Pizarra: Las 4 claves en la derrota del Sporting

Dani Souto

SPORTING 1905

Nacho Méndez
Nacho Méndez Real Sporting

Artículo de opinión

12 oct 2020 . Actualizado a las 20:45 h.

No existe en el deporte un sabor más amargo que la derrota. Unas mieles que los de David Gallego aún no habían degustado en partido oficial. Se acabó el pleno y la imbatibilidad, y lo hizo precisamente ante el rival menos indicado. De nuevo, caprichoso fútbol. El Sporting no firmó en Oviedo un partido excesivamente diferente a los cuatro anteriores a grandes rasgos; victorias que se habían asentado en la solidez defensiva de los rojiblancos y en un acierto de cara a gol mucho más eficaz que en tiempos pretéritos. Sin embargo, esto no bastó ante un equipo carbayón que se llevó un derbi asturiano marcado por los detalles.

Correctos de nuevo atrás

Tan solo dos remates entre los tres palos realizó el Oviedo. Como ya ocurriera ante el Almería -en un contexto de partido totalmente diferente, eso sí-, el Sporting firmó una buena actuación defensiva a partir del buen momento de forma de sus dos centrales, alejando a Mariño de la foto, y trabajando muy coordinados para frenar un ataque bien compensado por parte de los vetustos. La movilidad y el juego de espaldas de Leschuk (el mejor del partido por parte de los azules) y la velocidad punta de un dañino al espacio Obeng fueron una prueba de fuego para Borja y Babin, que salieron del choque con nota, aunque no exentos de dificultades. Sigue siendo difícil batir a este Sporting cuando defiende cerca de su área, aunque hubo momentos en la primera media hora en que se mostró más vulnerable en transición, quizás un peaje a pagar, pues también coincidió con los mejores minutos rojiblancos en ataque. Sea como fuere, se frenó con faltas tácticas cuando se debía y se midió muy bien a dos puntas que estaban cuajando un partido notable. Solo los errores infantiles de Bogdan en la marca y de Javi Fuego en el área dieron la gran oportunidad del encuentro a un Tejera que no titubeó.

Una salida de balón a fuego muy lento

Dijo David Gallego al término del encuentro que seguramente haya sido el partido en que mejor vio a su equipo en salida de balón. No voy a decir que me sorprendiera, pues quizás fue en el que más ocasiones tuvo para intentarlo, pero viendo los ajustes permanentes que hizo el técnico catalán desde la banda, centrado especialmente en un Javi Fuego que era quien solía bajar a situarse entre centrales, seguro que tampoco está del todo satisfecho. El Sporting pecó de ser demasiado horizontal, de no atreverse con pases verticales o arrancadas en conducción que permitieran superar la primera línea de presión de un Oviedo que se mostró cómodo en ese rol durante todo el encuentro.

Es cierto que se logró salir desde atrás con éxito en alguna ocasión, especialmente atrayendo a rivales por el carril central para luego encontrar con espacios por fuera a Bogdan o Saúl, que partían siempre desde campo contrario, ya fuera con un cambio de orientación o a partir de unas triangulaciones en las que Pedro Díaz, el principal receptor tras la primera línea de presión, resultaba fundamental. Faltó encontrar más a Pedro, o al menos atreverse a activarlo desde algún pase vertical, no exento de riesgo, pero necesario para poder girar a la defensa planteada por Ziganda.

Atascados en posicional

Decíamos antes que la primera media hora fue la que mejores opciones propició para el Sporting en el partido. No es casualidad. El equipo estaba fresco, Manu García tenía espacio y tiempo para recibir entre líneas y salir en conducción, y un Oviedo descolocado facilitó que las carreras de Cumic y Aitor cobrasen sentido. Los de David Gallego volvieron a demostrar, sin haber generado ocasiones reales más allá de mera sensación de peligro, que se sienten más cómodos resguardándose atrás y esperando su opción a la contra que teniendo que llevar la iniciativa.

