Chicote y el restaurante asturiano que sirve fabada de lata

«Pesadilla en la cocina» emitirá este miércoles la visita del reconocido cocinero a la sidrería A Cañada de Lavapiés, que asegura tener el Premio a la Mejor Fabada del Mundo y no llegó a la final


Redacción

Si hay algo en lo que Alberto Chicote es especialista, a parte de cocinar, es en sacar a la luz los defectos de los locales que visita para, posteriormente, darles una nueva oportunidad. Este miércoles es el turno de uno de los restaurantes de la cadena A Cañada, concretamente el de Lavapiés. En el próximo programa de Pesadilla en la cocina, Alberto Chicote visita esta sidrería y destapará más de una mentira. Ni su fabada es tan asturiana como parece, ni el local tiene 125 años de vida. La llegada de Alberto Chicote supone un duro golpe de realidad para su dueña pero también puede ser su salvación.

 La sidrería A Cañada asegura poseer el premio a la Mejor Fabada del Mundo de 2014, pero la realidad de su plato estrella es otra. Desde la organización del concurso manifiestan que el restaurante ha participado en varias ediciones pero nunca ha alcanzado la final con ninguno de sus establecimientos. En el 2014 el ganador de La Mejor Fabada del Mundo fue Sidrería Bedriñana de Villaviciosa, en segundo lugar quedó El Verano y en tercera posición El Gaucho Fierro. «Lamentamos que el restaurante A Cañada quiera conseguir clientes faltando a la verdad y confundiendo a los espectadores, poniendo en duda a un concurso en el que se realizan visitas anónimas y para ganarlo los participantes tienen que pasar tres cribas o fases», explican. La calidad de sus fabadas no son dignas de premio dado que, lejos de ser casera, son de bote. Los cachopos de este local tampoco se hacen con delicadeza: la cocinera detesta rellenarlos. Chicote descubre también que el aceite de la freidora lleva semanas sin cambiarse y que la comida deja mucho que desear. Además, los camareros no saben escanciar sidra, algo fundamental en un restaurante asturiano. El chef se topa con decepción tras decepción, además de ser testigo de cómo la dueña pierde los nervios, la cocinera da constantes excusas cada vez que hay un problema y los camareros no están lo suficientemente entregados debido a la organización en el restaurante.

Sin embargo, Nati, la dueña, no es consciente de lo que ocurre. No sabe por qué no funciona el restaurante ni comprende cómo un local con tantos premios tenga cada vez menos afluencia de clientes y más deudas. Ella piensa que el problema es que el personal está muy relajado pero ellos tienen otra versión sobre el misterio de A Cañada: dicen que no hay organización alguna y que a Nati le faltaría ejercer más de jefa. Las culpas van pasando de unos a otros pero ninguno se aclara. Alberto Chicote tendrá que descubrir qué es lo que ocurre verdaderamente en ese asturiano y conseguir que Nati se enfrente a la realidad por muy dura que resulte. No será sencillo en un lugar en el que no todo es lo que parece.

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