Mare Nostrum, el templo de las birras en Oviedo: «Tenemos cerca de 90 variedades de cerveza»
LA VOZ DE OVIEDO
El local regentado por el matrimonio formado por Falo Martínez y Mayte Yera celebra este año su 40 aniversario
22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Aunque hoy cueste imaginarlo, hubo una época en la que calle Rosal estaba a rebosar de gente. Ovetenses y visitantes se daban cita en este punto de la ciudad para tomar unas cañas o lo que se terciara durante la tarde. Para muchos, incluso, los bares de esta vía eran el lugar perfecto para disfrutar de la primera copa de la noche. Ante el movimiento que había por esta zona de la capital de Asturias, la joven pareja formada por Falo Martínez y Mayte Yera decidió aprovechar la oportunidad para montar su propio negocio de hostelería y así trabajar juntos. Con mucho esfuerzo y sacrificio, el ahora matrimonio abrió las puertas de Mare Nostrum, una cervecería que, 40 años después, sigue a pleno rendimiento.
Situado a tan solo unos pasos de la calle que se adelantó al «tardeo» en Oviedo, este templo de las birras es de los pocos bares de este rincón de la ciudad que siguen abiertos tras vivir la época dorada. «Muchas personas nos decían que íbamos a tener problemas cuando fueron cerrando los negocios de nuestro alrededor, porque al quedar solos ya no iba a ser lo mismo. Pero no ha sido así. Aquí sigue viniendo un montón de gente, incluso te puedo decir que seguimos vendiendo igual que antes», asegura Falo, quien a sus 66 años y esa carisma que lo caracteriza, sigue atendiendo a los clientes y haciendo que la cervecería conserve su ambiente único.
El goteo de clientes es constante en Mare Nostrum desde que abrió sus puertas a mediados de la década de los 80. Sin embargo, a lo largo de todo este tiempo, sí que ha habido un cambio en cuanto a las costumbres de los clientes. «Cuando abrimos, esto funcionaba principalmente por la tarde. Teníamos abierto hasta las doce o la una de la mañana porque a partir de esa hora la gente se iba para El Antiguo —la otra zona de bares situada en el casco histórico de la ciudad—. Luego hubo unos años en los que la actividad en el antiguo bajo y El Rosal empezó a funcionar por las noches», detalla el hostelero, que junto con su mujer, se fue adaptando a los tiempos, ajustando horarios y oferta para seguir al ritmo del público y mantener vivo el bar, que este 2026 cumple 40 años.
El matrimonio ovetense hizo todos los cambios necesarios para satisfacer en todo momento a la creciente demanda. «Al principio vendíamos vinos, cerveza, refrescos… Luego llegó la época de las copas, que con nosotros empezó, al menos, con el vodka. Después llegó el ron y más tarde fue la invasión de la ginebra, bebida de la que muchos dicen que está muriéndose y que será reemplazada por otras nuevas, pero lo cierto es que se sigue vendiendo y además mucho», destaca. Aunque, con el paso del tiempo han incorporado nuevos tragos según los gustos de la clientela, lo cierto es que este bar de la calle Pérez de la Sala sigue teniendo como producto estrella las birras.
Cuando comenzó su actividad solo comercializaba las cervezas que se fabricaban en Colloto y que llevaban por nombre El Águila Negra. «Fuimos poco a poco ampliando la oferta, sobre todo, incorporando cervezas de importación porque realmente son las que más demandan nuestros clientes. Hubo un tiempo en el que nos pedían cervezas asturiano pero ahora, al menos en nuestro local, están un poco a la baja y las que más reclaman son las cervezas belgas», asegura, antes de señalar que las cañas de Guinness o Paulaner son las favoritas de quienes visitan este templo ovetense de las birras. «Cada día vendemos más», señala sobre la buena acogida que tienen estas marcas en su bar, en cuyas estanterías reposan botellines de «cerca de 90 variedades» de cerveza.