El primer gol encajado de la temporada supuso la prueba del algodón. El Sporting era primerizo en esto de verse por debajo en el marcador, un contexto que ya condiciona todo el planteamiento. Tocaba ser propositivo con balón, asumir riesgos y no evitarlos. Y a los de Gallego se les hizo de noche. Ziganda desconectó a Manu con un marcaje individual de Edgar que fue alejando cada vez más de la zona de tres cuartos al ex del City, señal inequívoca de que las cosas con balón no estaban funcionando. El Sporting no encontró soluciones ni con uno ni con dos puntas, y seguramente esto ronde la cabeza de Gallego para los próximos días.

Se volvió a agitar el árbol

En esta situación novedosa con el marcador en contra, y tras los ajustes de su homólogo, David Gallego volvió a estar activo desde la banda buscando soluciones. Al comienzo de la segunda parte cambio de perfil a los dos extremos, quizás interpretando que sumando actores por fuera podría ganar más duelos individuales, y además comenzó a permutar al pivote que bajaba a la altura de los centrales. Pedro se situaba a la derecha de Babin (a diferencia de Fuego, que solía estar entre los dos) y quiso dar dinamismo y atrevimiento en esos primeros pases. En parte se consiguió, pero a la vista está que no fue suficiente.

Más allá del cambio obligado de Babin, Gallego volvió a probar con dos puntas, renunciando a la banda izquierda dejando a Manu por dentro y cediendo todo el carril a Saúl. Tenía que arriesgar y lo hizo, aunque esta vez sus cambios no sumasen puntos como en citas precedentes. Agotó los cambios buscando cambiar un guión de encuentro que se mantuvo imperturbable en la hora larga que el Oviedo estuvo por delante en el marcador.

Los cambios

Carmona por Cumic. Parecía que se podía deber a las molestias físicas del serbio, que apenas pudo entrenar durante la semana, pero el propio Gallego indicó que fue una decisión técnica. Carmona ocupó la derecha para asociarse con Bogdan y poder aportar algún centro de calidad, pero su entrada no consiguió mejorar la cara ofensiva de los suyos.

Álvaro Vázquez por Aitor. Cambio de sistema con la entrada de un Álvaro que peleó algún balón directo al área rival, pero que tampoco gozó de ocasiones como para ser transcendente.

Pelayo por Babin. Cambio obligado por los problemas físicos del internacional pro Martinica. El canterano tuvo alguna dificultad en salida de balón y el Oviedo encontró una opción de peligro por su lado, aun así, los de Ziganda no llegaron a exigirle mucho más.

Guille Rosas por Bogdan. Partido gris del ucraniano para el que la entrada de Rosas pretendía activar ese sector diestro. Logró intervenir con algún centro desde tres cuartos de campo, pero tampoco gozó de demasiado tiempo.

Nacho Méndez por Javi Fuego. Retornaba al esquema de David Gallego el luanquín. Desde el primer momento se encargó de organizar los primeros pases y la colocación de sus compañeros. Dio algo más de ritmo a la circulación del Sporting, pero igualmente tampoco tuvo muchos minutos. Puede ser un argumento que vaya ganando peso en las próximas semanas.

Nota a David Gallego y el cuerpo técnico:

Suficiente. Perder un derbi nunca es fácil para su posterior valoración, pero el Sporting no dejó de ser lo que ya era durante estas primeras semanas: un equipo tan difícil de batir como escaso en su generación de fútbol ofensivo. Esta vez no hubieron esas ocasiones justas como para que el acierto decidiera el partido; en su lugar llegó el primer error grosero de la temporada que ha costado puntos. Gallego lo intentó desde la pizarra, y con eso nos debemos quedar. No se ganó, pero tampoco  existen recetas mágicas. Se podría aplicar aquello de que “ni hoy somos el Leverkusen ni antes éramos la última mierda que cagó Pilatos” que diría Preciado, aunque a la inversa. Esta vez al Sporting le salió cruz en un partido que todos le queríamos dedicar a Fano.

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