Artículo de opinión
08 nov 2020 . Actualizado a las 18:53 h.Se frenó en seco la buena dinámica de los de David Gallego en Anduva. No fue un buen partido del Sporting, que no llegó a encontrarse cómodo en ningún momento ante el planteamiento del que fuera su entrenador, José Alberto López. Es verdad que fue un duelo muy parejo en líneas generales, con momentos para uno y otro equipo, pero lo cierto es que los rojiblancos nunca estuvieron en disposición de sacar nada positivo de un partido realmente gris.
Entrar al partido
Si bien no fue un buen encuentro del Sporting en el global de los noventa minutos, lo cierto es que los inicios de cada parte marcaron lo que fue el desarrollo del resto de partido. Los de David Gallego no ofrecieron un buen rendimiento en el arranque del primer y segundo tiempo, momentos que el Mirandés aprovechó para tener sus mejores ocasiones, con el gol anotado en el primer cuarto de hora y concentrando sus llegadas más peligrosas -aunque no fueran muchas- también en los primeros minutos de la segunda mitad. El dato que reflejaba una posesión en torno al 70% para los locales superados los veinte minutos de encuentro daba fe de lo superados que estaban los rojiblancos de un partido que se les puso rápidamente en contra y que no supieron cómo revertir.
Derrotados en los duelos individuales
Esa apatía general se plasmó de forma fidedigna en la incapacidad para imponerse en los duelos individuales. Fue un partido con mucho centrocampismo, sumando muchas disputas en la parcela ancha en torno a la medular. En este tipo de encuentros, igualar la intensidad del rival en cada disputa y ganar las segundas jugadas resulta fundamental. Sin embargo, el Sporting nunca estuvo en posición de resultar vencedor en estos choques. Ahí, los de David Gallego perdieron uno de los pequeños partidos que se desarrollan durante los noventa minutos, y en este caso de gran importancia, sumando muchas imprecisiones -especialmente en la segunda mitad- y pérdidas en zonas vulnerables que facilitaron al Mirandés atacar en transición así como hacerse dueño del esférico durante largos tramos del choque.
Unas bandas desactivadas
Aunque es cierto que en defensa no se pasaron demasiados apuros, o no más de lo que se considera normal en el global de un partido, en ataque no se logró generar lo mismo de lo que venía siendo habitual en el equipo de Gallego en este inicio de temporada. El equipo encontró pocas veces a Manu en situaciones de ventaja, aunque el mediapunta generó la mejor ocasión encontrando a Djurdjevic al espacio en una acción que hubiera supuesto el empate, pero no pudo ser. Si en el centro del campo no se lograba avanzar, en las bandas la situación no fue muy distinta. Apenas se crearon situaciones de ventaja en los costados, con los laterales más apagados que de costumbre y unos extremos a los que les costaba mucho entrar en juego. No se dieron situaciones de uno contra uno, y la amplitud del equipo rojiblanco brilló por su ausencia. Todo empujaba a desarrollarse por dentro, esa zona que el Mirandés tenía controlada por completo.
No funcionaron los cambios
David Gallego ha venido siendo clave con sus decisiones a lo largo de los partidos, mereciéndose varias medallas a la hora de cambiar un marcador a favor con sus cambios. Sin embargo, aunque esta vez lo intentó con más convicción que nunca realizando tres sustituciones de una sentada antes de la hora de partido, lo cierto es que en esta ocasión sus modificaciones no tuvieron incidencia. El Mirandés iba lógicamente reforzándose en busca de defender su resultado, y ante esto, ni las nuevas piezas ni el cambio de sistema mejoró la cara de un Sporting que quizás lo intentó con más fe que fútbol. No fue una tarde acertada para nadie en Anduva.
Los cambios
Fuego, Nacho y Álvaro por Gragera, Pedro y Gaspar. Rozábamos la hora de partido y Gallego daba cuenta de que no le gustaba nada lo que estaba viendo. El técnico catalán trató de reforzar la medular, en la que claramente estaba perdiendo la batalla, y cambió el sistema para ganar presencia en el área rival con dos puntas y opciones por fuera con un 1-4-4-2 más clásico. Sin embargo, nada de esto cambió la dinámica de partido, ni desde el plano individual ni el colectivo.
Cumic por Aitor. Con la situación que atravesaba el Sporting, Gallego entendió que necesitaba a un jugador más de banda como Cumic. Con el balcánico fresco, se incrementaban las opciones para el uno contra uno, sin embargo, el jugador cedido por Olympiakos apenas llegó a participar, incapaz de sumar tanto desde el pase como el desborde. No mejoró a un Sporting ya agonizante.
Nota a David Gallego y al cuerpo técnico
Suspenso. No por la derrota, sino por el cómo. El Sporting no sufrió en demasía, pero tampoco dio la sensación en ningún momento de poder superar a su rival. Se intentó cambiar el rumbo con varias modificaciones tanto de piezas como de sistema, pero esta vez no surtieron efecto. Se hicieron cosas bien, pero las dificultades que propuso el rival sobre el césped no se llegaron a contrarrestar, al igual que tampoco se le pudo igualar en sus virtudes. Fue un partido muy gris del Sporting; uno del que solo se puede aprender y mejorar.
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