Análisis Sporting: «Estado de Gestación»

Artículo de opinión

Nacho Méndez
Nacho Méndez

Lo primero que pensé al acabar el partido fue que el Tenerife se quedaba en el balcón del descenso. El contraste con el partido que hizo en el Molinón solo se explica entendiendo la calidad de la categoría donde nos jugamos los garbanzos cada semana. Un equipo con una propuesta seria, trabajada y valiente. Mejor que el Sporting en el cómputo global y con un poso de juego que solo da a entender que terminará peleando mucho más arriba de donde está. Incluso demostró su personalidad colectiva respondiendo con calidad a un 2-0 donde lo normal hubiese sido besar la lona. Además, la calidad individual supera la media de Segunda: Malbasic, Naranjo, Jiménez y sobre todo Milla, que dejó un clinic en el Molinón que bien podría utilizarse para enseñar lo que significa dominar el juego y desequilibrar partidos.

Ya conocemos la nueva muda del Sporting, no hablo de las coderas de José Alberto, en Granada dejó pinceladas de lo que será y el sábado reafirmo ciertos aspectos. El más destacado, la salida al partido. Enérgica, acometedora, violenta incluso, los primeros 18-20 minutos generó más ocasiones que la suma de un par de encuentros completos de esta temporada. Luego el equipo se cae, más por inseguridad y herencia que por físico. Este Sporting de José Alberto busca jugar a algo para lo que aún no está preparado, la suerte es que este estado de gestación no ha costado ni un punto de momento. Me cuesta percibir la propuesta con la pelota, imagino que la ausencia de Nacho Méndez añade maleza al asunto, ¡que falte poco el de Luanco!, pero parece claro que la figura de Cofie o quien ocupe ese eslabón entre la defensa y el centro aun no tiene un rol demasiado definido. Poca participación activa en la salida, copada por los centrales y revertiendo la tendencia al costado izquierdo que habíamos vivido hasta hace dos partidos. La suma de Lod y Carmona en la derecha y la alegría de Geraldes en ataque, convierte este lado en terreno potencial. Búsqueda constante de juego exterior, sin especular tras las recuperaciones y quizá algo carentes de una pausa que deberá llegar en un futuro cercano.

El impacto al partido vino en los diez minutos centrales. José Alberto volvió a enviar señales a su equipo desde el banquillo y ejecutó un doble cambio antes de la hora que provocó hasta la sorpresa de la grada. Pasar a dos delanteros, efecto intrusivo para sus centrales e incomodar la fase de salida que estaba siendo plácida para el Tenerife. Otra vez apareció la energía del principio, Blackman tuvo el 1-0 nada más entrar y acto seguido fue anulado el 0-1 por fuera de juego milimétrico. Sin dejarnos bajar las manos de la cara, Babin puso la ventaja con un gol más propio de delantero que de defensa central. Torete, compañero de butaca, rezaba un “Djurdjevic ye peor que Barral” cuando el serbio enganchó una semi chilena que levantó los cimientos del estadio y puso la guinda a su fenomenal partido desde el trabajo. No se recordaba algo así desde Omar Sampedro al Castellón. Incluso el Tenerife pareció revolverse por dentro y lejos de perder la cara, reaccionó con iniciativa y empujó al Sporting a dar un paso atrás, otra vez.

Sufrir, pelear, intensidad. Tres cosas que no parecen escasear en el argumentario de este equipo al que aun falta mucho fútbol y sobre todo mucha pausa para dominar los tiempos de los partidos. Viene la Copa, competición que debería llenarnos de ilusión si se consigue aguantar el resultado en Eibar. No olvidemos que nuestros años dorados, la gloria que casi alcanzamos, estuvo encumbrada por dos finales perdidas y mucho respeto ganado.

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