Efecto Alegría

El extremeño ha revolucionado al Sporting. Su carácter discreto colisiona con el efecto que ha otorgado en rendimiento al equipo

Álex Alegría
Álex Alegría

Sin el cartel de jugador diferencial, vestido de Jony pero en forma de nueve, Álex Alegría ha marcado un antes y un después en la temporada del Sporting. Es el efecto Alegría. Líder sin querer serlo. Tímido en apariencia, el gigante extremeño ha convertido al conjunto de José Alberto en un equipo. Para bendición de Djurdjevic, feliz con la presencia de un amigo en ataque. Numérico -4 goles y 1 asistencia- y sin necesidad de números, Alegría, el jugador más en forma de la plantilla, es el apellido que da nombre al vestuario. Ahora todos parecen contentos, mejores y más guapos. 

Apuesta convencida de Miguel Torrecilla, su fichaje por el Sporting se completó cuando el mercado ya bajaba la persiana. Antes: la nada. Un cruzado y un año y medio casi en blanco. Al director deportivo del Sporting, convencido de su valía y conocedor de su potencial desde que coincidieran en el Betis, le daba igual: el peaje competitivo era un riesgo mínimo y que merecía le pena encarar. Incluso, en los momentos de máxima agitación de mercado, el club aguantó y aguantó a la espera de la decisión del Rayo.

Los informes que llegaban de Vallecas, en las contadas intervenciones del ariete, avalaban su total recuperación física. Todos los grandes de Segunda se discutían poseer las virtudes de un jugador que había asumido dar un pequeño paso atrás en su carrera para, después, dar dos hacia delante.

Humilde y discreto

Techo del equipo -más de 190 centímetros de estatura, solo Álex Pérez comparte elevación-, el dorsal 25 del Sporting ha sorprendido por su carácter humilde. Discreto, amable y cordial, Alegría, emancipado del ego, es uno más. Su fútbol, en cambio, mantiene un rol discordante con su personalidad. En el verde Álex es incómodo, pesado, competitivo al máximo.

Con su llegada ha otorgado a José Alberto la posibilidad que le negaba Blackman: jugar con dos delanteros, su sistema predilecto. Rebotados por un efecto inquebrantable, el Sporting se ha convertido en el equipo más incómodo en el tramo final de Liga. Directo, efectivo, sin alardes, el conjunto rojiblanco se agarra a la figura del gigante tranquilo, el hombre que ha estirado la resistencia del proyecto rojiblanco.

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