llevan unos días sugiriéndomelo, así que digamos que dejo esa puerta abierta. Todo lo que sea transmitir valores e información que pueda ayudar a entender la importancia de coexistir con todo lo que nos rodea, sin duda, es un cohete al que me subo rápidamente. Porque al final, si queremos llegar rápido podemos hacerlo solos, pero si queremos llegar lejos, si queremos proteger todo aquello que amamos, debemos de hacerlo todos juntos.