Texto de análisis
19 mar 2023 . Actualizado a las 23:05 h.Pequeño -gran- botín el que fue capaz de sustraer el Real Sporting de Gijón de su asalto a El Plantío. El conjunto rojiblanco sumó un punto frente al Burgos en su feudo en un empate sin goles, aunque con más ocasiones por parte del cuadro local. Un empate que dado el escenario y el estado de forma del rival hubiera tenido una lectura más positiva en cualquier otro momento de la temporada, pero que con la exigencia que marca la clasificación, se convierte en un buen punto... Pero insuficiente. Analizamos en base a 4 claves destacadas los motivos de las 'tablas' entre Sporting y Burgos.
Luces y sombras en la presión y su ajuste
Miguel Ángel Ramírez planteó de inicio una presión alta que asumía cierto riesgo, con sus extremos muy arriba y Pedro en una zona intermedia por detrás de Cristo. Una presión que tuvo sus momentos de éxito, con alguna recuperación en campo contrario que luego no logró traducirse en una transición ofensiva productiva. Sin embargo, estos robos puntuales no compensaron el desajuste que se generaba especialmente por dentro, con los movimientos de apoyo de los centrocampistas y/o carrileros burgaleses que permitían el avance de los locales en conducción sin posibilidad de saltar sobre el poseedor por parte del doble pivote rojiblanco. No tardó en modificar la hora de ruta Ramírez, apostando por un 4-4-2 más conservador en esta fase del juego adelantando a Pedro junto a Cristo y ubicando al equipo en bloque medio, no yendo tan arriba sobre la primera línea de circulación de los de Calero. Así el Sporting pudo contener mejor esos avances sencillos del Burgos, pero con esta disposición entregó una superioridad por dentro en un 3 contra 2 en la primera línea, que más de una vez facilitó el superar a la dupla Pedro-Cristo desde el pase. No fue algo insalvable, pero sí causó algún que otro problema.
Juego más directo y vertical
La propuesta ofensiva del Sporting también se vio matizada en el día de hoy. Con las novedades de José Marsà y Jonathan Varane en un doble pivote en el 1-4-2-3-1, el abandono del habitual central catalán de la línea defensiva invitaba a un cambio de intenciones que no tardó en verse. El conjunto rojiblanco buscó el pase directo hacia los extremos, que se ubicaban por dentro una vez la zaga conseguía circular el balón de lado a lado, o bien balones largos a la espalda de la defensa burgalesa, especialmente con envíos diagonales por parte de Cali Izquierdoz, cuando el Burgos apretaba y dificultaba dicha circulación. Mayor verticalidad en el juego y menos protagonismo para el centro del campo en un Sporting que reducía su número de pases para construir sus ataques respecto a lo visto en partidos anteriores con Ramírez al mando. De hecho, el Burgos logró dar y completar más pases en el partido. La precisión de este tipo de envíos de los rojiblancos fue lógicamente inferior, mientras se agarraron a la posibilidad de ganar el duelo o la segunda jugada, pero sí sirvió para simplificar la forma de llegar o asentarse en campo rival para los asturianos.
Los duelos marcaron el partido
En un partido con tanto juego directo y una propuesta local que pasaba por acumular futbolistas en el pasillo central, los duelos resultaron clave para poder imponerse en el dominio del encuentro. El Sporting mostró una versión más competitiva que en otras ocasiones, consciente del papel que jugarían estos duelos en el partido, pero la balanza se desequilibró más veces del lado local en este aspecto. La honrosa excepción en los rojiblancos la marcaron precisamente los inesperados dueños del doble pivote, Marsà y Varane, que desde el despliegue físico consiguieron ganar algunas acciones individuales y segundas jugadas que ayudaron a crecer al Sporting en un tramo del partido. Aun así, la zaga rojiblanca volvió a tener lagunas y falta de contundencia en momentos puntuales y clave, y más allá de los dos centrocampistas se perdían duelos por todas las zonas del campo en una sensación de endeblez preocupante, como ya resulta habitual en la temporada de los asturianos. No es casualidad que cuando Marsà y Varane lograron imponerse el partido estuvo más en la mano de los de Ramírez. Aunque fuera por un rato.
Sin acierto de cara al último tercio
La escasa continuidad en el juego ofensivo en el global del partido dificultó que el Sporting encontrara situaciones de remate en el área rival. Sin embargo, en el tramo que mejor estuvo el conjunto rojiblanco, entre el final del primer tiempo y el inicio del segundo, los asturianos generaron situaciones favorables para el centro lateral, especialmente por su costado diestro con un Guille Rosas que se sumaba a la ofensiva. Sin embargo, el último gesto, pase o centro no terminaba de tener la precisión suficiente como para traducirse en una ocasión de gol. El Sporting volvió a adolecer de falta de pegada y de ideas en el último tercio.
Los cambios
Queipo por Varane. Refresco para ganar presencia ofensiva por banda con Queipo, que logró participar en algunas acciones aunque sin generar demasiado desequilibrio, mientras Pedro volvía a una posición más familiar en el doble pivote, que necesitaba de nuevas energías por el cansancio del francés.
Carrillo y Pol por Cristo y Aitor. Similar plan para sobrecargar las bandas y sumar movilidad en el último tercio. Otero pasó a ocupar la punta del ataque mientras Pol logró sumar con su velocidad por fuera. Jordan no consiguió incidir tanto en el juego.
Rivera y Jony por Rosas y Pedro. Aparición testimonial en los últimos minutos para cerrar el empate.
Nota a Ramírez y el resto del cuerpo técnico:
Insuficiente. Cambio de sistema y de intenciones para adaptarse a un Burgos con un estilo de juego muy marcado. Posiblemente esto sirviera para nivelar en cierta manera la balanza, pero la endeblez en muchos de los duelos, sobre todo más allá del doble pivote, la falta de contundencia tan habitual -aunque al menos esta vez no hubo el habitual error con valor de gol en contra- y la escasez de producción ofensiva en el último tercio dejaron a un Sporting plano cuyo mayor premio fue el empate. Hubo que sufrir, se supo hacer en cierta manera, pero una versión más competitiva de los de Ramírez tan sólo le dio para unos minutos de superioridad sobre su rival. Ser competitivo ante este tipo de rivales es una buena base para construir, pero lo demás aún da muestras de estar lejos de germinar. Con esto no bastó.