Una semifinal de ensueño

Francia y Bélgica, las dos selecciones que persiguen la excelencia, buscan la final en un duelo único


Las semifinales del Mundial de Rusia comienzan a lo grande, con un partido que promete pasar a la historia. Francia y Bélgica, dos vecinos y las selecciones que han acreditado más solvencia a lo largo del campeonato. una y otra llegan a la penúltima instancia del campeonato en la cresta de la ola, además de invictas. Francia ha demostrado una capacidad de adaptación camaleónica para gobernar los partidos. Tiene talento, calidad y velocidad, pero solo jugó a campo abierto ante Argentina, gestionando el resto de los partidos según la exigencia y el rival. Al tran tran en la primera fase, ganando casi por decreto, y combinando todos los registros (balón parado, juego pausado, pausa y velocidad) ante la incómoda Uruguay.

Bélgica, a la que todos hacen la reverencia después de cargarse a Brasil, es un equipo de autor de la mano de Roberto Martínez, capaz de conformar una selección sin dobleces, heredera de aquella generación dorada, que en su ideario tan solo tiene los caminos del gol, a través del juego combinativo o del contragolpe. Le encanta correr con Lukaku como mascarón de proa. Sus 14 tantos en cinco partidos no solo son una carta de presentación, sino también una amenaza. Aun con notables diferencias, las dos se han enganchado a un estilo con más aroma a Premier que a un tiqui-taca que parece haber entrado en declive.

A nivel individual, resulta difícil reunir a semejante constelación de jugadores consagrados en un mismo césped. Francia se viste con peloteros de nivel mundial desde Lloris a Giroud, que comenzó como suplente y se ha convertido en pieza clave para que Griezmann y Mbappé se puedan mover a sus anchas por todo el frente de ataque. Pendientes de la evolución del segundo, la novedad en el once galo será la vuelta de Matuidi después de cumplir el partido de sanción.

Bélgica no le va a la zaga. Parte de lo más granado de la Premier vive bajo su bandera. Courtois, Kampany, Fellaini, De Bruyne, Hazard o Lukaku son nombres de éxito en la principal liga del continente. La única baja del es el lateral Thomas Meunier, que tiene un partido de suspensión.

Los dos semifinalistas son un ejemplo de la integración que exigen los nuevos tiempos. Catorce de los 23 convocados por Deschamps para el Mundial o han nacido lejos de Francia o son hijos de inmigrantes, algo que se repite con ocho de los belgas. En su caso, además, hay que tener en cuenta las grandes diferencias entre valones y flamencos. Repartidos casi al 50 % en cuanto a idioma, la solución ha sido emplear el inglés como registro más habitual.

Pero ni nombres ni pasado reciente sirven para esta noche. ¿Seguirá Francia cambiando de color según la ocasión? ¿Bélgica colocará a Lukaku en una banda para explotar su velocidad a la contra o la ocasión requiere un paso atrás?

Preguntas que solo se pueden responder en el campo, especialmente en una medular en donde Kanté volverá a ser clave para el equilibrio de la selección francesa y para frenar a Hazard y De Bruyne. El duelo en las alturas enfrentará a dos jugadores del mismo equipo como Fellaine y Pogba. Y en defensa, a la tripleta de centrales de Martínez le espera una noche dura y al cuarteto casi imberbe de Francia el día de más trabajo de todo el Mundial. Si superaron a Messi y compañía pueden hacerlo con cualquiera, piensan, pero a día de hoy Bélgica no es una cualquiera, sino la máxima aspirante para muchos al centro universal. Con permiso de Francia. El otro aspirante.

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