Mbappé, el rayo que ilumina Rusia

A sus 19 años el francés, un prodigio en el campo y una persona sencilla fuera de él, se ha convertido en la esperanza gala para derribar el orden de Uruguay

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Un niño vuela sobre el verde de Rusia. Mbappé, con solo 19 años, se ha convertido en la sensación del Mundial, en la esperanza de Francia y la amenaza de Uruguay para el partido de cuartos. El jovenzuelo se comió a Argentina con una carrera de 60 metros, a 32,4 kilómetros por hora, con siete toques y superando a cinco opositores hasta que fue derribado dentro del área de la albiceleste. Luego, dos goles para emular a Pelé, el único que también marcó dos tantos en un partido mundialista sin haber cumplido los 20.

Mbappé es el hijo soñado, la obra perfecta de Fayza Lottin, su madre argelina, que jugó como profesional al balonmano hasta el cambio de milenio con Kylian dando sus primeros pasos, y de su padre Wilfried, emigrante camerunés que entregó media vida a entrenar a los más jóvenes de la Asociación Deportiva de Bondy, el barrio parisino que acogió a la familia.

Los dos han moldeado a un portento dentro y fuera de la cancha. Rápido y letal cuando tiene espacios para correr, con calidad para regalar, una pesadilla en el uno contra uno, con lucidez para idear cada jugada y con gol aun partiendo de la banda. «¡Que jugador! Tiene cualidades de velocista, pero yo adoro su tranquilidad», comentó Griezmann del futbolista del PSG, que le ha robado el foco a la estrella de Francia. Deschamps, su seleccionador, pide más: «Puede seguir progresando mucho y tiene que seguir gestionando estos momentos».

Vecino del distrito de Bondy, territorio periférico al norte de París y epicentro de la desobediencia civil del año 2005, no se ha dejado cegar por las luces del fútbol. En gran medida, por las directrices maternas. Mbappé terminó los estudios de bachillerato en la rama de ciencia y tecnología, vive en un estudio que le ha puesto su club (aunque tiene casa en Mónaco) y carece de representante, ya que sus padres decidieron poner todos sus asuntos deportivos en manos de un bufete de abogados especializados. El dinero tampoco es una prioridad, por eso donará todas las primas que gane en el Mundial a la organización benéfica Premiers de Cordée, dedicada a fomentar el deporte entre niños con discapacidad, y de la que es padrino.

Con esta carta de presentación afronta hoy uno de los grandes retos de su vida a nivel deportivo. Clasificarse para una semifinal de un Mundial, lo que exige desnudar a la mejor defensa del campeonato. Un muro que solo ha encajado un gol, con dos centrales graníticos (que cualquier día se pueden encontrar en la Champions) y con un sistema solidario y casi perfecto ideado por el maestro Óscar Tabárez, un exdocente de 71 años convertido en héroe nacional que seguramente estaría encantado de contar con Kylian entre los suyos. No solo en el campo, sino en la escuela.

Un equipo y su gen competitivo buscando una semifinal ocho años después ante una Francia que sueña con colgarse su segunda estrella con 20 años de intervalo. Cuando a Mbappé todavía le faltaban cinco meses para venir al mundo.

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