Ghassan: «El Sporting es mi válvula de escape»

Entrevista a un aficionado sportinguista del Líbano

Ghassan  Gharzeddine
Ghassan Gharzeddine

Alejado de localismos, fenómeno global. Ghassan Gharzeddine Frías pasea la bandera del Real Sporting de Gijón por el Líbano, a más de 5.000 kilómetros de El Molinón. Los caminos a las querencias son múltiples: unas vacaciones, un grito desesperado en redes sociales, un traslado temporal por estudios, o un conflicto bélico... como en este caso. El joven seguidor rojiblanco conversa con La Voz de Asturias y comparte una pasión con un señalado punto inicial. Un gol de Jorge García Torre inoculó un sentimiento convertido ya en perenne.

En 2006 la familia de Ghassan, empujada por la guerra en el Líbano, abandonaba el país y aterrizaba en Oviedo. Con 12 años y una vida nueva, las primeras amistades buscaban entretenimiento a aquel niño alejado de su entorno. «Un amigo de la familia me llevó a El Molinón. Aquel día el Sporting ganó al Cádiz 5-4. Nunca había visto nada igual. Con el gol de Jorge sabía que ya era sportinguista para siempre. Una semana después me hice abonado». Domingo a domingo la identificación con los colores rojiblancos y el ambiente del municipal gijonés crecían. «Era un bonito ritual tomar el tren, solo, y viajar hasta Gijón sabiendo que iba a disfrutar de aquella sensación. Cada vez que iba y que tengo la oportunidad de regresar, disfruto tanto mirando las gradas como el fútbol. Es uno de mis lugares preferidos».

Su periodo asturiano duró poco más de un año. La vuelta a casa, el regreso a las obligaciones, los estudios, no supusieron más que un paréntesis obligado por la distancia, minimizada por las nuevas tecnologías. «Leo a diario toda la información del equipo y veo todos los partidos, aunque tenga que hacer alguna trampa para ello. En Primera no hay problema, los emiten por TV. En Segunda toca ser más 'creativo'. Un retoque de VPN y el canal de Youtube de LaLiga son la salvación. Pese a que el internet aquí no es muy estable, voy librando. Este año por suerte no me perdí ningún partido». La situación del Líbano es inestable por sí misma. «La capital, Beirut, desde la explosión en agosto es una ciudad fantasma. La pandemia es casi el último de nuestros problemas. Estamos acostumbrados a sobrevivir, somos pragmáticos. Los conflictos políticos, las guerras y las dificultades nos obligan a pelear a diario y encontrar válvulas de escape. Una de las mías es el Sporting».

En un país con los aficionados al fútbol divididos entre el Madrid, el Barcelona y los grandes de la Premier, Ghassan lo tiene claro. «Yo soy del Sporting y ejerzo de sportinguista. Mi padre no lo entiende, me dice: 'la gente ve el fútbol para calmarse y disfrutar, tú te comes las uñas y lo pasas mal. Vas a morir joven'. Yo le explico que ser del Sporting es sufrir, que las pocas alegrías se disfrutan aún más y que los seguidores de los equipos grandes no saben lo que se pierden».

Desde Montelíbano, al sur de Beirut, Ghassan repasa recuerdos en rojiblanco y anécdotas provocadas por su pasión sportinguista. «El triunfo en el Bernabéu. Un 1 de abril, 'día de los inocentes' aquí, nadie me creía. ¡Cómo disfruté aquel día! También el día que los guajes lograron la salvación en Primera frente al Villarreal. Era día de elecciones en el Líbano. Con el gol de Sergio, mi jugador favorito, salí corriendo, gritando y terminé lanzando fuegos artificiales. Los vecinos pensaban que estaba celebrando el resultado de las elecciones, mientras yo gritaba: ¡Somos de Primera!».

Empapado del día a día rojiblanco, su visión del equipo de Gallego es clara. «Lo que más me gusta este año es que el equipo compite siempre, está más metido en los partidos, con fútbol, pero también con ímpetu y garra. Sin embargo tengo dudas de que el equipo aguante todo el año arriba. Me preocupa la aportación de la segunda unidad, pero ojalá que el paso del tiempo ayude a crecer a los más jóvenes y nos terminen dando una gran alegría».

Mientras termina su máster en relaciones internacionales, Ghasann reparte su tiempo entre los estudios y una intensa vocación política. Trabajo que le sirve para conocer mundo y viajar siempre acompañado de su camiseta sportinguista, aunque el viaje que espera con mayor interés tiene destino en Asturias. «Espero el momento de poder regresar a España, visitar a mi madre y a mi hermano y poder volver a El Molinón. Una vez al año trato de ir, los visados llevan mucho tiempo, así que primero estudio el calendario de Liga para que coincida con un partido. Tengo muchas ganas de vivir un derbi y de disfrutar una victoria como esa en las gradas. Esas gradas que me hacen sentirme en casa. Pese a no ser de Gijón, ni asturiano, ni español, soy sportinguista».

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