«Reconocimientos»

Artículo de opinión

David Gallego
David Gallego

No nos importa la primera división porque lo que realmente queremos es volver a jugar en primera división. Pasa los mismo cuando lo dejas con tu pareja, conoces a gente nueva, y de repente un domingo te encuentras su foto en Instagram. No te importa lo que está haciendo ahora, lo que te duele es que no lo está haciendo contigo. Después de cuatro temporadas consecutivas en segunda, apenas me intereso por los resultados en la categoría de oro del fútbol español.

Me ocurre que conozco mejor a los equipos recién ascendidos, porque no hace tanto que nos hemos enfrentado a ellos, y desconozco por completo a los intocables de Madrid y Cataluña. Dicen que puedes superar una ruptura cuando te encuentras a tu ex y eres capaz de mantenerle la mirada, cuando te informan de que el Cádiz ha empatado en el Camp Nou y a ti te da igual.

Tras la victoria en Albacete, el Sporting se ha convertido en el líder histórico de segunda división, un título menor que a nadie le gusta recibir. Faemino y Cansado decían en uno de sus míticos sketches que subcampeón es mucho más que campeón. Lo cierto es que no valoras lo que recibes hasta que lo pierdes, y por muy manida que esté la frase, no deja de ser igual de acertada. No valoraremos lo que significa ser líder histórico de la categoría de plata hasta que en una conversación informal no podamos decir, con una mezcla de orgullo y nostalgia, que nosotros hemos llegado a ostentar dicho reconocimiento.

Encuentros que se complican

Hay partidos que piensas que están ganados de antemano, pero en cuanto saltas al césped ya no lo están tanto. Hay encuentros que se complican de verdad cuando menos te lo esperas. Un compañero nos contó que antes de la pandemia fue a comer con un profesor de su universidad para hablar de una investigación que estaba llevando a cabo. Era la segunda vez que quedaban para comer y le rogó al catedrático ser él quien pagara en esta ocasión. El profesor se negó, le dijo que de ninguna manera, que era su obligación invitarle. Y cuando estaban ya fuera del restaurante y ninguno se acordaba de la cuenta, el honorable catedrático le dijo que si quería le podía dar veinte euros, pero que de ninguna manera podía haber permitido, delante de la camarera, que fuese él quien pagase.

El alumno, me imagino que en estado de shock, le dio un billete de veinte euros y se despidieron. Hay días en que todo está a tu favor y aun así la cagas; si quieres ascender, esos partidos también hay que ganarlos.

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