Esta amplia oferta permite satisfacer a una demanda que no deja de crecer. Buena parte de las personas que se dejan ver por este bar de Oviedo son amantes de la cervezas, que disfrutan de probar diferentes estilos y descubrir nuevas marcas. Muchos son además habituales de este local en el que se respira un ambiente único. «Por eso, más que clientes tenemos amigos. Con el 80% de la gente que viene aquí tenemos una relación muy importante», confiesa Falo, quien ya conoce los gustos de la mayoría —por no decir todos— de quienes visitan el local y tiene claro qué birra ofrecerles en cada ocasión. Sabe si la prefieren más o menos tostada, con o sin alcohol, o si las cañas no son lo suyo y optan por un refresco u otra bebida.
Por esta cervecería se pasan también muchos turistas. «Desde la pandemia, muchos de nuestros clientes son extranjeros porque Oviedo se convirtió en un reclamo para gente de fuera y porque también nos recomiendan en redes sociales», asegura. Este bar, en su día, también fue muy frecuentado por Rufo, el perro más popular de la ciudad. Ahora tenemos de clienta a una pavita —una pava real del Campo San Francisco—, que viene a pedirnos la comida todos los días. Tenemos unos vecinos muy majos, que como no os atreven a darles ellos latas de comida, me las traen a mi para que se la dé y esté medio alimentada», señala el hostelero, quien no hace distinciones entre clientes y recibe a todos con la misma cercanía y buen humor.
El verdadero secreto del éxito
Cuatro décadas llevan Falo y Mayte cuidando cada detalle para que clientes y visitantes se sientan como en casa. Para este matrimonio que ha conseguido que Mare Nostrum sea un referente en la ciudad, el secreto del éxito radica en «adaptarse a los tiempos y en mantener la economía saneada». «Es muy importante no tener pufos. Antes de nada hay que separar el dinero para pagar las facturas y ya lo que sobre te lo quedas para ti. Pero, nunca hay que dejar dinero para atrás porque esa es una losa que al final te acaba llegando», dicen, señalando así que llevar siempre las cuentas claras han sido clave para mantener el bar abierto todos estos años.
Otra de las claves del buen rendimiento de este establecimiento hostelero está en la constancia y el esfuerzo. «Nosotros cuando cogimos este bajo tuvimos que adaptarlo porque era una tienda de televisores y además estaba abandonado. Lo fuimos reformando poco a poco con nuestros recursos. En un momento dado, el propietario quiso trasladar el local y tiramos de nuestros ahorros para comprarlo. Aunque tuvimos que hacer un importante desembolso económico, al final no tener que pagar renta siempre ayuda en los peores momentos», aseguran, antes de señalar que «si alguien piensa que una subvención va a solucionar algo, está equivocado». Por esta razón, al reabrir tras la pandemia del coronavirus, no dejaron de trabajar ni un solo día.
Sobre el futuro del establecimiento
Ahora solo está Falo al frente de Mare Nostrum. Aunque ya tiene edad para jubilarse hasta que su mujer Mayte no cumpla los 65 años seguirá detrás de la barra sirviendo callas y preparando copas. «Luego no sabemos lo que haremos, porque realmente va a ser una decisión algo difícil de tomar. Para empezar, no tenemos hijos, por lo que no hay relevo generacional. Además, aquí nos sentimos como en casa. El bar no lo vemos solo como un negocio, sino como nuestro hogar», confiesa.
Lo que sí tiene muy claro es qué le diría a quien quiere lanzarse a abrir su propio negocio hostelero. «Hay que endeudarse lo menos posible. Pagar primero todo y luego lo que te queda es lo que tienes. Y luego muy importante adaptarte a lo que los clientes te pidan. Si te piden una cerveza, esa cerveza hay que tenerla, si te piden una ginebra, esa ginebra hay que tenerla que no vayan a otros sitio a buscar lo que no tiene», aconseja, resumiendo que, en hostelería, hay que ser flexible y estar siempre pendiente de lo que demanda el público. «Hay que ser como un camaleón», concluye.