La mano izquierda de Miguel Torrecilla

El director deportivo salmantino, también, crece con el renacimiento del equipo

Torrecilla Fernández
Torrecilla Fernández

Gijón

«El que no crea en el ascenso que se aparte y siga pensando que esto es un drama». Alejado de los focos, el proyecto que abandera Miguel Torrecilla empieza a ver la luz. Tras tocar fondo en diciembre, con Herrera en el abismo, el salmantino giró sobre sí mismo con la llegada de Baraja, apuesta personal y convencida, dos años de contrato, y la reforma de una plantilla, asumiendo errores del verano. Con más poder que nunca, en Vigo compartió techo con el director general Antonio Chaves, y en Sevilla nunca llegó a reinar, ha reinventado su obra con una habilidad especial. En Gijón, desde el principio, el Consejo delegó en él para ser jefe absoluto de la parcela deportiva.

Apuesta por Baraja

La apuesta por el Pipo, de exigua experiencia y recorrido irregular, ensalza la importancia de la figura de un director deportivo capaz de arriesgar a la hora de tomar decisiones. En el «mercado de los enfadados» reconoció, sin manifestarlo, errores en el pasado. Coordinó con Baraja las reformas y dotó a la plantilla de apuntes de valiosos para el libreto del nuevo entrenador. Liberó las nóminas de dos pesos pesados: Scepovic y Xandao. Abrió paso a Rachid, cedido, y admitió el antojo de Moi Gómez. Siempre en consenso con Baraja, apuesta principal, armó al equipo de fondo de armario, con la llegada de jugadores con ambición y protagonismo, y recuperó el elemento que, antes, Nico no fue capaz de aguantar ni de rescatar: Jony. 

Tras las curvas iniciales, que amenazaron con una topada de calibre, el proyecto del salmantino parece ganar en brillo. El objetivo, marcado desde el primer discurso, sigue siendo el mismo: el ascenso. El renacimiento coral del equipo también es el de Miguel Torrecilla, siempre fiel a su boceto y convencido de las capacidades del plantel.

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